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CRÍTICA | TEATRO

México sueña con el cambio

'Lagartijas tiradas al sol' alterna documental y ficción en un espectáculo sobre el poder del PRI

Épocas de bonanza, de construcción de obras faraónicas, incremento exponencial de la corrupción y sobreendeudamiento feroz, seguidas de períodos de austeridad espartana, bajadas salariales inclementes y privatización de las empresas públicas. Sístole y diástole económicas de un Estado ciclotímico, México, al que le fueron aplicadas recetas milagreras que en España estamos probando ahora en carne propia. En Derretiré con un cerillo la nieve de un volcán, reconocemos nuestros dilemas en los del país norteamericano, cuyos últimos cien años de historia los chicos de la compañía Lagartijas tiradas al sol revisan con acierto.

Derretiré con un cerillo la nieve de un volcán

Coordinación y texto: Luisa Pardo y Gabino Rodríguez. Intérpretes: Francisco Barreiro, Manuel Parra, L. Pardo y G. Rodríguez. Luz: Sergio López Vigueras. Vídeo: Yulene Olaizola y Carlos Gamboa. Compañía: Lagartijas tiradas al sol. Teatro Pradillo. Del 29 de junio al 1 de julio.

Que el género documental se esté abriendo camino en los escenarios es un signo de los tiempos y de nuestra necesidad creciente de reinterpretar la realidad a través de la experiencia comunicativa bidireccional que el teatro ofrece, a diferencia del cine y del reportaje periodístico. La compañía mexicana comienza su espectáculo recordando la Revolución de 1910 y la constitución de 1917, y poniendo en boca de un personaje invisible un rosario de autocríticas que también nos gustaría escuchar en boca de algún protagonista de la transición española: “No defendimos las ideas en las que dijimos creer (…) Nos acomodamos (…) Fuimos todo lo que no quisimos ser…”; y lo finaliza con otra andanada, esta a fecha actual, que podría retratar a una parte de la juventud crítica española: “Soñaban con partir de cero (…) pero les paralizaba la inmensidad de sus deseos (…) Creían que el cambio sería espectacular o no sería”.

Entre ambas voces en off, Lagartijas examina objetivamente cómo ha procedido el poder en México desde que Álvaro Obregón fuera asesinado, en 1928, hasta el regreso al Gobierno del omnímodo Partido Revolucionario Institucional, en 2012. Derretiré con un cerillo… pasa revista a siete décadas de monopolio del PRI alternando el documental puro y duro con la dramatización de lo que acontece a tres generaciones de una familia, durante ese período. Poco a poco, en el ánimo del espectador lo puramente humano va ganando en interés a lo histórico-informativo, y América, joven protagonista de ficción interpretada con arrojo y encanto por Luisa Pardo, acaba pareciendo mil veces más cierta que las imágenes bidimensionales, de Telediario, de Miguel Alemán, Carlos Salinas de Gortari o Vicente Fox. La esperada convergencia entre ambos planos no llega a producirse jamás, quizá para significar que la vida de los comunes va por un lado y la política por otro.

Un trabajo de enorme calidad artística, en el que echo en falta una interpretación personal que saque chispa del cúmulo de datos históricos, y en el que el uso de caretas de cartón (en lugar de máscaras) para representar a algunos presidentes es un corregible error de sintaxis.

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