A Moragues no se le oyó gritar

El PP valenciano se estrella contra el freno de Rajoy a una nueva financiación

El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra.
El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra.Tania Castro

Acababa de cerrar Canal 9 y su mensaje estaba envuelto todavía en el ambiente enrarecido creado por esa decisión. “Este será el año del nuevo modelo de financiación autonómica”, proclamó Alberto Fabra en su discurso de año nuevo como presidente de la Generalitat. Seis meses después, el consejero de Hacienda, Juan Carlos Moragues, asume que “no hay una expectativa a corto plazo de revisión del sistema de financiación; eso es evidente”. La exigencia del PP valenciano, tan reivindicativo y victimista en épocas de presidente socialista en la Moncloa, se reduce hoy a un mecanismo de compensación o fondo de nivelación que cubra temporalmente el desfase en la cobertura de los servicios esenciales de sanidad y educación hasta que la revisión del modelo sea abordada, probablemente por un Gobierno más valiente que el de Mariano Rajoy.

Atrás quedan en el camino las reclamaciones urgentes de un sistema justo y de una deuda histórica que los expertos designados por las Cortes Valencianas llegaron a evaluar en unos 13.000 millones de euros. Moragues aceptó hace un año en un Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) que el déficit de 2014 fuera simétrico, de un 1% para todas las comunidades, si se aplicaba un nuevo modelo de financiación con carácter retroactivo a partir de enero de este mismo año. En el Gobierno dieron por hecho que la Generalitat Valenciana tampoco cumplirá el límite de estabilidad en 2014 y que será necesario mantener el rescate de sus cuentas mediante mecanismos de liquidez para hacer frente a sus obligaciones. Ha quedado claro que desde Valencia no hay capacidad de condicionar la agenda de Rajoy.

Aunque ya lo había hecho antes en el Congreso de los Diputados en respuesta al dirigente socialista Ximo Puig, el secretario de Estado de Administraciones Públicas del Ministerio de Hacienda, Antonio Beteta, lo advirtió en abril, a las puertas de la convención intermunicipal del PP celebrada en Valencia. Ni deuda histórica, ni aplicación retroactiva del modelo, ni criterio de población como único componente para el cálculo del reparto. El jueves pasado, el propio ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en otro Consejo de Política Fiscal y Financiera, aplazó sine die, es decir, hasta después de que termine la legislatura, la modificación del sistema de financiación.

El Consell se aferra a la petición de un fondo de nivelación para intentar salvar el tipo

“Todos los expertos aseguran que tenemos razones para poner el grito en el cielo”, explicaba Moragues hace apenas una semana en una entrevista en EL PAÍS. No se oyó gritar al consejero en el CPFF. Su actitud pasó casi inadvertida entre los asentimientos a la postura oficial del Gobierno. En todo caso, volvió a votar a favor del déficit simétrico para 2015, en este caso del 0,7%, y dice que puso como condición que se establezca un fondo provisional de nivelación sobre el que no obtuvo respuesta del ministro.

Los populares valencianos saben que se lo juegan todo, en términos electorales, con la financiación autonómica. “Si el modelo actual, que aprobó Zapatero, nos pone a la cola de financiación per cápita y lo criticamos, sería una incoherencia no seguir reclamando porque en el Gobierno esté el PP. Por encima de las siglas está la sociedad valenciana”, afirmaba Moragues en la entrevista mencionada. “Ha llegado la hora de plantarnos ante Madrid”, aseguraban ese mismo día en otra entrevista al alimón en el diario Levante-EMV las dos figuras emergentes del PP valenciano, la nueva consejera portavoz, María José Català, y la titular de Infraestructuras y flamante coordinadora regional, Isabel Bonig.

¿Y si el Gobierno ni reforma el sistema de financiación ni articula un fondo de nivelación?, le preguntaba este periódico a Moragues. “Si no hay un gesto, la situación tendría su reflejo en las próximas citas electorales”, respondía. Despejada la primera de las opciones, queda en duda la segunda para intentar parchear un discurso hecho trizas.

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