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TEATRO

Nuevos límites para un clásico

“Sales de buen rollo”, me dijo un colega que asistió al estreno del montaje que nos ocupa. ¿Con La nuit juste avant les forêts? ¿Con la voz solitaria de ese inmigrante que habla y habla para seguir existiendo en una noche de lluvia? Pues sí. Roberto Romei, como director de la propuesta, y Òscar Muñoz, como intérprete, han dado la vuelta al clásico de Koltès. Si no llueve, no hay lluvia y la función acaba con la cerveza que sustituye al silencio hamletiano, y con cervezas fresquitas de verdad para todos los espectadores, que no son muchos porque se trata de un montaje del Off Romea, es decir, fuera del escenario habitual y con poco aforo. El detalle de la cerveza desde luego influye en el estado de ánimo a la salida, pero no deja de ser un detalle. En realidad, el buen rollo o, si no tanto, la sensación al menos de cierta esperanza para el protagonista de la pieza nos llega con la aproximación que de él hace Òscar Muñoz. Para su extranjero la muerte no está al final de ese monólogo; su nuevo inmigrante brinda con nosotros y tiene fuerzas para pasar de todo y de todos los que le han herido porque, a pesar de los maltratos y las injusticias, no pierde en ningún momento la dignidad.

LA NIT JUST ABANS DELS BOSCOS

De Bernard-Marie Koltès. Traducción: Sergi Belbel. Direción : Roberto Romei. Intérprete: Òscar Muñoz. Teatre Romea, Barcelona, 24 de octubre.

Si en el montaje de Patrice Chéreau que vimos la temporada 2011-2012 en el Lliure de Gràcia, Romain Duris aparecía tendido en la cama de un hospital, aquí Muñoz nos acecha directamente en la calle, al dar la vuelta a la esquina del Romea, tal y como pide el texto. Y es que este tiene lugar por los rincones del teatro desde que se accede a él por una de sus puertas laterales y después de una primera parte frente al hotel Principal, en la calle de la Junta de Comerç. El espacio escénico, el territorio de la huida para los personajes de Koltès, ese bosque oscuro y amenazador para nuestro inmigrante, tiene en esta singular puesta en escena un significado especial. El protagonista de La nuit quiere saber cuál es la zona que le corresponde ocupar en la sociedad como paria que es y busca sus límites geográficos, pidiendo a los espectadores que le acompañen en esa búsqueda.

Àlex Rigola se sirvió de seis intérpretes para dar voz a la compleja naturaleza del protagonista en el montaje que hizo de la pieza en 2006; Muñoz se sirve de varios espacios para dar con esas voces y hablarnos de sus deseos, sus temores y sus renuncias; así la denuncia es a grito pelado en plena calle, mientras que para hablarnos del amor en tono confesional nos reúne bajo una escalera, en un pasillo interior. Su personaje solicita la cercanía física y la afinidad emocional del espectador haciéndole cómplice desde la honestidad, hasta que la consigue con ese brindis final. Una lectura distinta de la obra, justificada, oportuna y muy bien resuelta, que además permite conocer por dentro el teatro Romea, ahora que cumple 150 años.