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Comunidad motera

Con casi 300.000 motos y 2.500 kilómetros de vías, Madrid es una región con gran afición a las dos ruedas

Moteros de la empresa SIETEMOTOS en la carretera que une Colmenar con Guadalix.
Moteros de la empresa SIETEMOTOS en la carretera que une Colmenar con Guadalix.

Madrid es una región con alma motera. Su orografía montañosa con carreteras plagadas de curvas y lo variado de los paisajes la convierten en un pequeño paraíso para los amantes del turismo a dos ruedas. Gentes que buscan en sus viajes esa extraña sensación de libertad que solo proporciona este vehículo.

En moto no importa el destino, solo disfrutar del camino. Los moteros huyen de las autopistas y las carreteras rectas y van en busca de rutas que se alejan de la civilización. Y la red viaria de la Comunidad las proporciona. Según el mapa oficial de carreteras de 2013. Madrid cuenta con un total de 2.584 kilómetros de vías y solo 661 pertenecen a la red principal; 635 componen la secundaria; y 1.289, la local.

Y casi 300.000 motocicletas. Según la DGT, en 2012 más del 10% del total de las motos de España estaban registradas en Madrid. Para muchos la sierra madrileña es el lugar perfecto para perderse en moto. Pero, ¿Dónde ir? ¿Cuáles son las mejores rutas de la Comunidad? Hay algunas fijas, pero los recorridos son infinitos. Y cada uno tiene su favorito desde Guadarrama hasta Atazar, pasando por el emblemático puerto de la Cruz Verde.

Rubén Jiménez es un madrileño que compró su primera moto en 2009, con 30 años recién cumplidos. Nunca había tenido una, aunque siempre se había sentido atraído por el mundo del motor. “No había conducido ni un ciclomotor, pero de repente quise probar. Sentir la potencia, la sensación de velocidad”. Su sueño era tener una vintage y eligió una custom de 125 cc.

Lo primero que hizo una vez la tuvo dominada fue ponerse en contacto con sus amigos motoristas y proponerles una ruta que él mismo había creado: recorrer durante todo un fin de semana el triángulo de la Comunidad de Madrid por sus límites provinciales. De norte a sur, de este a oeste. Hasta le puso un nombre: la llamó Ruta de las siete estrellas.

Recorre casi 600 kilómetros por carreteras que perfilan el límite regional, atraviesa varios pueblos y sirve para conocer la diversidad fisionómica del itinerario: desde los llanos y secos paisajes del sur hasta las curvas que ofrece el norte. Se parte de Cenicientos un término limítrofe con Toledo y Ávila que es el municipio más occidental de la Comunidad de Madrid y la primera etapa del viaje se cierra Colmenar de la Oreja a poco más de 150 kilómetros. “Allí cenamos, nos dimos una vuelta por el pueblo, charlamos sobre la ruta. Tiene su gracia conocer tu comunidad así. Es muy diferente a ir en coche”.

Un aficionado a la moto en el puerto de la Cruz Verde. ampliar foto
Un aficionado a la moto en el puerto de la Cruz Verde.

De Colmenar, al sureste, condujeron hacia el norte, hasta Cotos, para terminar durmiendo al raso en el mirador de Rosales, en Cercedilla, a 1.700 metros de altitud, en la sierra de Guadarrama. “Toda una experiencia”. De vuelta a Cenicientos pasaron por El Escorial y Aranjuez. Este viaje podría haber durado semanas si se hubieran parado a visitar todos los monumentos de esos pueblos limítrofes, pero el objetivo era hacer kilómetros y curvas a lomos de sus motos.

Los hermanos Juan Carlos y Diego Pradera son moteros de toda la vida. Tanto, que hace cuatro años se embarcaron en la aventura de su vida. Abrieron España en Moto, una empresa de alquiler que ofrece desde 84 euros al día motocicletas multimarca de alta gama, es decir, que lo mismo te puedes llevar una Harley, que una BMW que una Goldwind. A cada cual más mítica. “Nos dimos cuenta de que no había oferta. Por eso nos lanzamos. Hoy en día, solo en Madrid, ya hay siete empresas como la nuestra, lo que demuestra que esta forma de viajar está en plena expansión”, señalan en su oficina de Chamberí, donde exponen su flota, 25 máquinas.

Ellos fueron los primeros en traer el concepto, no solo a Madrid, si no a toda España este concepto del turismo sobre dos ruedas, ya que no solo alquilan, también asesoran y crean rutas por toda la península con salida desde la capital. “Los recorridos en Madrid son muy moteros. Esto se traduce en carreteras bien asfaltadas, de montaña, con buenas curvas y buenas vistas”, apunta Juan Carlos, el hermano mayor de los Pradera, que reconoce que su principal objetivo, además de vender, es popularizar el turismo sobre dos ruedas. Consideran que España es el país perfecto para viajar en moto por el clima, la red de carreteras, las distancias y la variedad paisajística. “Por eso proponemos rutas guiadas, semiguiadas y libres, por España o por el extranjero”.

Los Pradera, como apasionados de las motos, también tienen su ruta fetiche. Eligen una que llaman “La de los puertos. Los moteros preferimos caminos abandonados. Este trayecto es perfecto. Nos extendemos por puro placer. Lo mismo tardas unas horas que unos días. Depende de ti”, sostiene Juan Carlos Pradera frente a un gran mapa de carreteras.

Son unos 400 kilómetros partiendo de Las Rozas y llegando al puerto de la Cruz Verde, el más emblemático de Madrid en el mundo motero. “Allí hay un bar mítico en el que los fines de semana te encuentras con amigos con moto”, señala Pradera.

Moteros de la empresa SIETEMOTOS en la carretera que une Colmenar con Guadalix. ampliar foto
Moteros de la empresa SIETEMOTOS en la carretera que une Colmenar con Guadalix.

Después vuelven a montar a lomos de sus corceles mecánicos y bajan hacia Navalperal de Pinares, cruzando el puerto de La Lancha. La ruta se topa entonces con Guadarrama, pasa los puertos de Navacerrada y Cotos, en una bajada preciosa que pasa por el monasterio de El Paular, en Rascafría, hasta llegar al último puerto, el de Morcuera hacia Miraflores de la Sierra. “Es una belleza. Es posible oír los arroyos en primavera, oler los campos de jaras en flor y sentir el viento con sabor a pino rozándote tímidamente”, describe Juan Carlos, como si estuviera reviviendo ese momento.

El mundo de las motos es un estilo de vida. Entre ellos hay respeto, complicidad y solidaridad. Pero lo mejor es que el turismo es sano, al aire libre y entre caminos ocultos donde en coche, probablemente, no se llegaría. “Es duro, a veces incómodo, pero estamos muy seguros de que, al final, el viaje merece la pena”, sentencian todos y cada uno de los entrevistados.

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