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Homenaje a 159 víctimas del tren

Montcada i Reixac clama por soterrar las tres vías que cruzan el municipio

Unos ciudadanos, cruzan las vías de tren de la estación de Montcada i Reixach pese a que la barrera esté bajada.
Unos ciudadanos, cruzan las vías de tren de la estación de Montcada i Reixach pese a que la barrera esté bajada.

Pegada a Barcelona por el norte, Montcada i Reixac tiene 35.000 habitantes y cinco estaciones de tren de tres líneas que atraviesan como cicatrices el municipio: la de Francia, la de Vic y la de Sant Joan de les Abadesses. Esta malla ferroviaria ha provocado un goteo de ciudadanos que han muerto arrollados desde mediados del siglo XIX: 159, el último de hace solo unos días, según el recuento de los historiadores locales.

Fueran cuales fueran las circunstancias de estas muertes (algunas voluntarias), Montcada les rindió en la tarde de ayer homenaje con la inauguración de una escultura en la esquina de las calles Bogatell y Colón, rebautizada como Cruïlla del soterrament. El homenaje ha sido impulsado por la Plataforma Tracte Just Soterrament Total y el Ayuntamiento.

Dos organizaciones que, como el resto de ciudadanos asisten una tras otra a promesas de soterramiento de las vías que nunca llegan. “Por debajo de la línea de Francia pasa desde hace meses el AVE: si lo hicieron con la alta velocidad, hubieran podido hacer lo mismo con el tráfico de coches y peatones, es cuestión de voluntad política”, denuncia el portavoz de la plataforma, Ramon Bueno. De hecho, el homenaje llega coincidiendo con el incumplimiento de esta promesa hecha en 2007 por Fomento y Adif y se hace en jueves porque es el día de la concentración semanal de la plataforma.

Motos, bicicletas y peatones cruzan las barreras aunque estén bajadas

La alcaldesa, María Elena Pérez (PSC), clama también por una “reivindicación histórica”: soterrar unas vías “que descuartizan nuestra ciudad”. La alteración de la movilidad por la vía de Portbou, la que tiene más trazado en la trama urbana, impresiona si se observa por primera vez. A media mañana de un día laborable las barreras permanecen abiertas o cerradas en desesperantes intervalos de entre 50 segundos y seis minutos. Hay franjas horarias en las que las barreras están más tiempo bajadas que subidas. Los coches no pasan, pero motos, bicicletas y peatones atraviesan las vías continuamente. “Es tercermundista tener una vía así en medio del pueblo”, reconoce Carles Carrasco, de la tienda de bicicletas Action, que se siente “estafado” por las sucesivas promesas incumplidas. Al volante de su furgoneta, Vital Barcenilla, lampista, lamenta apostado en la barrera “las muchas horas que pierdes en los pasos”.