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ANÁLISIS

En la boca del lobo

Las explicaciones del Consell para la compra de Valmor son más que endebles

Hacía pocos meses que había llegado al cargo y decidió meter a su Consell, formado por Paula Sánchez de León, Enrique Verdeguer, José Manuel Vela, José Ciscar, Luis Rosado, Isabel Bonig, Jorge Cabré, Maritina Hernández, Serafín Castellano y Lola Johnson, en la boca del lobo en que se había convertido el “gran evento” de la Fórmula 1 que su dimisionario predecesor, Francisco Camps, había urdido con Bernie Ecclestone. La propia Johnson, como presidenta del consejo de Circuito del Motor y Promoción Deportiva, que aprobó la compra, y el secretario autonómico de Grandes Proyectos, Luis Lobón, que firmó la operación, están involucrados en la investigación de la fiscalía.

¿Qué puede explicar que un Gobierno autonómico compre una empresa privada con deudas millonarias como Valmor? Hoy el Consell sostiene que se compró Valmor para poder garantizar la organización de la prueba en 2012 y evitar el pago a Ecclestone de una penalización de 71 millones de dólares (51 millones de euros). Esa razón, según los socialistas, no es válida porque la Generalitat ya era copromotora de la competición y no necesitaba adquirir Valmor. Pero es que las cuentas tampoco cuadran mucho. Si la compra supuso asumir 34,2 millones en deudas y hubo que gastar 39,3 millones en la organización de la prueba en 2012 (incluyendo el canon de 27,6 millones), no se ve claro dónde está el ahorro.

Esa no fue, además, la explicación original, ya que inicialmente se presentó la operación como un nuevo modelo de gestión, “optimizando con ello los recursos, potenciando la gestión comercial y el desarrollo y asegurando el crecimiento de futuro”, según decía un documento de Circuito del Motor. Más allá de la ironía que supone que el Consell decidiera enseguida no volver a celebrar la prueba, los socialistas destacan en su denuncia a la fiscalía que Valmor recibió créditos de ocho millones del Instituto Valenciano de Finanzas, seis de Bancaja y 1,5 del Banco de Valencia. Y se preguntan: “¿Para qué necesitaba Valmor todo ese dinero, todo ese capital, si no organizaba la prueba y por tanto no tenía que asumir ningún gasto, salvo las facturas derivadas de las gradas y el pago de los gastos salariales de seis trabajadores? ¿En qué gastaba la recaudación de las entradas de cada edición?”.

La sospecha es que había un compromiso con los gestores de Valmor para sacarles del cenagal en que derivó la Fórmula 1 y exonerarles de responsabilidad. Y que Fabra no supo, no pudo o no quiso dejar de cumplirlo.