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Primavera contemporánea

Ensems trae a Valencia el eco de lo que se cuece en la creación sonora contemporánea

Bajo la nueva superestructura denominada Culturarts, que ha puesto en vilo a los trabajadores de diversas instituciones culturales (no se sabe quién se queda y quién se va, qué va a cambiar y qué va a permanecer, etc), comenzó el miércoles la 35 (¡felicidades!) edición de Ensems. El festival trae a Valencia, cada primavera, el eco de lo que anda cociéndose –y de lo que se ha cocido- en la creación sonora contemporánea.

Ensems 2013

Grup Instrumental de Valencia. Batucada del CSMC. Director: Joan Cerveró. Obras de Jesús Rueda, Lars Graugaard, Ramón Ramos y Ricardo Llorca. Valencia, 29 de mayo de 2013.

Este año se está desarrollando del 29 de mayo al 2 de junio, y ha abandonado el teatro Talia para reubicarse en los distintos espacios del Centre del Carme, además del siempre acogedor Instituto Francés y el Conservatorio de Música. El Grup Instrumental de Valencia, bajo la dirección de Joan Cerveró, y el Institut Valencià de la Música, con Inmaculada Tomás al frente, siguen estando en la base de su organización. También continúa la costumbre de trazar un eje temático para cada edición. Esta vez ha sido “la idea del norte”, que enfocará las aportaciones musicales y la influencia que “el norte” (no sólo geográfico, sino también como alegoría de la soledad o de la resistencia) ha supuesto en el imaginario colectivo. Todo ello, trufado de ejemplos cinematográficos, se puso en valor a lo largo de la presentación del festival que Jesús Rueda hizo en el Aula Capitular.

También fue de Jesús Rueda, Premio Nacional de Música en 2004, la primera obra interpretada el miércoles: Duraton Oaks, de 1997, cuyo título hace un guiño al Dumbarton Oaks (1938) de Stravinski, y que también recuerda al ruso en la coherencia del discurso. Vino luego Blind Lemon para sinfonietta, un estreno absoluto encargado al compositor danés Lars Graugaard. La abundancia de sonoridades graves, los ostinati inquietantes que sostenían “helados” armónicos en pianissimo, o el agreste tratamiento alla chitarra de las cuerdas fueron, más que una referencia al “Norte”, una estremecedora descripción de lo desconocido. El Llanto por una ausencia (1980), de Ramón Ramos, fallecido en 2012, osciló sabiamente del gemido al grito en la voz de Jorge Franco, secundada por el trombón de Salvador Tarrasó. Siempre, claro, con el Grup Instrumental en la base. Que también cimentó, junto a la batucada del CSMC, Borderline (2012), de Ricardo Llorca, donde todos los intérpretes galoparon en esa tan deseada como difícil síntesis entre lo popular y lo culto.