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CiU vota con PSC y PP en contra de convocar una consulta sin permiso

Esquerra discrepa de la federación nacionalista, pero quita hierro a la división

Artur Mas y Oriol Junqueras conversan en los pasillos del Parlamento de Cataluña
Artur Mas y Oriol Junqueras conversan en los pasillos del Parlamento de Cataluña

El camino que ha marcado Convergència i Unió hacia una consulta soberanista en Cataluña es, cuando menos, incierto. Artur Mas, que acostumbra a hacer uso de metáforas marineras, conduce el proceso con navegación a la vista: siguiendo la costa y fijando su dirección en función de hacia dónde sopla el viento. Por eso, en un mismo pleno del Parlamento catalán el presidente de la Generalitat puede defender una consulta sin permiso del Estado, como hizo el miércoles, y votar ayer en contra de una moción que reclamaba la convocatoria de un referéndum unilateral.

CiU sumó sus votos al PSC, PP y Ciutadans para rechazar un texto de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), apoyado por ERC e ICV, que reclamaba convocar la consulta sin permiso en caso de un bloqueo del Estado. CiU prefirió esquivar un debate espinoso en la federación y votó en contra de todos los puntos de la moción, incluso de aquellos que coincidían con el programa nacionalista. El diputado David Bonvehí se presentó como independentista antes de justificar el voto contrario de CiU. Alegó, en una expresión que popularizó el ex presidente catalán Jordi Pujol, que “ahora no toca” promover un referéndum unilateral. Hacerlo, sentenció Bonvehí, “haría un mal favor al proceso soberanista”.

Los nacionalistas consideran que apoyar un referéndum unilateral antes de un carpetazo definitivo de La Moncloa a la consulta les restaría legitimidad para seguir adelante con el proceso. No hubo debate en este sentido en el grupo parlamentario, que con su decisión también se ahorró abrir un nuevo frente en la relación conflictiva que mantienen Unió y Convergència. Los democristianos solo quieren oír hablar de una consulta pactada, mientras que CDC espera a cerrar todas las vías de negociación con el Gobierno antes de optar por una salida unilateral.

La decisión de CiU provocó que su socio parlamentario, Esquerra Republicana, votara diferente en la moción. Una situación casi insólita esta legislatura, en la que CiU y ERC han consensuado el 98% de las votaciones. La secretaria general republicana, Marta Rovira, dedicó prácticamente el mismo tiempo a quitarle importancia a la discrepancia que a justificar su voto favorable a la moción.

Tanto nacionalistas como republicanos quitan hierro a la división que mantuvieron ayer. CiU entiende que Esquerra tiene que cuidar a la parte más radical de su electorado, que puede optar por la CUP en caso de ver titubeos en la apuesta independentista de los republicanos. El partido que dirige Oriol Junqueras, por su parte, considera que el proceso soberanista no estaba en juego en la moción votada ayer, sino que lo importante es que se siga avanzando en la comisión creada al efecto en la Cámara. “No pasa absolutamente nada por haber votado diferente, porque seguiremos trabajando para que este país pueda votar. No se trata de ver quién es más o menos independentista, esto se ha acabado”, argumentó Rovira.

Los nacionalistas quieren agotar todas las vías de negociación

El PSC fue el otro partido que defiende el derecho a decidir que votó en contra del texto de la CUP. Los socialistas siempre han dicho que la consulta tiene que ser pactada con el Estado. Por su parte, PP y Ciutadans rechazan cualquier forma de referéndum, y por ello votaron contra la moción con fuertes críticas a la CUP. El diputado del PP Sergio Santamaría la tildó de “ilegal, radical, extremista y rupturista”, y acusó a los partidos que la respaldan de “crear el germen de la discordia”.

La moción votada ayer es solo una anécdota en la agenda del proceso soberanista. Más inquietud despertaron en CDC y ERC las palabras de la vicepresidenta del Gobierno catalán, la democristiana Joana Ortega, que el miércoles aseguró que la consulta no se podría celebrar hasta octubre de 2014 por razones logísticas. Los partidos tienen previsto pactar la concreción de la consulta antes de que acabe el año, y si bien la pregunta a formular genera discusión, la fecha parecía clara: el 14 de septiembre de 2014, cuatro días antes del referéndum sobre la independencia de Escocia.

Homs matiza a la vicepresidenta Ortega, que pidió retrasar la votación

La afirmación de Ortega le valió la matización del portavoz del Gobierno, Francesc Homs, y las críticas de Esquerra. En una semana en la que Mas había pedido a sus consejeros que silenciaran sus discrepancias, Homs tuvo que salir al paso para aseverar que “no hay novedades” respecto a la consulta soberanista. “La decisión de cuándo vamos a proponer que sea la consulta, con relación a la fecha y al contenido de la pregunta, se tomará en diciembre, que es lo que está acordado por parte de las fuerzas políticas catalanas”, dijo Homs, antes de prometer que la aportación de Ortega será tomada en cuenta. ERC se burló del argumento de Ortega para retrasar la votación: “Votaremos en 2014 y ni las técnicas logísticas nos lo impedirán. Hace 30 años que votamos y hacer un proceso electoral otra vez no nos costará demasiado”, dijo Rovira.

Los partidos señalaban hasta ahora el 14 de septiembre de 2014 porque era la fecha recomendada por el Consejo Asesor de la Transición Nacional, el órgano que asesora a Mas en el proceso soberanista. En su decisión argumentaban que por cuestiones logísticas debía hacerse antes de verano, pero que era necesario votar antes de Escocia, que lo hace el 18 de septiembre. En algunos sectores independentistas se teme que un previsible no de los escoceses a separarse del Reino Unido perjudique al apoyo a la independencia en Cataluña.

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