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Clásicos del circo

El Price recupera en Navidad la gran tradición del espectáculo clásico

Cristina Togni hace bailar a sus caballos blancos en la pista. Ampliar foto
Cristina Togni hace bailar a sus caballos blancos en la pista.

La Rueda de la Muerte es un infernal ingenio giratorio en el que, rotando a toda velocidad, los colombianos hermanos Navas, quinta generación de la familia de acróbatas Los Flying Navas, han alcanzado gran fama circense y algún que otro disgusto: recientemente uno de ellos se rompió la cadera, el hombro, el pie y el coxis, en una desafortunada caída de la Rueda. Pero ahora ya está de nuevo, sin miedo, montado en esta descabellada noria. Cuando giran a toda la velocidad, el público contiene el aliento.

Esta disciplina, que obtuvo gran visibilidad cuando formó parte del espectáculo del Cirque du Soleil Zarkana, es solo uno de los números del espectáculo de Navidad del Circo Price (se puede ver hasta el 11 de enero). Esta vez no se trata de uno de esos espectáculos de circo contemporáneo a los que nos tiene acostumbrados el Price, en los que muchas veces se prima lo estético, lo teatral o lo dancístico sobre lo propiamente circense. Aquí se que trata de poner en valor la gran tradición del circo clásico, el circo puro y duro. Así que este espectáculo está traspasado del colorido con el que se asocia al circo en el imaginario popular y tiene siempre presente a sus iconos: el forzudo, el jefe de pista, el equilibrista o la bailarina a caballo.

Manuel González (de la empresa Productores de Sonrisas, que coproduce junto al propio Price) ha elegido entre los mejores artistas internacionales (provienen de Rusia, Hungría, Colombia, EE UU o Italia) para traer al ruedo madrileño clowns, doma de caballos, magia, trapecio, malabares o patines y encuadrarlos en una estética colorista inspirada en la película Moulin Rouge, con música en directo.

Queremos crear una función que se quede en el corazón de la gente muchos años

Un espectáculo que comienza a martillazos, en homenaje a todos los artistas de circo que se han pasado la vida despertándose con ese soniquete metálico, previo al montaje de la carpa, otra vez, en una nueva ciudad desconocida. “Nuestro objetivo es volver a la esencia del circo”, explica González. “Para ello, hemos encontrado números muy clásicos pero que están triunfando en Europa. El nivel de los artistas este año es muy alto”.

La pista se llena de caballos blancos que trotan en círculo alrededor Cristina Togni, mientras la luz azulada le confiere al conjunto un halo misterioso y Togni consigue que los animales se plieguen a sus deseos (convenientemente recompensados con terrones de azúcar). “Los espectáculos con caballos están en el origen del circo”, dice el productor, “por eso los hemos vuelto a traer”. De hecho, la pista de circo es redonda para facilitar este tipo de números, desde que Phillip Astley, en 1768, comenzó a realizarlos.

El Duo Express aparece frenético sobre la pista con un espectáculo de quick change, una disciplina que combina el animado baile con unos inverosímiles cambios de ropa, ocultos en un tubo de tela, en cuestión de fracciones de segundo. Parece un imposible. No faltan otros números de los de toda la vida, como el delicado trapecio de Ekaterina Karmashova o los malabares de Krisztian Kristof. Todo ello amalgamado por las peripecias de los clowns Tom Dougherty y Pepe Silva, que nos recuerdan que su papel es esencial en la pista y son unos de los grandes protagonistas de la historia del circo.

“Las piezas fundamentales en un espectáculo de este tipo son los clowns, que llevan el hilo conductor, y los directores artísticos, que dan unidad al show”, dice González. “Una vez los has elegido, ya tienes un punto de partida”. Así que para hilvanar todo esto ha elegido como directores artísticos al italiano Alessandro Serena, profesor de Historia del Circo en Universidad de Milán, y a su compatriota David Larible, uno de los clowns más célebres y mejor considerados del mundo.

Los directores dicen haberse inspirado en nombres como Chaplin, Picasso, Dalí, “y sobre todo Fellini, que pensaba en un circo muy sencillo y muy poético que se estaba muriendo”, según explica Serena. “Nosotros queremos crear un circo bien vivo”, añade, “que se quede en el corazón de la gente por muchos años”.

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