MÚSICACrítica
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El público que no llega

"La infancia de Cristo", de Hector Berlioz, en un Auditori medio vacío

El drama de la temporada de la OBC es que, a pesar de la calidad artística de sus propuestas, cada día atrae menos público al Auditori de Barcelona. Ayer domingo, en la última de las tres audiciones del oratorio de Hector Berlioz La infancia de Cristo, la contemplación de una sala medio vacía producía desasosiego y pena. Ciertamente, la música de Berlioz no mueve masas, y menos en una ciudad poco habituada a las grandiosas obras sinfónico-corales del compositor francés, pero su programación en fechas navideñas supone un acierto tanto por su temática como por la belleza y hondo sentido religioso.

Las buenas intenciones en la línea programática no reflejan gratificantes resultados en taquilla: en la audición del viernes la ocupación tampoco fue muy superior y, al menos en la convocatoria del sábado por la tarde, algo mejoró el aspecto de la sala coincidiendo con la transmisión del concierto por la plataforma audiovisual de música clásica en internet Medici.tv. Probablemente, en el balance de la temporada se destacará la repercusión mediática del evento pero los pobres resultados en taquilla no dejan de ser alarmantes.

LA INFANCIA DE CRISTO

Hector Berlioz:

Maria Riccarda Wesseling, Alexandre Duhamel, Agustín Prunell-Friend, Paul Gay y Marc Pujol. Coros Lieder Càmera y Madrigal. OBC.

Director: Pablo González.

Auditori de Barcelona. 22 de diciembre

Musicalmente, Pablo González plasmó con sentido dramático y finura lírica la narración del peregrinaje de la Sagrada Familia que Berlioz, también autor del libreto, ofrece en un oratorio estructurado en tres partes, con sutiles contrastes y refinado melodismo. Lectura convincente, gracias a la elegante y bien matizada actuación orquestal y el notable rendimiento de las dos formaciones corales que colaboran habitualmente con la OBC, los coros Lieder Camera y Madrigal, dirigidos respectivamente por Elisenda Carrasco y Mireia Barrera, quizás algo cortas de efectivos, pero con mucha entrega.

La figura de Herodes, de poderoso relieve en la primera parte, no acabó de imponer su fuerza por los apuros en el registro grave del bajo francés Paul Gay: de atractivo color y elegante línea el tenor español Agustín Prunell-Fried, muy acertado en la parte de Evangelista, y de adecuado carácter y musicalidad la mezzosoprano suiza Maria Riccarda Wesseling y el barítono luxemburgués Alexandre Duhamel en las cruciales intervenciones como Maria y José. El buen trabajo del bajo catalán Marc Pujol (Polydorus) completó un equilibrado reparto.

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