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Pastillas de más, terapias de menos

El consumo de antidepresivos aumenta un 38% en Cataluña en 10 años. Los psiquiatras defienden alternativas para combatir el abuso de fármacos

Los psicofármacos son habituales en los botiquines de las casas catalanas.
Los psicofármacos son habituales en los botiquines de las casas catalanas.

Pastillas para controlar la ansiedad, contra el insomnio o que controlan la sintomatología depresiva copan los botiquines de muchos hogares catalanes. Los psicofármacos se han convertido en una de las soluciones más socorridas para neutralizar el desánimo generalizado y los problemas psicológicos derivados de la crisis económica. Según datos del Departamento de Salud, el consumo de antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos y sedantes en Cataluña ha aumentado un 20% en la última década. En 2012 se dispensaron 15,6 millones de recetas de estos fármacos.

Solo la prescripción de antidepresivos se incrementó un 38% desde el año 2003. “Los trastornos depresivos han aumentado durante la crisis porque también han crecido los factores de riesgo. Los problemas mentales están condicionados por la situación socioeconómica; pero es cierto que a veces prescribimos demasiados fármacos y tratamos como depresiva a gente que no lo es”, señala el coordinador del Observatorio de Salud Mental de Cataluña, Josep Moyà.

España y Cataluña, líderes mundiales en el consumo de psicofármacos

Durante el Congreso Catalán de Salud Mental (CCSM) celebrado a principios de mes en Barcelona, el grupo de trabajo del doctor Moyà resolvió que España y Cataluña son líderes mundiales en el consumo de psicofármacos per cápita. El equipo de expertos apuntó que alrededor de un 26% de las personas que consumían antidepresivos o ansiolíticos no padecían trastorno mental. “Se ha confirmado que la crisis tiene repercusión en la salud. Episodios de estrés, depresión, culpabilidad o aislamiento son algunas de las señales con las que nos encontramos. El problema es que la respuesta de los expertos en salud mental tiende siempre a psiquiatrizar, a pesar de que esta sintomatología no implica necesariamente un trastorno mental”, añade el director de la Fundación CCSM, Victor Martí. Aun así, psicólogos y psiquiatras también apoyaron las conclusiones del último estudio de la European Journal of Public Health, que alertó de un aumento del 19% de los casos de depresión en España a causa de la crisis.

La sintomatología básica de las personas que acuden a las consultas de salud mental apenas ha variado. A las sensaciones de angustia, frustración, incapacidad de conciliar el sueño o tristeza se unen ahora sentimientos más relacionados con la situación sociolaboral del paciente como la indignidad, la culpa, el fracaso o la falta de pertenencia a un colectivo. Sin embargo, los expertos aseguran que los nuevos síntomas no se curan con psicofármacos. “Las pastillas no reestablecen los vínculos sociales. A veces los antidepresivos se dan para cosas que no tienen nada que ver con la depresión y que se solucionarían mejor saliendo a pasear acompañados, charlando y fomentando las relaciones. No se trata de psiquiatrizar el problema, sino de buscar alternativas sociales”, apunta el doctor Moyà.

Colectivos como los yayoflautas y la PAH pueden ayudar a algunos pacientes

Durante el CCSM, los profesionales de la salud mental abogaron por potenciar los tratamientos psicoterapéuticos y la creación de grupos específicos de ayuda mutua como respuesta alternativa a las prescripciones farmacológicas. “Deberíamos optar más por medidas preventivas y de apoyo psicoterapéutico. Colectivos como la PAH o los yayoflautas son importantes para ayudar a algunos pacientes. Al encontrar una escucha o hablar con otras personas que están en su misma situación, la gente puede superar su crisis personal y activarse”, señala Martí.

Los expertos alegan que el abuso, en ocasiones, en la prescripción de los psicofármacos viene acompañado de una falta de desarrollo de las terapias psicológicas. “El sistema ha invertido más en el tratamiento medicológico que en el psicológico. Existe una hipermedicación de cuadros menores porque no se ha apostado por una intervención psicoterapéutica”, apunta el director de Salud Mental del Hospital Benito Menni de L’Hospitalet, Lluís Albaiges. El Director de la Fundació Institut Català de Farmacologia, Joan Ramón Laporte, va más allá y achaca el dispendio en medicación psiquiátrica a la “facilidad con la que la industria ha promovido sus fármacos” con el beneplácito del sistema nacional de salud: “De cada 100 euros que se invierten en salud, 25 van para medicamentos. Nuestro sistema gasta mucho en medicamentos y poco en personas”.

Aunque en 2012 el consumo de psicofármacos se vio ligeramente reducido con respecto a 2011 (que alcanzó el máximo de la década, 11 millones de recetas), las cifras están lejos de las recogidas en épocas de bonanza económica. En el último año, la sanidad catalana prescribió más de 6,1 millones de antidepresivos, siete de ansiolíticos y casi 2,5 millones de hipnóticos y sedantes.