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La transexualidad a escena

Cuatro mujeres que nacieron siendo hombres. Cuatro historias reales contadas por sus propias protagonistas.

‘Transrealidades’ es una obra que pretende visibilizar y normalizar al colectivo transexual

María Alejandra Huertas, una de las actrices, en los ensayos.
María Alejandra Huertas, una de las actrices, en los ensayos.

Cuatro mujeres conversan alrededor de una mesa. El público entra mientras la luz se atenúa, pero ninguna parece darse cuenta. Hablan del pasado, del amor y la familia. Hablan de las dudas y de su vida. Entre ellas son muy diferentes y, sin embargo, comparten una misma condición común: todas nacieron siendo hombres.

Ángela, Inca Princess, Nayra y María Alejandra son el alma y la esencia de ‘Transrealidades’, una obra de teatro documental creada por el director argentino Camilo Vásques, que pretende profundizar y visibilizar el incomprendido mundo de la transexualidad. “Todo empezó con un taller de teatro en la Asociación Española de Transexuales de la calle Barquillo”, cuenta Vásques en el espacio Labruc, en el que ayer se ultimaban los detalles de la obra que se estrena hoy a las nueve de la noche. “No tenía más pretensión que esa, pero, sin darnos cuenta, llegamos a crear una historia no ficcionada lo suficientemente sólida para llevarse a la tablas”, apunta.

Bajo la atenta mirada de las cuatro actrices amateur, el director revela que todas las historias que se presentarán a lo largo de la obra son reales al 100%. “Son sus historias contadas por ellas mismas”, señala. De este modo, el escenario se convierte en un pequeño mundo de experiencias compartidas, donde la verdad de estas cuatro mujeres se expone sin tapujos ni caretas. Es el lugar perfecto para que el mensaje sobre la transexualidad llegue y cale en todas sus variantes. “Entre otras muchas cosas, lo que queremos transmitir es que ser transexual no implica que te gusten los hombres. Yo lo soy y me considero totalmente lesbiana”, explica la actriz María Alejandra Huertas, que descubrió que se sentía mujer cuando apenas tenía 15 años. “Me sentía rara porque también me gustaban los zapatos que usaban las chicas, los vestidos, maquillarme… Mi proceso de transformación fue muy confuso”, concluye.

La intención final de este trabajo es normalizar a este colectivo que sufre una discriminación mayor que otros grupos LGTB y terminar con la transfobia que, según dicen, existe en Madrid. “Los psicólogos todavía consideran que tenemos trastorno de identidad de género, lo que significa que somos enfermas mentales, como lo fueron los homosexuales hasta finales de los sesenta”, puntualiza Nayra Sánchez, otra de las actrices, que añade que para que te traten psicológicamente en la Seguridad Social madrileña es necesario firmar un papel en que se admite estar trastornada.

Ángela Flórez apunta a que es la falta de información social lo que lleva a esta creencia. El director no podría estar más de acuerdo. “Yo mismo tenía un imaginario formado, sobre todo por las películas y la televisión, muy diferente a la realidad”, asegura. “Pero se derrumbó en el instante en el que entré a Transexualia”, dice. Por eso, todo el equipo se ha volcado en evitar en esta obra el morbo y los lugares comunes con los que se suele relacionar a este colectivo.

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