Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

De herederos, sucesores y advenedizos

En política no suele haber vacíos. Nuevos actores surgen para sustituir a los más desgastados. Y han venido para quedarse

La situación política es tan convulsa y cambiante que está generando procesos muy rápidos de renovación y sustitución de los tradicionales líderes políticos y la súbita aparición de nuevos referentes en la escena pública. En España el rápido recambio de Pedro Sánchez al frente del PSOE es un indicador de ello y, evidentemente, el desbordamiento que supone Podemos es otro claro ejemplo. Aquí, en Cataluña, en vísperas del 11 de Septiembre y a las puertas de la convocatoria de la consulta, la confusión parece evidente. Tanto en contenidos como en las personas que pretenden representarlos. El terremoto Pujol no ha hecho sino poner la guinda final a la fiebre renovadora. Estamos en un constante baile de nombres y caras que pretenden resituarse en un escenario que no permite amarres sólidos.

Refundar partidos, constituir corrientes, generar plataformas ciudadanas, son expresiones distintas de un mismo fenómeno que es el final de una época y el inicio de otra. Unos tratan de marcar distancia con su pasado y especulan con nuevos espacios que les permitan mantener su protagonismo (CDC). Otros entienden que su lógica simbiótica que tantos espacios y rendimientos les generó, toca ahora a su fin y deben por tanto buscar otros anclajes (UDC). En ese mismo paquete de tocados gravemente por el cambio de época, los hay que tratan de preservar lo que puedan, en una estrategia de reducción de daños (PSC), mientras otros (PP) buscan en la cohesión momentánea que da el ejercicio del poder, seguridades que no tienen.

Los dirigentes de esas formaciones, con matices, han de lidiar con herencias de las que difícilmente pueden desentenderse ni tratar de eludir sus propias responsabilidades en lo que ha ido aconteciendo. La posición más periférica y menos contaminada en relación al poder y sus derivaciones de otras formaciones (ERC e ICV), les permite ahora plantearse transiciones más cómodas, tras acometer, asimismo, evidentes procesos de cambio de liderazgos y de estrategias. Heredan menos marrones y por tanto no tienen por qué renunciar a su pasado. Pueden aspirar a suceder a los ahora en declive, desde trayectorias históricas que, con sus claroscuros, están enraizadas en el país y sus peripecias institucionales.

En política no acostumbra a haber vacíos. Si desde las instituciones y desde los partidos o formaciones políticas no se es capaz de articular ni transportar adecuadamente la constante emergencia de ideas, intereses, proyectos y demandas, inmediatamente aparecen nuevas voces, personas y plataformas que expresan esas carencias representativas y de legitimación. Hace ya un tiempo, el surgimiento de Ciutadans mostró la existencia de núcleos de población insatisfechos con lo que ocurría en Cataluña y que buscaban expresar de manera más directa y explícita lo que pensaban y que no veían recogido en los partidos existentes.

En las muy recientes elecciones europeas, la sorpresa fue general al constatar que Podemos conseguía en Cataluña, con 120.000 votos

La pertinaz y laboriosa construcción de contrapoder popular que se había ido construyendo bajo distintos formatos de candidaturas de unidad popular en diversos municipios, supo canalizar en su momento la voluntad de muchos catalanes de que se oyeran en el Parlament voces más contundentes de las que hasta entonces pretendían representar posiciones de izquierda y de liberación nacional. En las muy recientes elecciones europeas, la sorpresa fue general al constatar que Podemos conseguía en Cataluña, con 120.000 votos, casi el 5% sin haber hecho apenas campaña y con una muy débil implantación. A finales de junio, se presentó Guanyem, como plataforma ciudadana que busca articular y propiciar una amplia confluencia de personas, movimientos y formaciones políticas en torno a las elecciones municipales en Barcelona. Desde entonces, las más de 30.000 firmas de adhesión recogidas, las centenares de personas que han ido y van acudiendo a sus actos públicos en plazas y barrios, muestran las expectativas e ilusiones que genera esa propuesta, que está teniendo réplicas en muy diversos municipios.

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Los advenedizos son aquellos extraños que llegan a un lugar donde no se les espera. Pero, entre estos, algunos quieren mostrar también la ilusión del Adviento, ese tiempo de esperanza y vigilia. Quieren ser la expresión de un hartazgo sobre cómo han ido reaccionando las instituciones y sus dirigentes políticos, ante una gravísima deriva de desposesión, de ataque a los derechos básicos y de un ejercicio de la representación política distante, blindado y, en muchos casos, personalmente rentable.

Estos advenedizos han venido para quedarse. Son la expresión del agotamiento del modelo heredado. Ponen de relieve que no basta con ser sucesores y albaceas de un modelo caducado. Y expresan la voluntad de empezar de nuevo en la búsqueda de una democracia que permita decidir nuestro futuro y dé respuestas reales a las exigencias de justicia social y económica.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política e investigador del IGOP de la UAB

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