Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un buen ejercicio de reflexión política

El universo mediático valenciano no está para tirar cohetes. Otra cosa sería prodigiosa. La crisis económica y el descalabro cultural no perdonan

El universo mediático valenciano no está para tirar cohetes. Otra cosa sería prodigiosa. La crisis económica y el descalabro cultural no perdonan. De ahí, en primer lugar, que ya no nos quede ni una sola cabecera periodística de raíz empresarial indígena, que las que se editan trabajen con plantillas bajo mínimos, precarias y sobreexplotadas, lo que repercute en la calidad de los contenidos, apenas salvados por unas pocas firmas excepcionales. Las tiradas son consecuentemente menguantes y ese vacío no se colma todavía mediante las ediciones y nuevos medios digitales, todavía emergentes y –con muy pocas salvedades- deficitarios, faltos de noticias y sobrados de artículos de opinión, que es el género más barato. De la TV ni hablemos. Fue una bendición sellar la que nos abochornaba, aunque sea una necesidad refundarla como democrática, pública, en valenciano y viable, algo que solo está al alcance de la nueva y posible izquierda gobernante.

En contraste con este desalentador panorama acaba de presentarse en Valencia una revista –Paraules d’Iniciativa- que es digital y aspira a imprimirse. Su singularidad es la reflexión y el pensamiento político desgranado con rigor, claridad y criterios progresistas en torno a los problemas que nos acucian. Y ninguno más actual, hoy por hoy, que la miseria material y moral que nos corroe y el cambio, el fin de ciclo político, que se atisba. Tal es el meollo del sumario de este primer número que congrega a un egregio puñado de colaboradores entre los cuales merecen ser destacados los profesores universitarios Joan Romero y Manuel Alcaraz Ramos, dos de las cabezas mejor amuebladas de este país y desde hace muchos años comprometidas en el análisis de su devenir político dándole vueltas a las ideas y, en su día, dando el callo en la calle.

El primero de ellos, mediante un extenso artículo, desmenuza el momento histórico que vivimos y padecemos, dominado por el ultraliberalismo, la escandalosa desigualdad social y económica que decanta y la corrupción desatada que solo podrían enmendarse con la recuperación de una socialdemocracia que ya no será posible en un solo país. Ramos Alcaraz, por su parte, insiste en “la mayoría de apoyo” que ha de reforzar la “mayoría electoral” para que la izquierda, huérfana de una “cultura de gobierno”, pueda llevar a cabo las imprescindibles reformas después de triunfar en las urnas. Alfonso Puncel, funcionario de la GVA y geógrafo, insiste asimismo en este género de cautelas para el día después del cambio. En este mismo capítulo hay que incluir al escritor y editor Gustau Muñoz que rompe una lanza inteligente por la identidad valenciana, ese patito feo o subalterno entre las urgencias políticas de nuestros días.

El catedrático de Economía de la Universidad de Alicante, Clemente Hernández, Reyes Matamales y el veterano líder sindicalista Antonio Gutiérrez contribuyen con sus reflexiones de orden económico al tiempo que Silvia Pacheco cubre el flanco feminista y Sergi Campillo con Luisa Notario aportan la voz del colectivo LGTB. Un aleccionador reconstituyente para esos políticos de vuelo gallináceo -¿en quienes estaré pensando yo?- enviscados en sus mezquinos intereses.

Y una coda que nos remite al comienzo de estas líneas para expresarle mi admiración y solidaridad al colega y amigo José Vicente Aleixandre que ha perdido su puesto de trabajo en el diario Levante por su coherencia profesional con la crítica al presidente del Valencia CF. Así está el patio. Hecho un asco.

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