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Cid, Fandi y Castella: ni un tercio de entrada

El aficionado acabará huyendo de estas corridas insulsas, donde no existe la menor emoción

Más allá de figuras y nombres, la clave del espectáculo está en el toro

El diestro David Fandila 'El Fandi', con su primer toro de la tarde
El diestro David Fandila 'El Fandi', con su primer toro de la tarde EFE

Cartel de toreros que se denominan del grupo de importantes y un tercio de entrada en los tendidos. Parece que es lo que persiguen los actuales dirigentes de la fiesta, porque por muchas orejas que se corten como ayer, el aficionado acabará huyendo de estas corridas insulsas, donde no existe la menor emoción. Las empresas alegan que si no se anuncian a las figuras no acude el público, pero no sólo es un problema de figuras y de nombres sino del espectáculo que se ofrece, carente de intensidad y vibración, con sólo sonrisas y éxitos de cartón piedra. Dos horas y media de festejo, cuatro orejas y los aficionados renegando de lo que se había visto. Muy diferente de lo vivido hace cuatro días en Azpeitia. La clave está en el toro, del que huyen el grupo de toreros y empresarios que actualmente domina la fiesta. Y es que los astados de Santiago Domecq fueron meros colaboradores de los toreros, de los que persiguen las figuras.

Sin fuerzas para incomodar, apenas se picó a ninguno de los seis, justos de presentación y con unos pitones que darían pie a muchas discusiones al explotarse en cuanto chocaban con algo. Tan sólo el sexto, que le tocó en suerte a Sebastian Castella, tuvo movilidad aunque sus limitadas fuerzas le impidieran sacar todo lo bueno que llevaba. El francés quiso aprovecharlo, pero apenas sacó un par de series limpias. Fue el único pasaje potable de la primera de la feria. El único toro que sacó movilidad y hubo vistosidad en el tercio de banderillas con buenos pares de la cuadrilla. El inicio de faena, con el pase cambiado en los medios, pareció el previo de una faena intensa, que sin embargo se fue diluyendo en muletazos de buen trazo que nunca llegaron a completar series redondas. Más insulsos resultaron los trasteos de El Cid y El Fandi, que siempre estuvieron con precauciones, nunca se cruzaron y decidieron echar mano de los trucos para encandilar a un generoso público dispuesto a premiar todo lo que ocurriese.

SANTIAGO DOMECQ / CID, FANDI Y CASTELLA

Seis toros de Santiago Domecq, pobres de presentación, anovillados segundo y tercero, con poca fuerza y pobre de cara toda la corrida, salvo el sexto.

El Cid: estocada (oreja) y pinchazo y estocada (saludos tras aviso). El Fandi, estocada caída (oreja tras aviso) y estocada (oreja). Sebastián Castella, <CF1052>pinchazo y casi entera (silencio) y estocada (oreja).

En las cuadrillas saludaron Javier Ambel y Fernando Gómez, banderilleros de Castella, en el sexto Plaza de Vitoria. 5 de agosto de 2013. Menos de un tercio de entrada. Primera de la Feria de la Virgen Blanca

El sevillano, ante el inválido cuarto acabó haciendo un desplante de rodillas agarrando los cuernos de un toro que se acababa de echar en el ruedo momentos antes y tuvieron que colearlo para que se levantase. ¡De locos! El granadino estuvo poco brillante hasta en los siete pares de banderillas que clavó, porque lo hizo siempre a toro pasado, sin cuadrar en la cara, tomando deliberadas ventajas sin ningún rubor. Con la muleta fue un dechado de trucos, desde el paso atrás hasta no parar los pies. Aún así su destreza para estar rápido con la espada le hizo sumar dos orejas, que no le permitieron salir en hombros por no ser en el mismo toro. El mundo del toreo está así y sus responsables lo defienden. Es el verdadero peligro que tiene la fiesta, el que está dentro de ella. Cuatro orejas y nada de enjundia que llevarse en el recuerdo.

Para más inri, se supo durante la corrida que la presidencia había rechazado varios toros de la ganadería anunciada de Albarreal para la segunda de feria y que sería remendada por unos toros de Bañuelos. Unas horas más tarde se conoció que Enrique Ponce y Miguel Ángel Perera no vendrán hoy a Vitoria por problemas estomacales. La casualidad ha querido juntar ambas circunstancias y la presumible escasa presencia de público en los tendidos.