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La capital contará con 46 nuevas cámaras

El Ayuntamiento ultima estos días su instalación en todo el centro de la ciudad

Solo queda la inspección final de la Comisión de Videovigilancia

Un operario instala una cámara de vigilancia en la plaza de España. Ampliar foto
Un operario instala una cámara de vigilancia en la plaza de España.

Un operario se sube a una escalera ante la mirada sorprendida de algún turista oriental. El trabajador se encuentra en plena plaza de España y, ayudado por su compañero, permanece ajeno al deambular de turistas. Su compañero le pasa un voluminoso artefacto de unos ocho kilos de peso y un valor superior a los 2.000 euros. Es una de las 46 nuevas cámaras de videovigilancia que está instalando estos días el Ayuntamiento. Estas se sumarán a las 147 que ya funcionan en la capital.

El Ayuntamiento inició el largo proceso de instalación de las cámaras hace casi un año, cuando la alcaldesa, Ana Botella (PP), anunció su ubicación. El proceso, que se caracteriza por ser muy garantista, resulta largo. Primero, hay que plantearlo en un proyecto motivado a la Delegación del Gobierno y esta lo traslada a la Comisión de Videovigilancia, donde están representados jueces, fiscalía y la policía. Este organismo le dio el visto bueno.

Eso sí, quedaba la parte más delicada: la instalación. Los puntos fueron seleccionados por los especialistas de la Policía Municipal, como los más disuasorios para evitar los delitos y las faltas. En concreto, se colocarán seis en Gran Vía, tres en la calle de Princesa, dos en la plaza de España, otras tantas en Callao y en Sol, además de cuatro en la calle del Arenal y tres en la plaza de Santo Domingo, aparte de reforzar con otras cinco las ya existentes en la plaza Mayor.

Su compra y su colocación

han costado 600.000 euros

Se ha apostado por un modelo domo. Este, llamativo por tener una bola negra, puede moverse en todos los ángulos y tiene un potente zoom para acercarla a los lugares que interese en un determinado momento. Permite la vigilancia tanto de día como de noche, ya que tiene una carcasa estanca que la protege de la humedad y consta de una lente de alta sensibilidad. Transmiten en alta definición. “Después se aplica un programa para tapar aquellos lugares, como ventanas de pisos o similares, que puedan invadir la privacidad de las personas”, explica la jefa del Departamento de Videovigilancia y Telecomunicaciones del Ayuntamiento, la ingeniera Sara Gutiérrez.

Las cámaras utilizan una red propia de fibra óptica, por lo que las imágenes viajan en todo momento por un entorno seguro. Primero van a un nodo de comunicación situado en la sede que tiene la Policía Municipal en la calle de Montera y, desde allí, al Centro Integral de Señales de Vídeo (Cisevi), en la calle de Albarracín. Este lugar tiene un acceso muy restringido y solo pueden entrar allí determinados policías municipales autorizados. Son los que visionan todas las cámaras de videovigilancia que tiene el Ayuntamiento. En breve, está previsto que también reciban en tiempo real las que obtienen los autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT).

“Las imágenes, al ir de punto a punto, por una red propia del Ayuntamiento no pueden ser pirateadas ni copiadas por nadie. Eso que se ve en las películas de acceder a las cámaras de determinados organismos no se podría dar en Madrid”, reconoce la ingeniera responsable del proyecto. Las imágenes se guardan durante un plazo máximo de siete días. Si en ese tiempo no las reclama ni la policía ni un juez, se borran automáticamente.

Toda la zona está señalizada con carteles en los que se anuncia la presencia de cámaras de videovigilancia y de los derechos del usuario y donde ejercerlos.

La instalación se ha realizado “en un periodo complicado”, como las Navidades. “Con la cantidad de gente que había en calles como Preciados o en Sol, hubo que tender todo el cableado y los postes sobre los que se asientan, con lo que ello supone”, añade Gutiérrez. Además, la red está redundada para evitar posibles fallos. El coste total del proyecto es de 600.000 euros.

Una novedad es la instalación de un programa en 10 de estas cámaras denominados “analíticos”. Cuando este software detecta algo que le resulta extraño, como por ejemplo, muchas personas corriendo, salta una alarma para avisar al policía. Así se podrá intervenir con mayor rapidez. Si funciona, se extenderá al resto de ojos electrónicos.

La instalación concluye esta próxima semana. Tras realizar las pertinentes pruebas, se pedirá a la Comisión de Videovigilancia que haga la inspección final antes de que empiecen a funcionar. Será el último paso para estar más vigilados. O más seguros, según se mire.

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