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Incómodos aliados contra la corrupción

Brunéi, Qatar o Kazahstan asisten a una reunión internacional en Barcelona

“Que no sea democrático no significa que no combata el fraude”, dice De Alfonso

Daniel de Alfonso, en su despacho de la Oficina Antifraude.
Daniel de Alfonso, en su despacho de la Oficina Antifraude.

La lucha contra la corrupción reúne a aliados incómodos. Como los que, entre ayer y hoy, se dan cita en el hotel Reina Sofía de Barcelona: el director de la agencia contra el fraude de Kazahstan, el fiscal anticorrupción del sultanato de Brunéi o el fiscal jefe de Qatar, entre otros representantes de regímenes dictatoriales y autoritarios, o que no respetan los derechos humanos. Todos ellos son miembros de la asociación internacional (124 países) que agrupa a los organismos que combaten el fraude, y cuyo comité ejecutivo —presidido por el chino Cao Jianming— se reúne por primera vez en Europa.

La Oficina Antifraude de Cataluña (OAC) ejerce como anfitrión y organizador del encuentro. Tras intervenir en la inauguración del acto, el director de la OAC, Daniel de Alfonso, restó importancia a la presencia de dictaduras en el seno de la Asociación Internacional de Autoridades Anticorrupción (IAACA, en sus siglas en inglés). “Que haya países que no sean democráticos en el sistema de elección política no quiere decir que no luchen contra la corrupción”, afirmó De Alfonso. “Aquí no estamos para hacer política ni nada parecido, estamos para luchar contra la corrupción y buscar herramientas para combatirla bien. Que un país sea o no democrático en la elección de sus representantes es algo que a mí no me toca decir”, añadió.

A la cumbre del órgano ejecutivo acuden 29 responsables de agencias anticorrupción y fiscalías de todo el mundo, incluida la Fiscalía Anticorrupción española: Estados Unidos, Singapur, Azerbaiyán, Hong Kong, Tanzania, China, Malasia, Sudáfrica, Marruecos, Brasil, Qatar, Francia, Uganda, Panamá, Reino Unido, India, Namibia, Brunéi, Rusia, Ucrania, Kazahstan y Argentina. “La corrupción existe en todos los países, sean o no democráticos. No se puede crear un club de los buenos, tienen que estar todos”, sostienen fuentes del organismo.

Que los organismos de prevención y control sean eficaces no depende del sistema político, afirman las mismas fuentes. “Hay dictaduras que no se pueden permitir la corrupción, porque la interpretan como una disfunción, un ataque al sistema. Por eso, a pesar de los déficits democráticos, hay agencias que funcionan bien”, remachan esas fuentes, que destacan la presencia en la cumbre de organismos “muy potentes” del ámbito europeo, como la Oficina Antifraude de la Unión Europea (OLAF) o la oficina contra el fraude británica.

El objetivo del encuentro es crear una red que permita intercambiar datos económicos entre las distintas agencias, lo que permitirá mejorar las investigaciones. En especial, datos sobre el catastro, el registro o matriculaciones, destacó De Alfonso. La idea es que ese trasvase de información se efectúe al margen de la intervención judicial para ganar eficacia y agilidad, destacó el director de la OAC.

De ese asunto se hablará hoy, en la segunda sesión de las jornadas, en la sala Batlló i Güell del Princesa Sofía. Ayer, en la sala Barcelona, se celebró la inauguración, a la que también asistieron el presidente de la IAACA, su secretario general, así como el jefe de la Oficina de Naciones Unidas sobre drogas y crimen, Dimitri Vlassis; el fiscal general Eduardo Torres-Dulce o el vicepresidente del Parlamento catalán, Lluís Maria Corominas.

El resto de la jornada se dedicó a asuntos internos del organismo —incluida una próxima reunión en Astaná, capital de Kazahstan— y también estaba prevista una cena en el Palau de Pedralbes con el consejero de Justicia, Germà Gordó, en representación del presidente de la Generalitat, Artur Mas. La IAACA se fundó en 2006 y la OAC es miembro del comité ejecutivo de este organismo desde el año pasado.

De Alfonso también aludió, en declaraciones a los medios, al macrocomplejo de ocio BCN World. El director defendió el proyecto siempre que se ejerza un “control” que garantice que no se utiliza para el blanqueo de capitales. “No tengo por qué pensar que la gente que va al casino lleva dinero negro. El dinero no tiene color hasta que no se prueba que procede de una actividad ilícita”, añadió. En cualquier caso, se mostró de acuerdo con “cualquier inversión estable que dé puestos de trabajo”.