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La gran decisión

La pareja protagonista de Pulmons se enfrenta al gran dilema: tener o no tener hijos

Tener o no tener hijos. Este es el dilema al que se enfrenta la pareja protagonista de Pulmons (Lungs,2011) desde un raciocinio que pretende pasar por encima del instinto. Quieren, pero tienen miedo y, como además son muy ecológicos, miden el asunto en términos de sostenibilidad: las toneladas de que supone una nueva vida respirando en este mundo.

Pulmons

PULMONS. De Duncan Macmillan. Traducción: Carme Camacho. Dirección: Marilia Samper. Intérpretes: Carlota Olcina, Pau Roca. Música: Pablo Miranda. Sala Beckett. Barcelona, 9 de enero.

El dramaturgo británico Duncan Macmillan, a través de sus personajes, analiza la disyuntiva desde varios puntos de vista, y en varios tonos —de la comedia al drama—, aunque no desde todos ni con mucha profundidad saltándose, por ejemplo, el enfoque desde el niño en cuestión. Ambos se plantean si sabrán ser buenos padres y, sobre todo, el impacto del niño sobre el planeta, pero no el del planeta sobre el niño y su futuro, ni lo que este puede llegar a sufrir si nace con alguna malformación, enfermedad o discapacidad.

Concibe la pieza como un largo diálogo continuo sobre el tema a pesar de los saltos en el tiempo y en el espacio; saltos que hacia el final se hacen más frecuentes y amplios alargando la trama y dispersándola innecesariamente. Hasta que nace el niño, sin embargo, los diálogos construyen un dibujo tremendamente veraz de los personajes, a quienes reconocemos y entendemos desde el primer momento. A ello contribuye sin duda el gran trabajo de los intérpretes sobre el que recae el peso entero del montaje.

Qué bien transmite Carlota Olcina sus dudas y los altibajos hormonales y qué bien le sigue Pau Roca. Uno de los aciertos es su proximidad física. Por indicación del autor, esta ha de darse sin las herramientas habituales de las que suelen servirse los actores. Macmillan no quiere escenografía, ni iluminación ni sonido ni cambios de vestuario ni nada que pueda ayudarles a controlar el ritmo de la función. Y con esos saltos mencionados, sin referentes que ayude a entenderlos más allá de las palabras, la verdad es que no lo pone fácil.

Marilia Samper, la directora, cumple con buen criterio con esas instrucciones solo hasta cierto punto, pues lo primero que ve el espectador es la cama de matrimonio que preside el escenario y hace las veces de coche, barra de bar o paritorio. No está mal que Olcina y Roca cuenten con un soporte si con él su labor sale beneficiada. Al contrario, más bien parece absurdo dificultarla a base de restricciones.