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Un año de prisión a un inspector de la policía por acosar a dos subordinadas

Miguel Ángel S.C. fue acusado de intentar mantener relaciones íntimas con otras dos funcionarias

Felipe Betim

Miguel Ángel S.C., inspector jefe del Grupo de Información de la Policía Nacional, ha sido condenado a un año de cárcel por dos delitos contra la integridad moral, tras haber acosado a dos de sus subordinadas entre los años de 2007 y 2008. G. M. E. y G. C. L. acusaron al inspector de someterles a un constante hostigamiento dentro y fuera de las dependencias policiales y recibirán indemnizaciones de 6.000 y 12.000 euros, respectivamente. La sentencia fue dictada el pasado 12 de noviembre y dada a conocer este jueves por la Sección 30 de la Audiencia Provincial de Madrid.

Las dos mujeres eran de la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía y, para acceder a un grupo de la Comisaría General de Información, tenían que ser entrevistadas por el jefe del agrupamiento. En septiembre de 2007, G. M. E. postuló para una plaza vacante en el Grupo 3º, donde Miguel Ángel era inspector jefe. En la entrevista, llegó a halagar a la postulante por su belleza física —"estoy muy contento por haber traído una chica tan guapa al grupo"— y le indicó que se ocuparía personalmente de enseñarle todo lo que se hacía.

En las primeras semanas, además de acompañarle personalmente en cada una de sus tareas, el inspector jefe le invitaba a tomar café con el pretexto de que era "su chica". El acusado siguió en los meses siguientes intentando una mayor intimidad personal con G. M. E., llevándola a restaurantes y manteniendo conversaciones de tipo personal, expresando siempre "la alegría de estar con ella". Transcurrido un mes de su llegada, la mujer expresó a Miguel Ángel su incomodidad por la situación y su deseo de pasar más tiempo con sus compañeros de escala. Según la víctima, el jefe del grupo le contestó que "era su chica" y que "no tenía por qué compartirla con nadie" —"si se te ocurre desobedecer mis órdenes estás muerta en la policía"—.

En los meses siguientes, Miguel Ángel empezó a entablar más la relación, enviándole a G.M.E. mensajes de SMS y haciendo coincidir viajes de trabajo. El acusado llegó a llevar la víctima a hoteles que no correspondían con su categoría profesional para tenerla cerca y llamarla a la puerta durante la noche. Se aprovechó, además, de las situaciones en que se encontraba a solas para acercarse y propiciar "roces casuales". Siempre cuando la víctima marcaba distancias con el acusado, él cambiaba su actitud, haciendo uso de su condición de superior para castigarla verbalmente —"no vales una mierda"—.

En junio de 2008, entró G. C. L. en el grupo de Miguel Ángel —tras pasar por el mismo proceso de entrevista y preguntas personales—. Desde el principio, el inspector jefe le demandó atención y "una relación personal más estrecha". Durante los dos primeros meses, llamaba a la víctima reiteradas veces para mantener conversaciones personales y hacía coincidir a solas por la tarde.

Después de unas vacaciones en agosto de 2008, en las que G. C. L, rompió una relación sentimental, el inspector jefe intensificó sus intentos de acercamiento íntimo —"una chica como tú no debe estas sola"—, invitándola a restaurantes y enviándole mensajes SMS. Tras comunicar que se sentía acosada, Miguel Ángel le castigó verbalmente igual que con la otra víctima —"estoy hasta los cojones de ti, vienes a pasearte el coño, me lo debes todo"—. Según la víctima, luego cambiaba y decía que había estado toda la noche pensando en ella —"Somos como una pareja que se enfada para luego reconciliarse"—.

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A finales de 2008, las dos policías pidieron para cambiar de puesto de trabajo. Sus superiores, sin embargo, echaron la culpa a las víctimas por lo que había sucedido, lo que les motivó a entrar en contacto con los sindicatos. Como consecuencia del acoso, G. M. E. tuvo diversos periodos de baja por ansiedad hasta que fue trasladada a la Comisaría del Barrio de Salamanca. G. C. L, a su vez, recibió tratamiento psicológico y psiquiátrico entre diciembre de 2008 y noviembre de 2009 por depresión y ansiedad.

Al descubrir que el inspector jefe había faltado a la verdad, sus superiores le trasladaron a la Comisaría de Móstoles. Cinco años después de las denuncias, el Juzgado de Instrucción número 10 de Madrid condenó a Miguel Ángel a un año de cárcel y indemnizaciones que se suman 18.000 euros.

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Sobre la firma

Felipe Betim
Nacido en Río de Janeiro, ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Escribe sobre política, temas sociales y derechos humanos entre otros asuntos. Es licenciado en Relaciones Internacionales por la PUC-Río y Máster de periodismo de EL PAÍS/Universidad Autónoma de Madrid.

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