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Regalo musical

El dia de Sant Jordi terminó con un gran concierto a cargo de la Royal Philharmonic Orchestra con Pinchas Zukerman al frente

Los melómanos que siguen la temporada de Ibercamera pudieron darse el gustazo de terminar la diada de Sant Jordi con un gran concierto en el Auditori, a cargo de la Royal Philharmonic Orchestra, con el veterano músico israelí Pinchas Zukerman al frente, en su doble faceta de violinista y director de orquesta. La formación londinense, que actuó el pasado 4 de abril en el Palau bajo la batuta de Charles Dutoit, cautivó de nuevo por la redondez del sonido, la pericia de sus solistas y el equilibrio en sus secciones.

PINCHAS ZUKERMAN

Royal Philharmonic Orchestra Obras de Beethoven y Brahms

Auditori de Barcelona,

23 de abril

El programa, integrado por dos grandes clásicos del repertorio —Concierto para violín en re mayor, op. 61, de Beethoven y Sinfonía núm. 4, en mi menor, op. 98, de Brahms— puso de manifiesto la superioridad del Zukerman violinista sobre el Zukerman director de orquesta. Y no solo por la experiencia y el dominio absoluto de un concierto que ha tocado cientos de veces en las cuatro últimas décadas bajo la batuta de los mejores directores: Zukerman conserva un sonido de excepcional belleza y, aunque los dedos han perdido agilidad con el paso de los años, la elegancia en el fraseo, la respiración natural y el sentido de las proporciones hizo posible un Beethoven majestuoso, sin amaneramientos, de desbordante lirismo y plenitud sonora.

Tras un Beethoven clásico hasta la médula, y sin conceder propinas como solista, Zukerman dirigió un Brahms también clásico hasta la médula, en el que los aficionados pudieron disfrutar el caudal melódico y el impulso rítmico de su última sinfonía sin prisas ni excentricidades. Allí donde algunos de los jóvenes divos de la batuta pisan a fondo el acelerador para ganar efectismo y potencia, Zukerman aplicó la mesura para poner en pie la arquitectura del sinfonismo brahmsiano sin violentar sus raíces clásicas.

El Zukerman director fue más generoso que el Zukerman violinista y regaló un exquisito Elgar —segundo movimiento de la Serenata para cuerdas— y una delicia mozartiana —obertura de Las bodas de Fígaro—, fin de fiesta de la más inspirada actuación que Zukerman ha ofrecido en Barcelona en años.