HOVIK KEUCHKERIAN | ACTOR Y POETA

“Me quedan pocas vidas, siempre he dicho que voy a morir joven”

El actor estrena libro-disco y se sube por primera vez a escena con un monólogo dramático

El escritor, actor y exboxeador Hovik Keuchkerian.
El escritor, actor y exboxeador Hovik Keuchkerian.Claudio Alvarez

Hovik Keuchkerian (Beirut, 1972) es tan poco común como su nombre. Cuando este tipo de 1,91 y voz profunda entra en el bar, se hace el mismo silencio que cuando el sheriff pisa el saloon. Y está tan poco dispuesto como un cowboy a que le digan qué tiene que hacer. Solo es dócil con la cámara, ante la que adopta una pose de boxeador retirado. Lo es. En 2004 abandonó el deporte que le ha dejado la nariz rota y un físico de huno, un año más tarde publicó su primer libro, y estuvo nominado en la última edición de los Goya como actor revelación por su papel en Alacrán enamorado. No ha bajado el ritmo: ahora hace malabares para combinar la promoción de Resiliente, su nuevo libro-disco de poesía, de la obra de teatro Un obús en el corazón y de la película Justi&Cia. “Dime, qué quieres saber”, arroja ante un café con leche después del tercer cigarro.

Hovik hoy no comerá. Tiene firma del libro (el disco, en el que recita los ocho poemas musicalizados por Yuri Méndez, alias Pájaro Sunrise, va incluido) y poca hambre. Su actividad en estos días es apabullante: los viernes estará en el Teatro Alfil con la obra, los sábados en el bar Beer Station con el disco, esta noche en Buenafuente para hablar de la película. Su currículo, que incluye el título de campeón de España de peso pesado, una carrera como monologuista y haberle puesto voz a un buen puñado de anuncios, es igualmente abrumador. Él tampoco comprende tanto eclecticismo: “A veces cuando reviso mi biografía, me satura. No sé si la gente puede entender mi interés en distintas cosas. De niño nunca he tenido ni puta idea de lo que quería hacer. Me gustaba algo, y de repente me dejaba de gustar”.

Pero llegó el teatro, que le permite “tener diez años toda la vida, estar loco y decirlo y vivir muchas vidas”. Es su oficio, asegura. Una profesión estrenada por la puerta grande en el cine y en la que ahora da un paso de gigante. Un obús en el corazón es su primer monólogo dramático, está producido por la compañía L’Om Imprebís y firmado por Wadji Mouawad, un nuevo astro de la dramaturgia que casualmente comparte origen con Keuchkerian. “Lo que viví en el estreno en el Alfil no se puede valorar. Yo volé. Este campo lo desconocía, apenas he ido a obras de teatro”, confiesa. No parecer importarle.

El actor exhibe esa mezcla de visceralidad y despreocupación en todo lo que hace. Cuenta que no escribe en casa, frente a un flexo, sino en el bar: “Cuando me viene. De mirarte a ti, de ver a un perro por la calle, de levantarme un día jodido”. Es de los que consideran que no hay que leer mucho para escribir bien, y asegura que no piensa ni un momento en el lector cuando coge el bolígrafo. Y que no sufre escribiendo. Pero interrumpe: “Vas a tener que cortar mucho de esto. Acabarás haciendo la entrevista con 20 taglines y voy a parecer un nazi”.

Así, abruptamente, llegó también su decisión de dejar la comedia (su monólogo Cocreta para Paramount Comedy tiene miles de reproducciones en Youtube) y ponerse a recitar sus poemas. Gracias al sello Lovemonk encontró la complicidad de Yuri Méndez, su contrincante en lo que define como “un partido de tenis”: “En un principio chutamos los poemas y Yuri se puso con la música, y nos los íbamos pasando. No nos ha costado adaptarnos al otro”. El resultado podría considerarse cercano al slam (“llámalo como quieras”, dice), poesía oral en la que la musicalidad es básica.

¿Cuántas vidas le quedan a este actor, poeta, exboxeador que ha hablado sin tapujos de la etapa oscura de su vida (depresión, alcohol) y se reinventa cada pocos años? “Pocas, porque siempre he dicho que me iba a morir joven”, suelta, sin inmutarse. “Seguiré escribiendo, intentaré cuidarme un poco, y ya está. Si la vida se pasa en un plis”. Y sale a fumar otro cigarro.

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