De efecto óptico a daño millonario

La Generalitat minimizó los abombamientos en el Palau de les Arts hace un año No actuó con firmeza y celeridad hasta que cayó un trozo de 'trencadís' hace un año

Una nave espacial simulada en el voladizo del Museu de les Ciències.
Una nave espacial simulada en el voladizo del Museu de les Ciències.MÒNICA TORRES

La Generalitat actuó con firmeza y celeridad cuando se produjo el desprendimiento de una parte de trencadís (mosaico de fragmentos cerámicos) del Palau de les Arts de Valencia el pasado 26 de diciembre. Algunos trozos cayeron en el acceso de la cara sur al auditorio superior de música sinfónica. Mandó cerrar las instalaciones para evitar riesgos al público, anunció que iba a demandar al arquitecto Santiago Calatrava y a las empresas que lo construyeron (Dragados y Acciona,) y encargó un informe urgente sobre la situación y posibles intervenciones al Instituto Tecnológico de la Construcción (Aidico), radicado en el cercano Parque Tecnológico de Parterna.

En 10 días ya estaba acabado el estudio preliminar y tres días después, Máximo Buch, consejero de Economía y presidente del Consejo de Administración de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, complejo en el que se enclava la ópera, lo presentó ante los medios de comunicación. El informe detecta “hinchamientos longitudinales en cascada” y que el revestimiento cerámico se ha despegado por la selección de los materiales o por la ejecución, o por ambos factores, en el 60% de los 8.000 metros cuadrados de la malla de trencadís. Hasta el punto de que en algunas partes la separación es de cinco centímetros. En conclusión, insta a retirar el revestimiento, que pesa toneladas, por el riesgo para el público, los trabajadores y el propio Palau.

Pero el deterioro de la fachada se conocía desde mucho antes. Saltó a la opinión pública hace casi un año, cuando la diputada de Compromís Mònica Oltra denunció el estado de un edificio con sólo ocho de vida y 478 millones de euros de coste. Ante la denuncia, la Ciudad de las Artes respondió entonces que las supuestas grietas o los desconchamientos eran “los cordones de soldadura que sostienen la cáscara metálica que se traslucen a través del trencadís” con determinada luz solar, lo que no dejaba de ser una especie de efecto óptico. Nada grave. “Al menos la denuncia sirvió para que se vallaran algunas zonas”, comentó ayer Oltra.

Luego, la versión cambió, ante la evidencia de las arrugas y del óxido que atraviesan la fachada del Palau y las opiniones de expertos consultados. Algún responsable político reconocía en privado que en caso de desprendimiento caería sobre los estanques aledaños al Palau. Se dijo que se había encargado un informe del que hoy aún no se ha sabe nada y se reiteró la disposición a demandar al arquitecto (y director de obras) y a las empresas, que el pasado viernes ya sí se comprometieron a asumir la reparación y su coste que, estimado en tres millones de euros, esperan poder rebajar. Pasaban los meses y no se hacía nada más. Hasta que al fin cayó un trozo de trencadís.

Sobre la firma

Ferran Bono

Redactor de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Con anterioridad, ha ejercido como jefe de sección de Cultura. Licenciado en Lengua Española y Filología Catalana por la Universitat de València y máster UAM-EL PAÍS, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria periodística en el campo de la cultura.

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