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TRIBUNA

La Grossa: regreso al pasado

La vieja figura femenina se recupera y se identifica como portadora de una riqueza y una felicidad fáciles

Encuentro entre la Grossa de Nadal y el presidente Artur Mas en el Palau de la Generalitat.
Encuentro entre la Grossa de Nadal y el presidente Artur Mas en el Palau de la Generalitat.

La publicación especial de promoción de La Grossa de fin de año, distribuida el fin de semana del 5 y 6 con la prensa catalana, me ha provocado un sentimiento de incomprensión e indignación que quiero poner de manifiesto. Sin entrar en la conveniencia de esta nueva lotería —ya hice en su momento mis matizaciones—, hoy quiero destacar la política comunicativa que se ha utilizado para difundir la iniciativa.

Se nos presenta una mujer entrada en años, enjoyada con las perlas típicas de los años sesenta del siglo pasado, anillo de brillantes y unos buenos pendientes, los ojos, los labios y las uñas pintadas, teñida y repeinada, gordita, vestida de gala con flor y fular. Nada más contemplarla se me plantean varias preguntas sobre cuál es el mensaje que se quiere transmitir. ¿Por qué nos presentan esta imagen? ¿Es puramente un divertimento retro, o hay algo más?

Sabemos bien que una imagen vale más que mil palabras, y esta merece que le prestemos atención. Evoca las señoras del siglo pasado con elevados recursos económicos, esposas de señores importantes, que visitaban a los pobres y practicaban la beneficencia con una sonrisa vacía que no transmitía ni reflexión, ni inteligencia, ni capacidad decisoria, ni acción consciente, ni voluntad para transformar un mundo que les era favorable, elogiadas a cambio de una limosna.

Creía que nuestra sociedad había cambiado y que dicha realidad estaba superada, pero parece que todo lo contrario: la vieja figura femenina se recupera y se identifica como portadora de una riqueza y una felicidad fáciles, sin esfuerzo, intentando generar un claro espejismo en un contexto de pobreza y desigualdades. Pero si esta es mi reflexión al contemplar la figura, la indignación que me provoca leer la entrevista imaginaria que le hacen a La Grossa es muy superior y me incita a exponer mis argumentos.

Nos presentan a una mujer familiar y buena cocinera que hace unas croquetas deliciosas y que ha aprendido de sus padres los valores del sacrificio y la solidaridad. Resulta curioso que se mencione un concepto como el sacrificio, hoy totalmente olvidado por el nulo sentido que tiene en sí mismo, relacionado con creencias puramente religiosas. Y todavía es más curioso que la calidad que se destaca sea su capacidad culinaria, una habilidad que me parece muy bien pero que no representa precisamente la imagen de una mujer moderna, independiente, autónoma, trabajadora, con responsabilidades políticas o directivas. Subraya valores del ámbito privado y doméstico, ubicando de nuevo a la mujer en la famosa jaula de cristal que tanto nos ha costado romper en los últimos años.

Pero la provocación no acaba ahí. La señora Grossa nos habla también de su buena cabeza y presume de buenas piernas; dice que le gusta salir en televisión y que le encanta que le regalen flores y la besen. Podría pensarse que no cabe más banalidad, pero sí, todavía hay más: acaba diciéndonos que le gusta el deporte y se pregunta si el cava con que los deportistas celebran las victorias pica cuando se lo derraman por el cuerpo. Le parece divertido y emocionante. Y añade una frase vergonzante: el mundo del deporte le gusta porque “los jugadores son tan guapos...”

Para terminar, cuando le piden que exprese un deseo responde que le gustaría vender muchos boletos para ayudar a muchos niños y niñas. Obviamente, todos compartimos la preocupación por la situación de muchísimas personas de nuestra sociedad y muy especialmente por la infancia, pero tal como se expresa es la plasmación evidente de la beneficencia del siglo pasado, centrada en ayudar a los pobres y si son niños mejor todavía porque dan más pena. Si seguimos por este camino, no tardaremos en volver a encontrar por nuestras calles mesas de recaudación con muchas señoras como la Grossa luciendo sus vestidos y sus joyas para ayudar al desvalido que conmemore el día de turno.

Creo que no se puede bromear con temas tan serios en la vida de las personas como la igualdad de género y de oportunidades. Ruego que hagamos todos un esfuerzo para hablar de justicia social, de una sociedad más equitativa, de los derechos de las personas, de obligaciones fiscales, de la responsabilidad de los poderes públicos de dar a la ciudadanía unas garantías mínimas para una vida digna, de las familias que no disponen de ningún ingreso y de las mujeres activas, trabajadoras y participativas que, cada día en mayor número, sustentan la unidad familiar y asumen nuevas responsabilidades.

En definitiva, considero que la campaña de La Grossa es un insulto a la inteligencia femenina y, como mujer que ha trabajado toda la vida por la igualdad, me resulta inadmisible.


Teresa Crespo
es Presidenta d'Entitats Catalanes d'Acció Social