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Un secreto a voces

1.300 espectadores confirman la IV edición del Festival Sinsal en la isla de San Simón

Germán Díaz durante su actuación
Germán Díaz durante su actuación

El zanfonista Germán Díaz cambia su elegante vestimenta negra, su aspecto habitual, por una camisa hawaiana y sombrero de paja. Descalzo, improvisa sobre las grabaciones en discos de pizarra que un cardiólogo realizó a sus pacientes en los años 40 y, con su retranca de gallego de Valladolid, embelesa al público del escenario San Antón. Todos los espectadores se han refugiado a la sombra porque la canícula aprieta en este primer concierto y el músico, el único que no puede escapar del palco soleado y que también es gran investigador de nubes, implora porque aparezca alguna. Mientras provoca las carcajadas generales, se detiene en explicar qué son los cirros, entre tema y tema del proyecto que ha denominado “Método cardiofónico”. Son las doce del mediodía del sábado 31 de agosto y está inaugurando la IV edición del Festival Sinsal en la Illa de San Simón.

A las ocho de la tarde, después de siete horas ininterrumpidas de música en directo, Triángulo de Amor Bizarro clausuran el certamen en el escenario San Simón, en la otra punta del pequeño archipiélago clavado en el fondo de la ría de Vigo. “Un poco de rock and roll para tocarles los huevos a los horteras de los yates”. Isa, bajista y cantante, envuelve casi en un susurro su declaración ante 700 espectadores, el aforo máximo de la primera de las jornadas consecutivas de festival. Bailan los niños, sus padres, los adolescentes y los treintañeros que conforman el público mayoritario que respondió a la llamada de un evento que esta vez volvió a publicitarse con cartel secreto, fórmula probada con éxito en la exitosa edición 2012. El sonido es tan impecable que la descarga de decibelios y el batiburrillo noise que acompaña a los de O Barbanza convive con el hecho significativo de apreciar todo lo que la banda hace con sus instrumentos.

ConcIerto de Triángulo de Amor Bizarro ampliar foto
ConcIerto de Triángulo de Amor Bizarro

Aunque el juego de pistas facilitado por la organización a través de las redes sociales permitía adivinar la presencia de algunos de los integrantes del menú, la inmensa mayoría de los asistentes quisieron hacerse cómplices comprando su entrada a ciegas. La suma de los participantes en el primer día con los 500 del segundo eleva el asunto a la categoría de secreto a voces, de privilegio compartido. Ni siquiera el inesperado tapón que se formó el sábado en las dos primeras horas, cuando coincidieron por primera vez todos los acalorados pasajeros de los barcos que arribaron desde los tres puertos de salida en busca de los boletos para bebidas y comidas pudo empañar el deleite de disfrutar de un día de verano en un paraje idílico a propósito de un variado menú sonoro.

La idea surgió como revulsivo para unos promotores musicales que llevan más de una década programando conciertos en salas de varias ciudades gallegas, pero también como la ecuación perfecta para que su público habitual pudiese asistir a recitales en familia, como a los propios organizadores les estaba ocurriendo. Ariel Pink en 2010; Jane Joyd, Kellies, Laetitia Velma y más nombres en 2011, y Alt-J, Unicornibot y Nite Jewel, entre otros el año pasado, ya forman parte de una crónica cuyo denominador común es huir de lo convencional y hacer que los mismos receptores se sorprendan con artistas de todas las escenas. Los mismos que pegaron botes con Triángulo de Amor Bizarro antes se dejaron mecer en la hora de la merienda por el pop melódico y orquestado de los franceses Baden Baden, un quinteto prometedor que ofreció en San Simón su primer concierto en España.

Actuación de Caxade ampliar foto
Actuación de Caxade

Las fotos de este álbum etiquetado con el lema “Dos días. Un barco. Agua” guardan pasajes del dúo de cuerdas y batería encabezado por el guitarrista inglés Nick Talbot, Gravenhurst, la electrónica con trompeta y ukelele entre Madrid y Cuba de Le Parody, los sintetizadores del trío de Liverpool Stealing Sheep, la onda expansiva de Denis Jones, quien venció la dificultad de tocar con una guitarra prestada y consiguió hacer sonar sus cajas de ritmos como una reunión de instrumentos y el indie con raíces de Caxade: sonido verbenero de acordeón, trombón y batería y letras en gallego entre la lógica pura de la sabiduría popular y la arquitectura sofisticada de la ironía que apunta a la crítica social. Todo eso, vestidos como unos hipsters de los años 40 de visita en el futuro. Más instantáneas. Algunos con el bocata en la mano ni siquiera pararon para comer y exploraron las islas en busca de los tres escenarios escondidos. La voz de Mónica de Nut, la batería de Lar Legido y el piano de Alejandro Vargas eran una corriente de energía oculta entre los árboles; al final del sendero estaba el minimalismo de Rafa Yebra, profesor en el Conservatorio Superior de Vigo, al saxo y los muros venerables del cementerio guardaron, como un pequeño tesoro, las cantigas de amigo que la mezzosoprano Lucía Riveiros interpretó con zanfona y sintetizador junto al mar de Vigo aludido por el trovador medieval Martín Códax.