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El 82 % de los asesinatos de ETA en los 80 no tuvieron respuesta social

Un estudio muestra que todas las muertes de terroristas provocaron huelgas y manifestaciones

Historiadores del Instituto Valentín de Foronda presentan su estudio sobre la violencia en el Parlamento vasco.
Historiadores del Instituto Valentín de Foronda presentan su estudio sobre la violencia en el Parlamento vasco.

El 82% de los asesinatos de ETA en el País Vasco hasta mediados de la década de 1980 no tuvieron ninguna respuesta ciudadana de repulsa, mientras que todas las muertes de miembros de la organización terrorista contaron con réplicas en forma de huelgas y manifestaciones, según un estudio.

Historiadores del Instituto Valentín de Foronda, de la Universidad del País Vasco, han comparecido hoy ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Vitoria para presentar el informe Contextos históricos del terrorismo y consideración social de las víctimas. 1968-2010.

Este trabajo, elaborado a instancias del Gobierno Vasco por un acuerdo del Parlamento, se refiere fundamentalmente a las repercusiones que ha tenido en la sociedad cuatro décadas de terrorismo, especialmente de ETA, aunque también se recogen datos sobre las actuaciones criminales de organizaciones afines a ésta y de grupos de extrema derecha.

Los autores de este trabajo han explicado que la sociedad vasca ha pasado de una "desmovilización" y de un "abandono" hacia las víctimas de ETA a un mayor arrope, aunque "tibio", fundamentalmente desde mediados de la década de 1980 cuando surgieron grupos como Gesto por la Paz.

Ha explicado que hasta entonces, la respuesta ciudadana en la calle era prácticamente nula y que la respuesta social venía estaba promovida casi en exclusiva por iniciativas institucionales como minutos de silencio o plenos municipales.

En 1979 por ejemplo, únicamente hubo movilizaciones de repulsa en un 7% de los casos de policías asesinados por ETA y grupos afines, mientras que esa cifra se elevó al cien por cien de los casos de las víctimas del terrorismo de la extrema derecha.

El trabajo pone de manifiesto la "magnitud" del terrorismo padecido en Euskadi y en el conjunto de España, con 914 asesinados en 43 años, un 92% (845) a manos de ETA y de organizaciones afines.

En 2002, cerca de un millar de personas tuvieron que llevar escolta para proteger sus vidas

Durante estas décadas de terror ochenta personas sufrieron secuestros de diferente duración, desde un día hasta los 532 en los que estuvo cautivo el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Nueve secuestrados acabaron asesinados y otros 14 fueron liberados por los terroristas tras recibir "tiros de castigo" en las piernas.

El informe universitario constata además, como novedad, que ETA ha herido a 2.533 personas, de las que 709 sufren gran invalidez o incapacidad permanente absoluta o total.

Además, hasta 2001 ETA recabó información de al menos 15.000 personas en Euskadi con el objetivo de atentar contra ellos En un momento dado de esta historia de terrorismo, en 2002, cerca de un millar de personas tuvieron que llevar escolta para proteger sus vidas en una sociedad en la que una parte importante ha estado "coartada" a la hora de participar en política y expresar libremente sus ideas.

Como ejemplo, los historiadores señalan que en ese año 2002 solo un 4% de los votantes del PP en Euskadi reconocían no sentir ningún miedo para hablar de política.

En el trabajo se plantean una serie de consideraciones orientadas a definir las políticas públicas de la memoria, que deben evitar la "relativización" de las víctimas del terrorismo. Sus autores recuerdan que los autores de estos crímenes tienen "nombre y apellidos", militaban en organizaciones y sus acciones iban dirigidas a "imponer un determinado proyecto de poder", por lo que se les deben atribuir responsabilidades.

"La principal responsable de la escalada terrorista en Euskadi ha sido ETA, la organización más longeva, más mortífera y con mayor apoyo social", han subrayado. A su juicio, en Euskadi se debe asentar una cultura democrática porque ha existido en su sociedad una cultura que "celebraba, o cuando menos justificaba y comprendía, el asesinato del 'otro', y que, por el contrario, saludaba al perpetrador como héroe o mártir, según el caso".