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ANXO QUINTANA / EXVICEPRESIDENTE DE LA XUNTA Y EXLÍDER DEL BNG

“Lo de Podemos no es nuevo, lo hice yo en Allariz hace 25 años”

Tras cinco años en silencio, apartado de la vida política, Anxo Quintana vuelve: “No quiero cargos. Aspiro a suscitar un debate”

Anxo Quintana, el pasado jueves en Santiago.
Anxo Quintana, el pasado jueves en Santiago.

“En estos momentos me resulta muy difícil mantenerme al margen”. Tras cinco años en silencio, apartado de la vida política, Anxo Quintana vuelve. La crisis del nacionalismo gallego y la fragmentada alternativa al PP en Galicia han hecho “hablar” al exvicepresidente de la Xunta. Dice que calibrará la reacción a sus palabras para ver si pasa a la acción y cómo.

Pregunta. ¿Era inevitable la división del nacionalismo gallego?

Respuesta. Todo salvo la muerte es evitable. Pero es difícil decir qué es lo que habría que haber hecho para que no ocurriera. Todos tenemos responsabilidad, por acción u omisión, incluso los que no participamos de nada de eso.

P. ¿Qué la provocó: el fracaso del bipartito, las luchas orgánicas o las diferencias ideológicas?

R. Cometimos equivocaciones que propiciaron la derrota, como no valorar en su justa medida al adversario, el PP, que tiene a su lado una masa social importante y poderes económicos, financieros y mediáticos. No fue por nuestra gestión, que fue buena.

P. Pero de esos tres factores, ¿con cuál se queda?

R. Cuando estábamos en la cresta de la ola, los nacionalistas no fuimos capaces de asumir el riesgo y el reto de dotar a Galicia de una fuerza gobernante, de ser un proyecto político para la mayoría social, no para liderar al 15% do electorado. Perder la acción de gobierno precipitó que las cosas fueran a peor.

P. ¿Debería volver a unirse?

R. No me siento capaz de dar un consejo. Pero el nacionalismo tiene que dirigirse al 80% de la gente. Más allá de la existencia de distintas fuerzas políticas, yo estoy interesado en provocar una revuelta ciudadana por la base.

P. ¿Hay posturas ideológicas irreconciliables en el nacionalismo gallego?

R. No. El nacionalismo debe trascender eso y establecer un nuevo concepto político de democracia, participación y bienestar: que lo que le interesa a la gente lo decida la gente. Y ese nuevo ámbito de pensamiento no es asimilable a los conceptos clásicos de derecha e izquierda.

P. En Euskadi y Cataluña hay varias fuerzas nacionalistas con diferencias ideológicas. ¿Lo ocurrido en Galicia no puede ser una evolución natural?

R. Que haya una fuerza o varias no es mi preocupación. Nos tenemos que olvidar de Euskadi, Cataluña, Escocia, Canadá… Galicia es diferente a esos países. No tengo ni envidia ni complejos. Si nos pasamos el día mirando a otras latitudes, no acertaremos.Es necesario poner en marcha un proyecto de país y no vale que solo participen los partidos, los ciudadanos tienen que ser los protagonistas.

P. Lo de trascender la dicotomía izquierda-derecha ya lo propugnaba como líder del BNG. ¿No cambió nada la crisis económica?

R. La crisis cambió las condiciones de vida de miles y miles de personas. Y hay demasiados actores interesados en que los gallegos no unan la defensa del país a la de sus intereses personales. La crisis es igual aquí que en Cataluña y allí el movimiento de mayor autogobierno está en su punto álgido. El proyecto nacional gallego no es solo la defensa de la identidad, es un proyecto para el bienestar. Los gallegos tenemos que decidir si en Navantia se hacen barcos, no cuatro burócratas de Bruselas con fanatismo capitalista.

P. ¿Puede quedar fuera el nacionalismo del movimiento ciudadano en el que buscan confluir las mareas o Podemos?

R. Esta revuelta que yo propongo no deja fuera a nadie. Más que andar buscando las diferencias entre partidos, movimientos y demás es mejor que nos marquemos objetivos de país. Los problemas en Euskadi y Cataluña van a acabar abriendo un debate sobre el modelo territorial y llevará a la configuración de un Estado asimétrico en donde ellas tendrán consideración especial. Galicia está desaparecida, no existe en ese debate. En la próxima legislatura en el Congreso tiene que haber un grupo parlamentario fuerte y todo el mundo que esté interesado en eso cabe en esa revuelta.

P. ¿Ve el modelo territorial entre las urgencias de esa mayoría castigada por la crisis?

R. Podemos analizar cada una de sus urgencias en detalle y veremos que sí tienen que ver con la reivindicación nacionalista. ¿Por qué está en crisis el sector lácteo o la pesca de bajura en Galicia? ¿Porque hay un problema mal resuelto entre patronos y obreros? ¿El problema se puede explicar en clave de derecha e izquierda? No. El problema es que no nos dejan producir leche o pescar porque somos gallegos.

P. Pero la cúpula financiera gallega también acabó imputada y desahució como el resto. Las cajas estaban dirigidas y controladas por gallegos.

R. Ni las cajas actuaron como gallegas ni el Gobierno gallego creado para gestionar el autogobierno funciona como gallego. Nuestro presidente anda de tournée cada fin de semana por España para hablar de sí mismo y hacerle la pelota a Rajoy. No pueden ser entidades financieras gallegas y que dilapiden el capital en proyectos inmobiliarios en Levante.

P. ¿Y si hacen esas inversiones aquí pero acaban inflando igual una burbuja y dañando el medio ambiente?

R. Eso también lo intentó alguno que pensaba que la solución a todos sus males era destrozar cabo Touriñán [por Manuel Fernández de Sousa, expresidente de Pescanova]. Ahora se ve que no pretendía un proyecto gallego sino atender otras necesidades.

P. ¿Imaginó durante el bipartito que los dirigentes de las cajas que usted trató acabarían así?

R. Uno de los errores que cometí fue tener excesiva benevolencia y confianza en que la gente podía cambiar, incluidas las entidades financieras que tenían una trayectoria que no compartía. Hacia el final de la legislatura me di cuenta de que era imposible. Los acontecimientos de después me lo confirmaron. Pero también es fácil decir ahora que fueron un desastre. Hace diez años cuando algunos decíamos que el poder político tenía que regular la actividad de las cajas, el PP y el PSOE, pero también los opinadores y la mayoría de los medios, nos quitaron la piel. Intentamos sacar adelante una ley de cajas y no la pudimos ni debatir en el Parlamento porque el cristo fue monumental. Nos llamaban comunistas.

P. ¿No cree que la revuelta ciudadana ya se está produciendo?

R. Hay movimientos ciudadanos muy interesantes pero los problemas de Galicia no se van a resolver poniendo en marcha franquicias de movimientos generados en otras partes.

P. ¿Qué le parece Podemos?

R. Me suscita simpatía, respeto e incluso adhesión a cosas que plantea. Tiene mucho mérito que con pocos medios hayan conseguido mover el avispero. Pero para Galicia no vale, tenemos que hacerlo por nosotros mismos, sobre todo porque aquí no es novedoso. Hay algunos que ya lo hicimos hace 25 años. En Allariz participé en 1989 en un movimiento asambleario que cedió el protagonismo a la gente. Si la gente que promovió Podemos, en vez de ser de Madrid, fuera de Coristanco, serían nacionalistas. Nunca Máis también fue así.

P. ¿A qué se ha dedicado desde que dejó la Xunta?

R. Abandoné la vida política y renuncié a mi plaza en la sanidad pública porque quería iniciar una nueva vida. Monté una empresa de internacionalización y soy un pequeño autónomo. Represento a empresas gallegas, portuguesas y españolas que quieren trabajar en el exterior buscándoles oportunidades de trabajo y socios locales. Tengo una oficina en Argelia, otra en Marruecos y otra en Uruguay con socios de estos países.

P. ¿Echa de menos la primera línea política?

R. En absoluto. Lo que sí es cierto es he decidido hablar porque en este momento me resulta muy difícil mantenerme al margen. Quiero ser constructivo, no aparezco para meterle el dedo en el ojo a nadie.

P. Tomó la decisión de hablar. ¿Va a tomar también la de hacer?

R. La decisión de hacer estará en función de los resultados que den lo que hablo. Pero no estoy sometiendo al BNG a ningún debate, el BNG elige a su dirección demócraticamente. A lo que aspiro es a suscitar un debate en la ciudadanía gallega. Ya tuve cargos públicos y en el partido, ya fui de todo. No es esa mi aspiración. Lo que puedo aportar es en el ámbito de las ideas.