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Nueva casa para la música

El estreno del auditorio Espai Ter abre la 33 edición del festival de Torroella de Montgrí

La Academia 1750, que abrió el Festival de Música de Torroella de Montgrí, en el nuevo auditorio Espai Ter. Ampliar foto
La Academia 1750, que abrió el Festival de Música de Torroella de Montgrí, en el nuevo auditorio Espai Ter.

Aunque en los tiempos que corren parezca increíble, se ha inaugurado un nuevo equipamiento público y, aunque parezca aún más increíble, se trata de un equipamiento cultural. Por fin una buena noticia en medio del desastre. Los protagonistas de la hazaña son la población ampurdanesa de Torroellla de Montgrí y su prestigioso y antiguo festival de música.

Tras porfiar durante años por la construcción de un auditorio polivalente que pudiera albergar el festival en condiciones óptimas, en no pocas ocasiones ha parecido en los últimos años que la crisis iba a paralizar definitivamente el proyecto. Sin embargo, la tenacidad de los equipos municipales y de los responsables del festival han logrado, con retraso, con recortes, con cosas por aún por terminar, que el auditorio exista.

Con 480 asientos disponibles, que serán casi 700 cuando se tenga dinero para amueblar el anfiteatro, el nuevo auditorio aumenta considerablemente la oferta de plazas del festival y con sus gradas retráctiles que le permiten adoptar diversas configuraciones, se convierte en un lugar polivalente que puede funcionar como centro de congresos, espacio ferial o, cuando disponga del equipamiento técnico necesario, teatro.

La polivalencia ha sido uno de los elementos que ha tenido más en cuenta Sebastià Figuerola, el arquitecto ampurdanés que aborda con este auditorio la obra más importante de su carrera hasta ahora, "una polivalencia real, auténtica y no teórica, pues este edificio tiene que servir con eficacia a toda la comunidad y a toda la comarca que lo ha construido" subraya.

Con un  escenario de 15 metros de boca, 8 de fondo y 9 de altura el Espai Ter podrá albergar cómodamente orquestas de hasta 50 músicos

El modelo, más teórico y de polivalencia que estrictamente estético o formal que se ha seguido en el nuevo Espai Ter de Torroella es el del auditorio Helmut List Halle de la ciudad austriaca de Graz que alberga anualmente el Festival Styriarte que organiza el prestigioso director Nikolaus Harnoncort. El arquitecto y el director del festival visitaron la ciudad austriaca en 2008 para recabar información sobre las características de aquel auditorio y aplicarlas.

Uno de los aspectos que mas enorgullecen al arquitecto Figuerola y que convierten el Espai Ter en una obra verdaderamente singular en nuestro país es que ha costado lo que se presupuestó y no más. "No nos hemos salido del presupuesto" afirma Figuerola, "se presupuestó en 6 millones de euros, llevamos gastados poco más de 5 y medio y cuando el año próximo tengamos dinero para acabar lo que queda por hacer, básicamente los asientos de anfiteatro y el equipamiento audiovisual, es casi seguro que estaremos dentro del presupuesto inicial fijado".

Con un amplio escenario de 15 metros de boca, 8 de fondo y 9 de altura el Espai Ter podrá albergar cómodamente orquestas de hasta 50 músicos.

Uno de los aspectos más comentados en la noche inaugural fue la bondad de la acústica de la sala que ha sido diseñada por el ingeniero Antoni Carrión que tiene en su haber el diseño acústico del auditorio de Girona. El escenario proyecta el sonido con gran claridad e intensidad y a falta de escuchar en aquel espacio agrupaciones instrumentales mayores, piano solista, grandes coros o música amplificada, la primera impresión es muy favorable. La opinión de los profesionales también iba en este sentido, el comentario en el intermedio del flautista Joan Bosch, que pocos minutos antes había intervenido como solista en una pieza de Vivaldi era entusiasta y afirmaba que desde el escenario los músicos tenían un retorno del sonido perfecto que facilitaba la interpretación.

El concierto inaugural, a cargo de la Academia 1750, la orquesta histórica del festival, con Enrico Onofri como violín solista y director y con la participación del contratenor Xavier Sabata y la soprano Nuria Rial, se centró en piezas instrumentales y arias operísticas y dúos de Emanuele Rincón, Händel, Vivaldi y Nicolo Porpora. Fue un buen concierto, quizá el programa era todo él demasiado uniforme, quizá podría haber habido un poco más de ensayo y la orquesta —presupuesto manda— estaba demasiado adelgazada, pero, por una vez y sin que sirva de precedente, el protagonista no era el contenido sino el contenedor.