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JAUME CIURANA | Presidente del Auditori y de la OBC

“El Auditori tiene en contra la crisis pero también un entorno desangelado”

Jaume Ciurana, presidente del Auditori y la OCB. Ampliar foto
Jaume Ciurana, presidente del Auditori y la OCB.

El Auditori de Barcelona cumplirá el próximo marzo 15 años. Es un gran edificio —42.000 metros cuadrados— diseñado por Rafael Moneo que alberga cuatro salas de música —la mayor, con un aforo de 2.200 espectadores—, el Museo de la Música y la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). Es, por supuesto, la sede de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) y de la Banda Municipal de Barcelona. Las administraciones —Ayuntamiento y Generalitat— pretendían convertirlo en la casa de las músicas. Pero 15 años después, la monumental infraestructura no lo ha logrado. Es más, en los últimos años la situación artística y de gobernanza se ha ido deteriorando. Las cifras hablan por sí mismas. El presidente del Auditori y de la Orquesta es Jaume Ciurana, teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona. Para él, el panorama, aunque delicado, no es tan negro como el de otros equipamientos.

Pregunta. El número de abonados del Auditori ha bajado cerca de 2.000 personas en los últimos tres años y el presupuesto, en seis millones de euros.

Respuesta. Es reflejo de la crisis complicada que hemos vivido pero es equiparable a las cifras de otros equipamientos musicales de la ciudad.

P. Los promotores privados y muchos músicos y profesionales del sector sostienen que la programación no tiene personalidad y que no atrae al público.

R. Está claro que el Auditori no tiene la misma tradición que tiene el Palau de la Música en el imaginario colectivo. Y el entorno urbano no es atractivo porque la ciudad todavía no lo ha cosido bien. Está desangelado, no hay nada… Esperamos que con la gran reforma de Glòries, este tramo de la ciudad con grandes equipamientos —su vecino de al lado es el Teatre Nacional de Catalunya, además de los nuevos Encants y el Dhub— adquiera centralidad y resulte más atractivo. De todas maneras, hemos hecho un esfuerzo de rebaja de precios para propiciar que venga más gente.

“Hay que ligar más la programación a la política cultural global de la ciudad”

P. Entonces no ve problemas con la programación.

R. No creo que sea cuestión de programación. Es evidente que hemos pasado un periodo inestable, desde la marcha de Joan Oller, luego una época corta de su sustituto, Oriol Pérez Treviño —estuvo cinco meses y abandonó el cargo en febrero de 2012— y ahora se está recuperando de un tiempo de inestabilidad. Hay que mirar hacia adelante y valorar el trabajo hecho. Desde 2010, se ha funcionado con seis millones de euros menos de presupuesto —de 25,1 millones a 19,2— y se ha hecho sin tener que imponer un expediente de regulación de empleo.

P. ¿Cómo se puede estar satisfecho si las salas, salvo con artistas mediáticos como Lang Lang, están cada vez más vacías?

R. Estamos en unos índices de ocupación media del 70%. Y, por ejemplo, los conciertos del Quartet Casals están bastante llenos.

P. El propio director del Auditori, Joaquim Garrigosa, ha reconocido que se han tenido que cancelar conciertos por falta de venta de entradas y la oferta musical se ha reducido sensiblemente.

R. El concepto del aforo no es decisivo. La cuestión es que el Auditori tiene más funciones. Hay una parte de formación (ESMUC) y la dinamización del patrimonio musical que hace el Museo de la Música.

P. Según datos oficiales, el Auditori tiene una plantilla de 167 trabajadores, incluidos los 80 músicos de la orquesta. ¿Para esta estructura son necesarios cinco cargos: tres directores y dos gerentes?

R. Efectivamente, es un poco complicado. Es el mismo esquema que hay en otros equipamientos, se desdobla la dirección artística y la gerencia. Yo creo que la situación de crisis obliga a ligar la programación artística con la capacidad económica real y por eso estoy convencido de que es necesario reforzar el área de gestión. Y es lo que hemos hecho ahora con la incorporación de Valentí Oviedo que sustituye a Josep Maria Amorós.

“El bajón de 2.000 abonados es similar al de los demás centros musicales”

P. ¿Solo con una mejor gestión se acercará más gente a las salas?

R. Una de nuestras obsesiones es conseguir atraer a público nuevo con políticas de captación —tarifas reducidas y ofertas de gratuidad para adolescentes de 12 años— para hacer crecer la base de aficionados. La política que queremos impulsar es para que la gente se sienta interpelada y venga. Tienen que perder esa especie de miedo reverencial que inspiran algunas músicas. Haremos más campañas porque nos obsesiona el retorno social, cuanto más gente vaya, mejor. Por ejemplo, la OBC debe potenciar sus actuaciones fuera del Auditori y salir más a la calle.

P. ¿La música clásica es la hermana menor en la cultura?

R. Presupuestariamente, no. El Ayuntamiento, por ejemplo, destina más recursos directos al Liceo y al Auditori que a la política propiamente musical. Por eso, hay que coordinar mejor la programación de los equipamientos musicales y ligarla a la política cultural. Los directores de los equipamientos deben darse cuenta de que forman parte del tejido cultural de la ciudad.

P. ¿A qué se refiere?

R. No tiene sentido que una misma obra se programe en la misma temporada en el Liceo, en el Palau y en el Auditori como ha pasado en más de una ocasión. Hay que trabajar de forma más conjunta. La filosofía que debe primar es de ver más allá de su oferta propia.

P. Los promotores privados, sin embargo, se están marchando a espacios alternativos y alquilan menos las salas del Auditori.

R. Sería deseable una eficaz coordinación entre los promotores privados y el sector público pero, al final, lo que se impone es la cuestión del precio y por ello están buscando espacios más rentables. Está pasando lo mismo en el Palau y el Liceo.