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‘Attila’ triunfa pero no arrasa

Keri-Lynn Wilson exhibió cualidades como directora en la Ópera de A Coruña

Keri-Lynn Wilson, directora, y Ekaterina Metlova, soprano.
Keri-Lynn Wilson, directora, y Ekaterina Metlova, soprano.

La Temporada Lírica que organizan conjuntamente la Orquesta Sinfónica de Galicia y Amigos de la Ópera de A Coruña sigue su marcha con la versión concierto de la ópera Attila de Giuseppe Verdi, celebrada el sábado 17 en el Palacio de la Ópera de A Coruña. La OSG y el Coro Gaos, dirigidos por la canadiense Keri-Lynn Wilson, acompañaron a Luiz-Ottavio Faria, bajo (Attila); Juan Jesús Rodríguez, barítono (Ezio); Ekaterina Metlova, soprano (Odabella); Héctor López, tenor (Floresto); Pablo Carballido, tenor (Uldino) y David Sánchez, bajo (Papa León). El concierto ha supuesto el estreno en Galicia de Attila y ha sido la primera vez que sonaba en España tras setenta y cinco años. Pese a ello, el Palacio de la Ópera coruñés presentaba algunos claros bastante visibles, con aproximadamente un 75 % de ocupación.

En las voces destacaron los tres protagonistas principales: la Odabella de Metlova tuvo siempre la fuerza vocal y dramática que ya demostró en este mismo escenario, a las órdenes del fallecido Lorin Maazel, como la Minnie de la fanciulla del West. Sus intervenciones encontraron el camino expresivo de la épica en sus enfrentamientos con Attila a la amorosa plática dirigida a Floresto al final del segundo acto.

Destacó asimismo Faria en su papel protagonista, por calidad y manejo de su voz de bajo cantante y por una buena caracterización del personaje, cualidad que también llevó a gran altura, por su adecuada expresión, la actuación de Juan Jesús Rodríguez como el intrigante y traidor Ezio. Héctor López tuvo el enorme mérito de subirse al tren en marcha que suponía su incorporación a los ensayos de este Attila tan solo cuatro días antes del estreno y desde sus características vocales dio bien el personaje. David Sánchez encarnó bien al suyo (Papa León) y Pablo Carballido hizo su Uldino con un timbre siempre redondo y una una actuación más que correcta pese a las escasas posibilidades de lucimiento del papel.

Keri-Lynn Wilson volvió a mostrar sus buenas cualidades como directora marcando muy bien matices y ritmo con movimientos de muñeca y hombros siempre precisos y una gestualidad facial y corporal bien gráfica. Bajo su batuta, la Sinfónica tuvo un sonido verdaderamente representativo de ese Verdi inicial, épico y con una orquestación sin el sutilísimo desarrollo dramático que llegaría a desarrollar en su madurez. La capacidad de Wilson como concertadora quedó bien patente a lo largo de toda la obra y en las primeras intervenciones de López mostró una gran elasticidad para adaptarse a los tempi inicialmente algo desbocados del mejicano.

La Sinfónica respondió con su ductilidad habitual a sus órdenes y una vez más hubo solos realmente notables, destacando en diversos momentos de la obra la tuba de Jesper Boile Nielsen, el arpa de Céline Landelle, el oboe de Casey Hill y la flauta de María José Ortuño. El Coro Gaos mostró buena afinación y precisión rítmica, fruto indudable del excelente trabajo de Ludmila Orlova como maestra concertadora. Su timbre, claramente tenso y de una cierta aspereza en sus primeras intervenciones, fue mejorando algo a lo largo de la noche llegando a su mejor momento en la intervención de sus voces femeninas al final del segundo acto.

La acogida del público coruñés fue francamente positiva, si bien faltó ese punto de entusiasmo que despiertan los títulos más populares y los cantantes de mayor relumbrón: esos que, hagan lo que hagan, calientan el ambiente con su solo nombre. Quizás Attila habría podido arrasar en el palacio de la Ópera de A Coruña; pero no lo hizo.