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El origen ritual de los verdiales

El proyecto 'Consentimiento de raíz' investiga el nacimiento de esta manifestación folclórica de la Axarquía malagueña

La panda de verdiales de El Borge. Ampliar foto
La panda de verdiales de El Borge.

Rastrear los orígenes de una fiesta de tradición oral es una ardua tarea, especialmente si esa manifestación ha ido mudando su nombre y adaptándose a los tiempos a lo largo de los siglos: zambras, comparsas, pandas, pastorales, fandangos, la fiesta, la verdial... los verdiales. Ese es el objetivo de Consentimiento de raíz, el proyecto liderado por el etnomusicólogo malagueño Gabriel Marín quien ha dedicado los dos últimos años a estudiar el origen de los verdiales, un término que según el investigador se emplea de forma generalizada para nombrar a esta manifestación ritual y musical desde mediados del siglo XX. El resultado del estudio, que se presenta este jueves 27 en la sede de la Consejería de Turismo en Málaga, es un álbum grabado por la panda de verdiales de El Borge —que incluye un libreto que adelanta parte de la investigación— y una exposición fotográfica realizada por Juan Manuel Morales.

Según Marín, profesor de música y psicopedagogo musical, los verdiales son "un arte ecléctico". "Se trata de una de las formas musicales más antiguas de le península ibérica. Recoge elementos de culturas como la fenicia, con el uso de los crótalos que en las pandas se llaman platillos; la romana, con la celebración del solsticio de verano y de invierno y las fiestas saturnales, o la musulmana, ya que muchos estudios apuntan a que el origen de los fandangos puede ser las moaxajas, un tipo de poesía que empezó a cantarse en la provincia de Córdoba", explica Gabriel Marín, quien ha producido el álbum que incluye 12 canciones, cada una con tres coplas, la mayoría de temática amorosa.

El etnomusicólogo, que posee una colección de más de 400 instrumentos musicales folclóricos ibéricos y étnicos, presenta como la primera fuente escrita sobre los verdiales la descripción de una fiesta popular en Málaga que hace el tunecino Ahmed ben Mohamed en el siglo XI. En la recopilación bibliográfica de Marín aparece también, en el Libro de cabildos del Archivo del Ayuntamiento de Málaga en 1553, un mandato "para hacer un regocijo con las zambras de los lugares de la Axarquía y de su Hoya con motivo de la toma de Túnez". En el siglo XVIII, el viajero inglés Francis Carter quedó sorprendido por unas fiestas que se celebraban durante la vendimia y "que rozan el libertinaje". En el XIX las pandas, a las que entonces llaman comparsas, se acercan a la Iglesia para sobrevivir y, a partir de los años sesenta del XX, las migraciones rurales las acercan a la capital y las hacen más populares.

Las pandas del estilo Comares son las únicas que incluyen el laúd y la bandurria en sus formaciones

"Actualmente, los verdiales gozan de muy buena salud. Se han creado nuevas pandas que están actuando en España y también en festivales en el extranjero, algo que anima a los jóvenes a formar nuevos grupos", explica Marín, quien ha contado en su investigación con dos técnicos de sonidos y dos fotógrafos. La Junta declaró Bien de Interés Cultural (BIC) en 2010 a los verdiales, cuya gran cita es la Fiesta Mayor de los Verdiales que se celebra en los Montes de Málaga cada 28 de diciembre.

Consentimiento de raíz se centra en el estilo de Comares, el menos conocido de los tres tipos de verdiales y que es típico de la comarca de la Axarquía. Esta modalidad incluye entre sus instrumentos el laúd y la bandurria. Una panda de verdiales suele estar compuesta por 10 o 12 músicos (violín, guitarras, pandero, platillos) y varias parejas de bailaores con sus castañuelas.  "Solo hay seis pandas que toquen en estilo Comares; mientras que los estilos Almogía y Montes cuentan con más de un veintena de pandas cada uno", precisa el investigador.

Pero, aunque no todos los estudios están de acuerdo sobre el origen de los verdiales, nadie duda de que el fandango abandolao, cuyo origen algunos sitúan en la subbética cordobesa, es la base de todos los estilos.