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Todó atribuye su destitución a haber defendido la venta de Catalunya Banc

El expresidente dice que su posición causó “incomodidad” en el FROB

El antiguo ejecutivo revela que en 2008 ya pidió recapitalizar la entidad y crear un banco malo

Afirma que no se devolvió el dinero de las preferentes porque otros clientes “no pagaban la hipoteca”

Adolf Todó en la comisión parlamentaria. Ampliar foto
Adolf Todó en la comisión parlamentaria.

Adolf Todó, que hasta mayo presidió Catalunya Banc, estrenó ayer la comisión del Parlamento catalán que debe indagar quiénes son los responsables del fiasco de las cajas de ahorros en Cataluña. Todó, que en su comparecencia se lavó las manos de la crisis del banco que pilotó desde 2008, aprovechó para atribuir su destitución a la “incomodidad” que causaba que en el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) su “total desacuerdo con la decisión de parar” la subasta de la entidad. “Solo en ese contexto puedo entender que el 10 de mayo formalizaran mi cese de la entidad y de Jaume Masana \[antiguo consejero delegado del banco\]”, sostuvo.

Todó, que fue reprendido dentro y fuera de la Cámara catalana por un grupo de afectados por las preferentes, aseguró que tanto él como Masana expresaron su convencimiento de que la suspensión del proceso por segunda vez tendría un mayor “coste para los contribuyentes” puesto que su valor “iría cayendo a medida que pasaran” los meses. Todó dio a entender que el tiempo le ha dado la razón, puesto que los informes que tiene en sus manos el Gobierno llegan a esa conclusión. “No tengo por costumbre abandonar el barco cuando está en dificultades. Otra cosa es que me tiren por la borda”, ironizó. En su comparecencia, Masana abundó en esa interpretación. “Las formas no han sido las correctas”, lamentó.

El expresidente de Catalunya Banc —resultado de la fusión de las antiguas cajas de Catalunya, Manresa y Tarragona— y su número dos defendieron en la comisión las retribuciones que acordaron para incorporarse a la entidad y que el FROB no abonará al haberles aplicado un despido disciplinario. El diputado popular José Antonio Coto preguntó a Todó si pensaba recurrir esa decisión. “Deje que no le conteste”, respondió. El expresidente de la entidad argumentó que las condiciones pactadas estaban por debajo de las “de mercado”, y que por ello se le subió el sueldo en 2009 y 2010. Si bien fuentes cercanas a la entidad sitúan el coste de un eventual pago de la indemnización y de la pensión que se le asignó en más de 20 millones de euros, Todó dijo que los “derechos consolidados” ascendían a 3,5 millones.

En su intervención inicial, el expresidente explicó que en marzo de 2008 desembarcó en Caixa Catalunya para enderezar una caja que, según dijo, estaba sobrecargada de ladrillo y presentaba graves problemas de liquidez. La entidad, prosiguió, se había lanzado en pleno boom a captar clientes fuera de Cataluña a base de atender peticiones de crédito que habían sido rechazadas por otros bancos. Como resultado, el 32% de los créditos concedidos antes de 2008 financiaba más del 80% del valor de tasación de la vivienda. El otro gran lastre se llamaba Procam, una inmobiliaria con 80 sociedades y una inversión de 4.500 millones.

Según Todó, la entidad también tenía problemas de liquidez por su dependencia de los mercados mayoristas y la estructura directiva era “deficiente” y situaba, por ejemplo, el control de riesgos bajo la dirección comercial. “Era poner al zorro a vigilar a las gallinas”, sostuvo. Por todo ello, junto al entonces presidente Narcís Serra y Masana, en 2008 acudió al Banco de España para pedir un plan de recapitalización para el sector y la creación de un banco malo. “Me dijeron ‘por encima de mi cadáver”, lamentó.

Todó y Masana coincidieron en criticar el papel que desempeñó en la época de Loza la consultora Boston Consulting, cuyo contrato cancelaron, según dijeron, solo llegar a la antigua caja. “Tomaba todas las decisiones y marcaba la hoja de ruta”, aseguró Todó, quien añadió que la consultora estuvo “instalada” seis años en la caja. Masana señaló que Boston Consulting percibía seis millones de euros anuales.

“Las preferentes no se pagan porque otros no abonan las hipotecas”, dice el expresidente

La comisión parlamentaria que arrancó ayer tiene dos objetivos: primero, esclarecer las responsabilidades de la crisis de las cajas de ahorros en Cataluña y, segundo, determinar si se vulneraron los derechos de los consumidores con la venta de productos híbridos, sobre todo participaciones preferentes y deuda subordinada. En el caso de CatalunyaCaixa, en total hubo 79.000 afectados. Entre ellos, según explicaron en la comisión, están el propio expresidente de la entidad Adolf Todó y su consejero delegado Jaume Masana.

Los diputados insistieron sobre la comercialización de esos productos a lo largo de toda la comparecencia. Todó primero culpó a Bruselas de no haber podido canjear las preferentes por capital. “Es una imposición de Europa, que ha impedido que se pagaran”, afirmó Todó. En su comparecencia posterior, Masana reveló que a comienzos de 2011 acudió a la Comisión Europea con un plan aprobado por el Consejo de Administración de la entidad para canjear las preferentes por depósitos con “un cupón bajo”. “Nos lo tumbaron”, lamentó. Sin embargo, a preguntas del diputado de ICV-EUiA Josep Vendrell, Todó consideró que “las preferentes no se pagan porque los titulares de las hipotecas no abonan la hipoteca. Esto es un balance y el que no podemos hacer es cuadrarlo todo”, sostuvo, en referencia a la suspensión del pago de intereses.

El también expresidente de CatalunyaCaixa Manel Rosell, que dijo no poseer preferentes, explicó que estas no se colocaron intencionadamente entre clientes no cualificados. Rosell aseveró, además, que cuando se comercializaron no se preveía que a corto plazo la entidad pudiera entrar en pérdidas.

A lo largo de su comparecencia, Todó y Masana hicieron también referencia a las oportunidades que tuvieron para dejar la caja. El expresidente de la entidad pudo haberlo hecho en dos ocasiones. El expresidente de la entidad lamentó que su paso por la antigua caja haya tenido un “coste personal grande y un coste de oportunidad profesional todavía mayor”. “Nos hemos dejado la piel”, lamentó.

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