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Cómo vencer a un monstruo marino

El artista José Luis Serzo expone en el Museo Abc uno de sus relatos

Uno de los bocetos de 'Ensayos para una gran obra'. Ampliar foto
Uno de los bocetos de 'Ensayos para una gran obra'.

“Cuando Maya entraba al taller de Blinky, las posibilidades se multiplicaban, el espacio se expandía haciendo desaparecer cualquier límite físico, mental y espiritual. Ambos provocaban la aparición de cosas fantásticas e inverosímiles”, se lee en una obra de la nueva exposición de José Luis Serzo (Albacete, 1977). Sus protagonistas tratan de crear una gran obra, con todas sus connotaciones alquímicas. ¿Y de qué trata esa gran obra? “Lo que se cuenta es el proceso de creación”, explica Serzo; “nuestras vidas son un ensayo, y aquí Blinky y su hija Maya también están ensayando”.

Aquí, en los bocetos y dibujos, lo que se ve son los ensayos, el atrezo, las disparatadas escenografías o los personajes inverosímiles. Se nota que Serzo fue el hijo de la directora del teatro del pueblo manchego donde se crió entre bambalinas. Serzo es un artista plástico figurativo que cuenta cuentos. “Ha sido pionero de estas estrategias narrativas que están ahora tan de moda. Apostó por una obra figurativa, literaria y autobiográfica, decisiones que no eran aceptadas por el medio. Y ha llegado a crear escuela”, dice Óscar Alonso Molina, comisario de esta octava edición del programa expositivo Conexiones, por el que han pasado artistas como Santiago Morilla o Nati Bermejo. Serzo, como es norma en este programa, se ha inspirado en dos obras, en este caso Ninfas y amorcillos, de Ignacio Pinazo, perteneciente a la Colección Banco Santander y otra de la Colección Abc, El árbol Noel de este año, de Sileno.

Otra de las piezas de Serzo que se exhibe en el Museo Abc. ampliar foto
Otra de las piezas de Serzo que se exhibe en el Museo Abc.

Sus series artísticas podrían tomarse como las ilustraciones de un libro fantástico o de un cuento infantil algo perverso. Pero ese libro o ese cuento, más bien un universo de ficción entero, solo están en su cabeza. Blinky Rotred es el alter ego del artista y Maya su hija (en la realidad y la ficción, si es que existe diferencia), y antes de llegar a estos Ensayos para una gran obra (en el Museo Abc hasta marzo) ya había corrido otras aventuras. En La historia más bella jamás contada, Blinky se sumergía en el mar para enfrentarse a sus temores, en forma de enorme kraken. “Al final, como pasa muchas veces en la mitología, consigue vencerlos y salir reforzado del vientre del pulpo, como de alguna manera deberíamos salir de esta crisis: enfrentándonos a nuestros temores y dejándonos llevar por la marea”.

En Los señores del bosque se contaba cómo Blinky, después de sobrevivir al kraken, se metía en un bosque al que se entraba por debajo de una mesa y encontraba a amigos con tintes mitológicos, en una obra que exploraba la idea del inconsciente colectivo. Y en Blinky, Maya y los luciérnagos, estos personajes daban la bienvenida a la pequeña Maya, que acababa de nacer, “justo cuando Obama subía al poder, como la generación solar que nos iba a sacar de la crisis”, dice el artista, que encuentra sus fuentes en el arte clásico, el barroco, la simbología y el mundo fantástico del XIX en literatura y pintura, o la nueva objetividad de posguerra.

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