ÓPERA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El debút de un gran tenor

Impresionante caudal sonoro del letón Aleksandrs Antonenko

El concierto anunciado como complemento al montaje de Il Prigioniero, de Luigi Dallapiccola y Suor Angelica, de Giacomo Puccini tenía como nexo de unión los Canti di prigiona, una obra de enorme exigencia coral ligada a la gestación de Il Prigioniero. Pero, sin mediar explicación alguna, la obra que justificaba el programa cayó del cartel, y en su lugar, Pablo González y la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC) interpretaron en la primera parte otra pieza de Dallapiccola, los Fragmentos sinfónicos del ballet Marcia, que no pegaban gran cosa. La versión, correcta, sin más, no calentó los ánimos de una sala con poco público que, tras una primera parte de apenas veinte minutos, dispuso de un descanso de media hora que probablemente no hacía falta.

Dallapiccola, Puccini

Dallapiccola: Fragmentos sinfónicos del ballet Marsia. Puccini: Il tabarro. Àngel Òdena, Amarilli Nizza, Aleksandrs Antonenko, Elena Zillo, Simón Orfila, Vicenç Esteve Madrid.

Coro del Liceo. Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC).

Director: Pablo González. Liceo, 3 de julio

Tampoco se aprovechó la presencia del coro del Liceo, que solo actuó en una breve escena de Il tabarro, primer título del célebre Tríptico pucciniano y plato estelar de la velada. Ópera de grandes voces, con tintes veristas y macabro final -el barítono asesina al tenor y esconde el cadáver bajo su tabardo-, soporta mal la versión de concierto. González acertó en los detalles más ambientales de la orquestación de Puccini, pero no logró insuflarle vida dramática.

Las voces salvaron la versión y ni el exceso de decibelios sinfónicos pudo vencer el impresionante caudal sonoro del tenor letón Aleksandrs Antonenko: triunfó a lo grande en su debút liceiesta con un Luigi de vigorosos acentos defendido con ardor y sentido dramático: el fraseo es arisco en ocasiones, pero la consistencia y calidad de su voz cautivaron al público. Sustituyendo a Eva-Maria Westbroek, la soprano italiana Amarilli Nizza brilló con intensidad, fuerza lírica y sentido del canto pucciniano en el papel de Giorgetta. Y en el papel de Michele, el barítono catalán Àngel Òdena sacó buen partido de unos medios demasiados líricos para un personaje dramático que aún no domina. Una histriónica Frugola a cargo de Elena Zilio, algo pasada de rosca, y el sobrio trabajo de Vicenç Esteve Madrid y Simón Orfila, destacaron en un reparto completado eficazmente por Airam Hernández, Xavier Martínez y Maria Such, tres de las muy buenas voces que figuran en la plantilla del coro del Liceo.

 

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