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DANZA | EN EL DESIERTO

Baile de actores y palabras

Entre los intérpretes se encuentran Ernesto Alterio o Maru Valdivieso.

Ensayo de una obra de teatro y danza En el desierto.
Ensayo de una obra de teatro y danza En el desierto.

Viene Chevy Muraday de algunas exitosas experiencias anteriores con actores y con la palabra, a los que ha hecho espacio dentro de sus creaciones coreográficas. Estos experimentos, sin ser objetivamente novedosos en sí mismos, escasean bastante dentro del panorama de la danza contemporánea local, y menos usando para ello a actores de la talla de Ernesto Alterio o Maru Valdivieso, entre otros. El resultado es singular y mantiene un atractivo dentro de su marco, tal como a la vez, muestra la pericia de Muraday para mover a un grupo tan variopinto, con abundancia de efectos y de textos originales de Clua y de Pablo Messiez. Y debe resaltarse el esfuerzo de producción para estructurar, en los tiempos que corren, un equipo tan numeroso como solvente.

La dramaturgia ha sido hilvanada asignando a cada personaje algunas características que avocan a su supervivencia y lucha; debe leerse atentamente el programa de mano para seguir esa traza vital, esa intención en los compañeros de viaje. De alguna manera la ambientación y el tono de la obra remiten a la época de oro pos-fundacional de la nueva danza francesa, cuando especialmente François Verret (Nantes, 1955) y Josef Nadj (Kanjiza, 1957): el primero arquitecto de formación y el segundo historiador, abanderaron la presencia de actores en sus piezas, Nadj con Yoshi Oïda y Verret con los comediantes Daniel Emilfork y Alain Rigout, creando ambientes duros, tétricos, influenciados claramente por Kafka y Melville. Aquí En el desierto no es tan evidente esa dependencia literaria, pero seguramente hay otros referentes que pueden rastrearse entre líneas y entre escenas. La propuesta se abre con un solo de Chevy que anuncia el tono de la pieza, el muro móvil como amenaza en esa especie de lugar sin límites precisos, islas que se percuten, disfraces de recurrencia que se roban unos a otros en una guía cromática rota y sucia que bascula entre el arte povera y el feísmo, donde todo discurre en una doliente y progresiva contracción del material escénico y de la materia gráfica. El gusto barroco con un toque de exceso no le va mal al libreto sino que contribuye al ritual, a completar ese cuadro abisal y tenebrista.

En el desierto Compañía: Losdedae. Coreografía: Chevy Muraday. dirección teatral: Guillem Clua. música: Mariano Marín, Ricardo Miluy y Pablo Martín Jones. luces: David Picazo; escenario: Emilio Valenzuela. vestuario: Ana López Cobos y María Calderón. Matadero. Naves del Teatro Español. Hasta el 26 de octubre.

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