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No todo está atado en Madrid 2020

La candidatura llega al sprint final convencida de que el triunfo está más cerca que nunca, aunque hay intangibles que pueden hacer tambalearse el sueño olímpico que arrancó hace una década

El príncipe Felipe junto a Alejandro Blanco y Ana Botella. Ampliar foto
El príncipe Felipe junto a Alejandro Blanco y Ana Botella.

En un punto no revelado de Asia, a miles de kilómetros de Madrid, alguien deslizó un consejo: “Mantened vuestro país bajo control hasta el 8 de septiembre, ni una mala noticia hasta entonces”. La ex regatista Theresa Zabell, medalla de oro en Barcelona 92 y responsable de Relaciones Internacionales de Madrid 2020, recibió la difícil recomendación directamente de un miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), una de las personas que el 7 de septiembre decidirá con su voto la próxima ciudad olímpica. Es discreta respecto al lugar y fecha del encuentro, pero admite que el tema al que se refería su consejero era el conflicto de Gibraltar.

A menos de dos semanas de la votación decisiva, la candidatura de Madrid 2020 tiene el grueso del trabajo hecho y vive los últimos días con un buen pálpito. Creen que navegan con el viento de cara, pero no ocultan que pueden volver con las manos vacías. No todo está atado porque no todo se puede atar. Los intangibles de la candidatura pasan por un mal titular en portada o una pregunta fuera de lugar. Nadie olvida la intervención de Alberto de Mónaco en 2005. Su inesperada pregunta sobre ETA fue un ataque a la yugular de Madrid, candidata entonces a los juegos de 2012.

Zabell, elegante y directa, intenta hacer memoria de los kilómetros que ha recorrido en los dos últimos años. “Mi hijo Eugenio me compró un mapa de esos en los que rascas los países que has visitado. Se cansó después de un rato”, bromea. Es una tarde de ajetreo en la sede. En un despacho cercano, Víctor Sánchez, consejero delegado de Madrid 2020 asegura que ha desarrollado “aeropuertofobia” después de las idas y venidas. En un solo día visitó tres países (España, Bélgica e Irlanda) para comer, desayunar y cenar con miembros del COI. Se han dejado la piel vendiendo las bondades del proyecto, perfilando la candidatura y haciendo lobby para apoyar el tercer intento consecutivo de Madrid, inmersa en las aspiraciones olímpicas desde hace una década.

Los candidatos madrileños aseguran que salieron reforzados tras el informe de la comisión evaluadora del COI de junio. En la presentación técnica organizada en julio en Lausana (Suiza) el príncipe de Asturias se llevó de calle a parte del electorado tras un discurso apasionado. “Apoyar Madrid 2020 no es una formalidad. Yo soy olímpico”, defendió.

Ahora queda la última prueba. La primera avanzadilla de la delegación, formada por 20 personas, desembarcará en la capital argentina hoy mismo para preparar hasta el último detalle de lo conmensurable. Pero no todo se puede calcular, como definió quizá mejor que nadie el presidente del COI, el cirujano ortopédico belga Jacques Rogge. En una entrevista con EL PAÍS en 2005 explicaba que obtener unos juegos olímpicos depende básicamente de tres cuestiones. La seguridad es prioritaria, la comodidad de la familia olímpica también. Pero hay un tercer factor que “no se puede definir en un texto escrito”, comentó Rogge: “la química personal”.

Los miembros de la candidatura de Madrid 2020 —y es de suponer que también los de las rivales Tokio y Estambul— buscan y miman esa química desde hace dos años. Y aspiran a seguir cuidándola hasta el último minuto. El grueso de la candidatura estará ya en Buenos Aires cuando los miembros del COI desembarquen a partir del 1 de septiembre para la asamblea en la que se elegirá al sustituto de Rogge. Quieren huir de efectismos y recuerdan que el COI vivió como un cierto intrusismo el viaje visto y no visto del mismísimo Barak Obama para respaldar a Chicago en la votación que tuvo lugar en Copenhague en 2009. La ciudad norteamericana pasó a mejor vida con las candidatas Tokio y Madrid frente a la triunfante Río de Janeiro, sede de los próximos juegos de 2016.

En el COI hay 104 delegados, de los que 99 pueden votar en primera ronda —los descontados pertenecen a alguno de los tres países competidores—. Entre ellos se encuentran tres grupos muy definidos y una amalgama difícilmente definible. Se dividen en 15 presidentes de comités olímpicos, otros 15 representantes de federaciones internacionales y 15 atletas que suelen decantarse en función de intereses deportivos. Pero el grueso, unas 60 personas, son miembros independientes a los que es difícil aglutinar bajo una misma idea. Aquí las quinielas son infinitas. “Imagina que tuvieras que convencer de las bondades de un buen proyecto, con un mismo discurso, a un foro formado por periodistas, taxistas y comerciantes. ¿Qué les dirías? El punto común puede ser algo que ni siquiera se te haya pasado por la cabeza”, ejemplifica Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE) y de la candidatura

Si la geopolítica juega una baza, el conflicto ascendente de España en el peñón después de que Gibraltar comenzara a lanzar bloques de hormigón al Estrecho, podría ir contra los intereses de Madrid, como alertaba el miembro del COI a Zabell. Casi un cuarto de los votantes proceden de alguno de los 54 países de la Commonwealth y podrían decantarse con el enfrentamiento fijo en la retina. Aunque, puestos a revisar periódicos, tampoco favorece a Tokio la reactivación del desastre nuclear de Fukushima ni son la mejor carta de presentación para Estambul las revueltas de los indignados turcos de finales de mayo.

Más allá de los telediarios, es difícil encontrar ese mensaje común. Brasil lo consiguió. “Al decir que eran los primeros juegos de Suramérica, apelaban a África, que tampoco ha recibido unos juegos, o a los países árabes. Les estaba diciendo: ‘podéis ser los siguientes”, describe Blanco. Estambul sigue una senda similar. “Ha buscado una nueva frontera a rebasar y apela a la alianza de civilizaciones”, detalla Juan Antonio Samaranch Jr, miembro español del COI.

El mensaje de Madrid, acorde con los tiempos, es el de la candidatura austera. La inversión pendiente en instalaciones, según el presupuesto validado por el COI, asciende a 1.940 millones de dólares (no se alude a lo ya invertido), frente a los 16.800 que debe poner Estambul o los 4.380 de Tokio. “Es un mensaje asumible por la gran mayoría de los aspirantes, no hablamos de una quimera ni de gastarse el oro y el moro, nuestro modelo es exportable”, defiende Víctor Sánchez.

Madrid cuenta con tres representantes en el COI —Samaranch Jr, Patxi Perurena y Marisol Casado— claves para convencer desde dentro y facilitar el trabajo a la candidatura. Son los anfitriones, aunque en la candidatura coinciden en que el mejor embajador viene de Zarzuela.

“Decidle a Felipe que deje de llamarme para pedirme el voto, que me tiene harto”. El príncipe Federico de Dinamarca, con voz y voto en el COI, hizo este chascarrillo a la comitiva de Madrid 2020 en una convención de 2.000 deportistas en San Petersburgo. El príncipe de Asturias — le antecedió la reina en la primera intentona de Madrid y el Rey Juan Carlos en la segunda— ha asumido gran parte del protagonismo en un momento de horas bajas para la Casa Real. Nunca antes un miembro de la realeza se había volcado tanto, dicen en Madrid 2020. Estará cinco días trabajando en Buenos Aires por la candidatura española, confraternizando con la docena de miembros del COI que provienen de casas reales de todo el mundo y ensayando su intervención en la exposición final.

El 7 de septiembre a la 17.00 hora española (cinco horas menos en Argentina), Madrid se la juega. Intervendrá en último lugar. No caben errores y hay que encomendarse a la suerte. Theresa Zabell recuerda lo que se repetía a sí misma cuando encabezaba las competiciones internacionales: “El primero gana, el segundo pierde y los demás participan”. En Buenos Aires, su frase es más válida que nunca porque no habrá podio para la plata o el bronce. Solo vale volver con la medalla de oro.

 

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