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La contaminación llega al nivel fijado para restringir el tráfico en la capital

El Ayuntamiento aún no ha aprobado el plan de choque anunciado en julio

Un agente de movilidad, supervisando ayer el tráfico en la capital. Ampliar foto
Un agente de movilidad, supervisando ayer el tráfico en la capital.

El tubo de escape de los vehículos diésel ha sepultado la capital bajo una nube de contaminación por dióxido de nitrógeno que, unido al buen tiempo (ni el viento ni la lluvia han limpiado el aire en dos semanas), ha provocado dos avisos a la ciudadanía (la Organización Mundial de la Salud atribuye una de cada 20 muertes a la polución atmosférica, por cardiopatías, cáncer de pulmón, accidentes cerebrovasculares, infecciones agudas en niños…) y una situación que, según las directrices municipales, podría llevar a imponer restricciones al tráfico. Pero no se ha hecho.

Esto último implica, en esencia, rebajar la velocidad en la M-30 y en las autovías de acceso a la almendra central (dentro del perímetro de la M-40) a un máximo de 70 kilómetros por hora; y prohibir el aparcamiento en el área de estacionamiento regulado mediante parquímetros a todos los coches que no pertenezcan a vecinos del barrio.

Si no se ha hecho aún no ha sido porque los niveles de contaminación no lo hagan necesario de acuerdo con el protocolo de actuación del Ayuntamiento; técnicamente no se cumplen al dedillo todas las condiciones, pero se debe a un detalle menor que no alivia en nada la gravedad de la situación.

El problema es otro: la alcaldesa, Ana Botella (Partido Popular), anunció el mencionado protocolo en julio, y fue difundido a bombo y platillo en los medios de comunicación, pero todavía no ha entrado en vigor y fuentes municipales indican que su tramitación administrativa se alargará todavía durante un tiempo indefinido.

Entre tanto, la Comisión Europea sigue instruyendo un expediente sancionador contra España (con una multa millonaria en ciernes) por la contaminación en la capital, que excede los límites legales desde 2010. Y los madrileños han sufrido varias noches con una calidad del aire inadmisible (deficiente en muchos barrios, mala en otros), dos avisos a la población obligados por la normativa europea (que se han difundidos casi 12 horas después de registrarse los niveles alarmantes), y, el pasado jueves, un récord de contaminación en una de las estaciones de medición (la situada entre las calles de Alcalá y O’Donell) como no se registraba desde hace varios años.

“Escándalo intolerable”

El líder municipal socialista, Jaime Lissavetzky, calificó ayer de “escandalosa e intolerable” la contaminación registrada estos días en Madrid. “Exigimos medidas concretas y contundentes para bajar unos niveles que están afectando a la salud de miles de madrileños”, espetó a la alcaldesa, Ana Botella (PP).

La concejal de Izquierda Unida Raquel López recordó que “el culpable” de los altos niveles de dióxido de nitrógeno “sigue siendo el coche”, por lo que “no entiende que el Ayuntamiento no haya tomado medidas más radicales ante una situación que afecta no sólo al medioambiente sino también a la salud pública”. En ese sentido, recordó que Botella “ha echado atrás” su propio plan para restringir de tráfico en los barrios de Palacio y Sol, en Centro, “en contra de la voluntad vecinal”.

El líder municipal de Unión Progreso y Democracia, David Ortega, señaló: “Nadie tiene una varita mágica contra la contaminación. Hay que luchar a largo plazo. Es clave el transporte público, que el Ayuntamiento ha recortado. Y lo que está claro es que el plan de calidad del aire ha fracasado”.

El Ayuntamiento aprobó en abril de 2012 un plan de calidad del aire con el que pretendía adecuarse en 2015 a los límites legales impuestos en 2010 por la Unión Europea. De los muchos contaminantes que existen, la capital sólo rebasa el tope de dióxido de nitrógeno; originado en su práctica totalidad por los motores de gasóleo, la mejor manera de ponerle freno son las restricciones de tráfico.

Sin embargo, Botella (que antes de alcaldesa era, entre 2007 y 2011, concejal de Medio Ambiente) siempre se ha negado a aplicarlas, alegando que causaría molestias a los ciudadanos y daño a la actividad económica y apenas incidiría en una mejora en la calidad del aire. En mayo de 2013, la Comisión Europea indicó que “sería necesario incluir medidas de reducción de la contaminación más estrictas en el plan de calidad del aire para lograr el cumplimiento”. Botella se negó, y adujo que su plan estaba funcionando.

Desde 2011, los niveles de dióxido de nitrógeno se han reducido un 25%, pero las cifras de 2013 (las últimas disponibles), pese a mostrar mejoras, quedan todavía muy lejos del “elevado nivel de exigencia”, según el Ayuntamiento, impuesto por la Unión Europea. Quizá por ello, y pese a sus declaraciones anteriores, Botella puso en marcha en julio un nuevo sistema de parquímetros que penaliza a los coches más contaminantes y, sobre todo, sube la tarifa a los vehículos diésel. Y anunció, además, un nuevo protocolo para los días con peor calidad del aire que incluía, por primera vez, restricciones de tráfico.

Tres niveles de alerta

Es un “protocolo preventivo” para casos en los que, “aun sin llegar a alcanzarse” una situación de alerta por contaminación, que hasta ahora nunca la ha habido (fundamentalmente, porque el listón se ha colocado bien alto), “puedan registrarse niveles excepcionalmente elevados de dióxido de nitrógeno”.

Divide la ciudad en cinco zonas, siendo una de ellas la que comprende todo el interior de la M-30, donde hay diez estaciones medidoras de contaminación (seis de tráfico y tres de fondo urbano). Establece tres niveles de actuación: el preaviso (fijado por decisión del Ayuntamiento), el aviso y la alerta (obligados por la legislación comunitaria).

El preaviso se activa cuando dos estaciones de una misma zona superan los 200 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno durante dos horas consecutivas. Al tercer día consecutivo en que esto ocurra, y si la predicción meteorológica es desfavorable (en este caso, eso ocurre si hay estabilidad atmosférica, es decir, si lluvia o viento no limpian el aire), el pre-aviso entra en fase dos y es obligatorio avisar a la población. A partir del cuarto día, y siempre que la previsión meteorológica siga siendo mala, se lleva a la fase tres del pre-aviso, y se activa la fase uno de restricción del tráfico.

Esta situación implica la prohibición de aparcar para los vehículos que no pertenezcan a vecinos en toda el área de estacionamiento regulado (con algunas excepciones puntuales), y la limitación de velocidad en la M-30 y en las carreteras de acceso a la capital una vez cruzada la M-40 a un máximo de 70 kilómetros por hora.

El nivel de aviso (regulado por la Unión Europea) se alcanza cuando dos estaciones de la misma zona superan los 250 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno durante dos horas consecutivas. Es obligado avisar a la población y, si había restricciones de tráfico ya en vigor, mantenerlas. Si el aviso se mantiene tres días y la previsión meteorológica es desfavorable, esas restricciones se endurecen: se limita la circulación por el interior de la M-30 a la mitad de los coches habituales, según si la matrícula es par o impar.

La zona 1 de medición de la contaminación comprende 41 kilómetros cuadrados, coincide con el interior de la M-30, alberga a 1,1 millones de habitantes y cuenta con seis estaciones de tráfico y tres de fondo urbano. Las seis de tráfico son: Escuelas Aguirre, Castellana, Plaza de Castilla, Ramón y Cajal, Cuatro Caminos y Plaza de España. Las tres de fondo son Plaza del Carmen, Méndez Álvaro y Retiro.

Dos estaciones con registros disparados

La estación de medición de Escuelas Aguirre superó el nivel de 200 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno el día 27 de nueve (203) a diez de la noche (220); el día 28 de ocho a diez de la noche (228, 232 y 273); el día 29 de nueve a once de la noche (229, 301, y 237), y el día 30 de siete a diez de la noche (253, 316, 285 y 306).

La estación de medición de Ramón y Cajal superó el nivel de 200 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno el día 27 entre las ocho (227) y las nueve de la noche (cuando alcanzó exactamente 200); el día 28 de ocho a diez de la noche (236, 262 y 213), el día 29 siete a diez de la noche (280, 405, 377 y 304); y el día 30 de siete a diez de la noche (330, 416, 409 y 276).

Hay otra zona de Madrid, la número cinco, en la que una estación (la de Barrio del Pilar) superó durante cuatro días consecutivos el nivel fijado, pero las otras dos estaciones no, puesto que están colocadas junto a y en plena Casa de Campo.

Fuentes municipales han recordado que el protocolo no está aún en vigor y que, en cualquier caso, no se habría activado el día 27, por lo que no se habrían encadenado los cuatro días (sólo habrían sido tres) necesarios para imponer restricciones de tráfico. Eso es así porque el día 27 sí hubo dos estaciones en una misma zona que rebasaron el límite de 200 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno durante dos horas seguidas, pero, en lugar de hacerlo simultáneamente, una lo hizo de ocho a nueve y la otra de nueve a diez.

Adenás, el día 30 se activó el nivel de aviso (superior al preaviso), fijado en este caso por la Unión Europea, al rebasarse el nivel de 250 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno en dos estaciones de una misma zona durante dos horas consecutivas. Lo mismo sucedió el pasado 20 de octubre. En caso de estar ya en vigor el protocolo, esto tampoco obligaría a tomar medidas de tráfico si el aviso no viene precedido por cuatro días de preaviso.

El día 31, ninguna estación superó ya el nivel de los 200 microgramos por metro cúbico.