Podemos se presenta como maduración del 15-M con voluntad de continuidad

La plataforma, que logró 143.671 votos valencianos, no descarta pactos en futuras elecciones

Germà Gil, Fernando Martín, Pablo Català, Sandra Mínguez y Ferran Martínez, de Podemos, ayer, en Valencia.
Germà Gil, Fernando Martín, Pablo Català, Sandra Mínguez y Ferran Martínez, de Podemos, ayer, en Valencia.TANIA CASTRO

Podemos obtuvo en las pasadas elecciones europeas 143,671 votos en la Comunidad Valenciana, siendo la quinta formación política más respaldada. ¿Quién hay detrás de esta plataforma que ha dado la gran sorpresa? ¿Su éxito sólo es consecuencia del indudable impacto mediático de su cabeza de lista, Pablo Iglesias? ¿Pactarían con otros partidos?

Sandra Mínguez (Landete, Cuenca, 27 años) es profesora de Secundaria de Matemáticas y ocupaba el puesto 28 de la candidatura europea. Pablo Català (Valencia, 30 años) es “un trabajador precario en una fábrica ilegal”. Ferran Martínez (Valencia, 26 años) se licenció en Económicas y está pensando en marcharse fuera para encontrar trabajo. Germà Gil (Alfafar, 33 años) promovió una plataforma contra la apertura comercial de los domingos y se vinculó a Compromís. Fernando Martín (Bilbao, 29 años) está acabando Arquitectura y trabaja en lo que puede.

Todos ellos proceden de movimientos sociales y forman parte del círculo de Valencia de Podemos. Se consideran representantes del mismo, como otros compañeros, si bien, matiza Ferran, su juventud no es un reflejo exacto del perfil de sus integrantes, que incluye personas mayores como, por ejemplo, antiguos antifranquistas desencantados.

Algunos se conocían de vista de las concentraciones del 15-M en la plaza de la Ayuntamiento y de las manifestaciones contra los recortes en la sanidad o en la educación o contra los desahucios. Consideran que Podemos es el resultado de un “proceso de maduración” del 15-M sin cual no hubiera sido posible, no se hubiera aprendido a llegar a consensos. “Han sido tres años de bagaje político sin fines electorales”, comenta Català, en referencia a las asambleas y contactos ininterrumpidos, desarrollados durante ese periodo en poblaciones y barrios y en colaboración con distintos movimientos sociales.

“No somos ni de izquierdas ni de derechas, sino de la política del sentido común”, dice Sandra. “No es lógico que haya gente que se quede sin luz o se le tire de su casa con la familia”, apunta Germà. “El mundo evoluciona y nosotros defendemos los derechos humanos y la metodología democrática auténtica para la gente”, señala Fernando. En su organización horizontal, todo se decide por consenso y por votaciones electrónicas. Y por ese método propondrán iniciativas en el parlamento europeo que afecten a problemáticas valencianas

Muestran voluntad de continuidad —“Esto no es ningún suflé”, dice Ferran— y están abiertos a pactar con otros partidos en las próximas elecciones municipales y autóonómicas, aunque no ven factible llegar a acuerdos con la “casta”, el PP y el PSOE. O tal vez sí, si los socialistas aceptan, por ejemplo, en un municipio sus propuestas de transparencia o de limitación de sueldos, apuntan. Habría que discutirlo y votarlo.

Reconocen que las redes sociales han sido fundamentales para hacer llegar su discurso —“Y para evitar el monopolio informativo”, apostilla Pablo— pero insisten en la importancia del contacto con la gente en la calle, en los mercados, en las plazas. Admiten que el gran tirón televisivo de Iglesias ha sido clave para los resultados, pero sin el trabajo realizado no hubiera sido posible. “Pablo es un chico más bien tímido, retraído ante las masas, no es prototípico”, indica Sandra. “Es un catalizador. Lo hemos usado y nos ha servido. Pero ahora el marketing va en nuestra contra y parece que tenemos que demostrar que Podemos no es sólo Pablo Iglesias”, concluye Fernando.

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