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OPINIÓN

Nicaragua, empantanada

El problema del PSC no es solo la cacofonía interna sino el rechazo del PSOE a cualquier federalismo que no sea pura filfa

¡Qué lejos quedan los tiempos en los cuales el PSC surfeaba despreocupado por encima de una “cuestión nacional” que Jordi Pujol tenía a la vez hegemonizada y bajo control! Esos tiempos en los que el único debate identitario entre los socialistas catalanes era la recurrente e inocua reivindicación del grupo parlamentario propio en Madrid, demanda siempre minoritaria y a la que la dirección respondía con aquel mantra condescendiente: tenemos todo el derecho al grupo propio, pero ahora no es el momento de ejercerlo…

Lo paradójico del caso es que fueron ellos mismos —o, más exactamente, el maragallismo— quienes abrieron la caja de Pandora. Las cosas empezaron a enredarse en otoño de 2001, cuando el PSC suscribió con Esquerra e Iniciativa una propuesta común de reforma del Estatuto que debía ser —y lo fue— la argamasa de una futura mayoría de izquierdas alternativa a la que por entonces ostentaba CiU con el PP como muleta.

El compromiso neoestatutario, profundizado por la formación del Gobierno Maragall dos años después, acabó por escapárseles de las manos a los socialistas; y su truculento desarrollo hasta la sentencia de 2010 esparció la semilla de la actual floración independentista.

Así pues, es comprensible que la calle de Nicaragua viva con enorme incomodidad el presente escenario político catalán, que ver a Esquerra —su aliada menor durante 7 años— ahora crecida y ejerciendo de aguijón independentista de CiU cause en el vértice del PSC hondo malestar; que Navarro y su equipo añoren la prevalencia del eje izquierda-derecha. Hasta el punto de que, confundiendo pronósticos y deseos, Maurici Lucena fabulaba el otro día a propósito de un Artur Mas obligado por Convergència a alejarse de ERC y echarse en brazos del PP… ¡Qué maravilla, si pudiesen hablar otra vez del “bloque conservador” frente al “bloque progresista”! Todo, antes que afrontar la realidad.

Y la realidad es la de una dirección incapaz de gestionar —no digo que sea fácil— la creciente división interna del Partit dels Socialistes. Un partido en el que existen chaconistas, semichaconistas, soberanistas, outsiders, barones locales que tratan de proteger su feudo de la competencia de Ciutadans… Un partido en el que, mientras Núria Marín —alcaldesa de l'Hospitalet— organiza una campaña por el no a la independencia y afirma que la coincidencia con el PSOE es “del 99,9 %”, Pere Navarro hace bandera de renegociar con Ferraz ese supuesto 0,01% de ínfima discrepancia; y Joaquim Nadal prevé que votaría sí a la independencia porque “nos están empujando a ello”; y Maria Badia, Pia Bosch, Daniel Font o Marina Geli piden distanciarse del unionismo y no excluir ninguna opción democrática; y Antonio Balmón los acusa de “fastidiar, y hacer el juego a la derecha nacionalista”…

Pero lo peor no es la cacofonía interna, que también se da en Convergència i Unió aunque con menor intensidad. Lo peor es el rotundo rechazo que surge de las entrañas del PSOE ante los planteamientos territoriales de la cúpula del PSC, ante cualquier federalismo que no sea pura filfa retórica. En los últimos días hemos oído a Joaquín Leguina considerar “las ideas chungas que tiene esta gente” (la del PSC) como “el problema más gordo del PSOE”. Y a Alfonso Guerra advertir de que “probablemente el PSOE se tendrá que plantear si hace una oferta propia en Cataluña”, al margen del PSC. Y —mucho más importante— a José Antonio Griñán, presidente del partido y de Andalucía, afirmar que “la soberanía no es fraccionable”, que “España es lo que dice la Constitución” y que ese concepto no se va a tocar. ¿Es con tales discípulos de Pi i Margall con quienes vamos a federarnos?

En conclusión: el primer secretario Pere Navarro puede entrevistarse en privado con Duran Lleida, y explotar después la cita asegurando que ve al democristiano más cerca del PSC que del proyecto de Mas. El problema no es dónde se ubica Duran, sino dónde lo hace el PSOE: al lado mismo del PP en su común concepción de España.

Joan Culla i Clarà es historiador.