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opinión

Más participación, más competitividad

Generemos modelos de referencia para las nuevas generaciones, comprometamos a la empresa con la Comunidad para generar bienestar, empleo

En una inmensa mayoría de mis conversaciones sobre la estrategia de las empresas hay un elemento común: la preocupación sobre los mecanismos de sostenibilidad de la capacidad de competir globalmente. En un entorno competitivo crecientemente complejo, con la irrupción de modelos de negocio innovadores y con un auge destacado de las las capacidades de las empresas de países emergentes, la búsqueda d estos mecanismos es una urgencia comprensible.

En este contexto, destaca la generación de mecanismos de participación de las personas en la organización, como una de las palancas claves para lograr la diferenciación frente a competidores y rentabilizar todo el potencial acumulado en la empresa. Casi todos los principales pensadores del management coinciden en señalar que “la articulación de nuevos modelos de negocio en torno a la participación inteligente de las personas de la organización es la única fuente de ventaja competitiva”. La frase es de Gary Hamel, pero hay otras muchas que apuntan en la misma dirección.

La empresa es uno de los elementos esenciales para favorecer el proceso de transformación del modelo social. Es el agente vertebrador de la generación de riqueza, de la inserción social de las personas y del impulso al I+D+i. Necesitamos empresas más abiertas y democráticas, dónde las personas encuentren un ámbito adecuado para su desarrollo personal y profesional.

Hoy más que nunca, los proyectos empresariales deben tener una visión holística de su actuación, e incorporar mecanismos que faciliten su desarrollo sostenido y rentable en un ecosistema de compromiso con la sociedad y las personas. Generemos modelos de referencia para las nuevas generaciones, comprometamos a la empresa con la Comunidad para generar bienestar, empleo y sostenibilidad de los proyectos empresariales. Hagámoslo por convicción, y por necesidad.

Fomentar una creciente participación de las y los trabajadores en la empresa provoca una serie de ventajas que pueden ayudar a garantizar la competitividad del proyecto empresarial en el largo plazo: generan un proyecto compartido entre los miembros de la organización que facilita el proceso de gestión; tienden a fortalecer la sostenibilidad del proyecto empresarial; provocan una mayor asunción de responsabilidades en todos los ámbitos de la empresa; favorecen una mayor vinculación emocional con el proyecto; democratizan la organización; establecen un nuevo marco de relaciones personales y laborales no basado en la confrontación, sino en el trabajo compartido; garantizan mayores niveles de transparencia y corresponsabilización, etc.

La forma en la que ordenamos y gestionamos la participación activa de las personas en nuestros proyectos de futuro condiciona fuertemente el cometido de las organizaciones. En mi opinión, debemos estructurar las empresas como Comunidades de Personas, y generar mecanismos de participación, responsabilidad, cooperación, atracción de talento, etc. Son éstas algunas de las bases para construir una identidad específica de la organización (una identidad competitiva) y un modelo de negocio propio e intransferible.

Estos tiempos de transformación ofrecen algunas ventanas de oportunidad, y ésta es una de ellas. Creo que es un momento oportuno para que instalemos en nuestra sociedad una praxis de gestión empresarial que facilite la toma de participación de las personas en la empresa, de forma flexible, para que se adecúe a la historia y condiciones específicas de cada organización

Sabin Azua, Socio Director de B+I Strategy