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La familia del metraje corto se reivindica

Las ‘minipelículas’ son como un master avanzado de cine

Madrid cita esta semana a un elenco de cineastas a tener en cuenta

Manuela Moreno, Diego Modino, Marina Seresesky, Nicolás Matji, María Adánez y Asunción Balaguer, participantes en la Semana del Corto. Ampliar foto
Manuela Moreno, Diego Modino, Marina Seresesky, Nicolás Matji, María Adánez y Asunción Balaguer, participantes en la Semana del Corto.

Los buenos maestros enseñan que un periodista tiene que saber hacer breves antes que grandes reportajes. Lo difícil es resumir en diez líneas toda la información que debe conocer el lector. En el cine es lo mismo: concentrar en unos minutos toda una historia es un reto que obliga a prescindir de lo superficial para demostrar en el tiempo que cuesta cocer un huevo de lo que un cineasta es capaz. La 15ª Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid ofrece la posibilidad de ver 156 minipelículas entre el 20 y el 26 de mayo, una parada importante del circuito que representa una potente plataforma para muchos creadores. EL PAÍS sienta en torno a una mesa a productores, actores y directores que participaron en otras ediciones o que presentan sus trabajos este año para hablar de estas píldoras de celuloide.

Nicolás Matji , productor de los dos cortos de Tadeo Jones, pasó por esta cita hace siete años y en 2012 consiguió por fin alargar las historias del aventurero patrio más allá de los 20 minutos. En la gala de los Goya de 2013 ganó tres cabezones. “Vale más un buen corto que una película guerrillera (de bajo presupuesto), porque su vida es más larga”. La lista de festivales dedicados a este formato se alarga hasta el infinito y eso hace que “la competencia sea feroz”, explica la directora, guionista y actriz Manuela Moreno. Ella llega al evento madrileño con Lo sé, debajo del brazo, su quinto trabajo como directora, que pudo rodar gracias a las ayudas del festival de Medina del Campo y de la Comunidad de Madrid, que este año ha invertido 500.000 euros en financiar 30 cortos. La obra que vio la luz en el festival de Málaga narra la historia de una coleccionista de botones que trae de cabeza a un enamorado. La mesa de sabios que se ha congregado en una esquina en la cafetería del Círculo de Bellas Artes, a unos metros de la pantalla en la que se proyectarán sus trabajos, está de acuerdo en que estas historias de máximo veinte minutos son un trampolín que curte a los creadores y que les enseña a pasar por mil dificultades.

De aquí, al mundo

Madrid es una región amiga de los cortos. Además del dinero que dedica a subvencionarlos, Madrid en Corto, un programa dentro del festival, selecciona ocho obras proyectadas durante esta semana y se ocupa de su distribución y promoción en todos los festivales posibles. La boda, de Marina Seresesky, fue seleccionada el año pasado y la cinta ha viajado por todo el mundo, la han visto en 117 festivales. “Estar en la lista que presenta Madrid en Corto a Cannes te garantiza que como mínimo el jurado va a verla, porque cuando reciben miles de solicitudes cada año, incluso eso a veces es misión imposible”, explica. Desde hace unos años “se ha democratizado el corto”, porque la tecnología ampliar la camada de piezas que nacen en España, ya que ahora existen cámaras al alcance de todos que permiten obtener una calidad más que aceptable.

Balaguer, Adánez y Matji. ampliar foto
Balaguer, Adánez y Matji.

Pasar por la cita madrileña es una puerta a pasear tu obra por La Croisette o que navegue en góndola por la bienal de Venecia. Matji cree que “si quieres rodar un corto, en Madrid tienes todo lo que necesitas”.

Es curioso cómo los detalles se hacen grandes en producciones a pequeña escala, de entre todos ellos destaca uno: la comida. Como la mayor parte del equipo trabaja por amor al arte, o al creador, vamos, que no cobra ni un duro, dejarles bien contentos con el catering se convierte en un requisito fundamental. En la mayoría de los casos es el propio director, el hombre o mujer orquesta, el que se ocupa también del pago en especie: “yo siempre cuido muchísimo las comidas, es muy muy importante”, reconoce Manuela Moreno. El calendario también adquiere una relevancia casi militar: no existe el carpe diem, todo tiene que estar previsto, la improvisación, para delante de las cámaras. “Al no pagarles, no puedes disponer de su tiempo cuando tú quieras”, explica Moreno, “bueno cuando cobran tampoco, pero en este caso con más motivo”, comenta entre risas. La directora se ha convertido en toda una veterana del género, que se gasta sus ahorros en seguir dirigiendo para disgusto de su padre.

La financiación se logra entre subvenciones, premios, favores, ahorros y amigos que trabajan gratis en el rodaje. “No puedes vivir de esto”, la opinión es unánime, “si ganas algo de dinero con un corto, seguramente te lo gastarás en producir el siguiente”, aseguran. “Si sí, pero yo no me canso de apostar por ellos, porque el director al que has producido seguramente cuando tenga un guion de un largo al primero al que lo venderá es a ti”, replica Matji, que en un momento de la conversación recuerda lo difícil que fueron los inicios de Tadeo y cómo se allanó el camino cuando empezaron a caer los premios. Promocionar las cintas es casi una obligación para estos realizadores, una moneda a cambio del trabajo gratis, algo así como “si tú eres mi protagonista te prometo que haré todo lo posible para que algún miembro de un jurado se fije en tí”. Los realizadores reconocen que haber pasado por este trámite te da una visión global a la hora de afrontar la dirección de una película, porque “adquieres la cultura de resolver problemas”, apunta Seresesky. “Es una auténtica escuela, es como un máster comprimido”, respalda Moreno.

Moreno, Seresesky y Modino en la azotea del Círculo de Bellas Artes. ampliar foto
Moreno, Seresesky y Modino en la azotea del Círculo de Bellas Artes.

Los cortos tienen además la magia de hacer veterano al novel y principiante al experimentado. A los siete años, una edad a la que la mayoría de los chiquillos juegan con muñecos, o con la play station, María Adánez ya había hecho cinco películas. Ahora, cuando se ha puesto al mando y ha escrito y dirigido su primer corto, la interpretación le ha parecido más que nunca un juego de niños porque ha sentido la responsabilidad de ser la madre de la criatura. Su trabajo 5ºB, escalera derecha nació como un “ejercicio egoísta” que le sirvió como terapia después de que encontraran a su padre muerto frente al televisor a causa de un infarto. Lo que surgió como un ejercicio puntual, ha abierto una puerta a la intérprete convertida en realizadora por la que, tal vez, algún día saldrá una película. “Me parece un ejercicio muy difícil concentrar en poquito tiempo toda una historia”, asegura.

No solo de la Semana vive Madrid

La Semana del Cortometraje es el mayor exponente de este género en Madrid, pero el resto del año Cortópolis y Cortogenia mantienen viva la llama. Son dos festivales mensuales gracias a los cuales se proyectan gratuitamente en dos sedes cortos para que el gran público se acerque a la cultura de las películas en miniatura. Cortópolis tiene su base de operaciones en Kinépolis, la entrada es gratuita y hay que pedirla por email en su página web www.cortopolis.es. Las sesiones empiezan a las 20.45 y cada mes cambia la sala en la que se proyectan los trabajos. Cortogenia se desarrolla en Capitol, aunque no se celebran sesiones todos los meses. Un comité de cineastas selecciona cada trimestre algunas obras presentadas que en diciembre compiten en una gran gala anual. Los asistentes reciben una papeleta antes de entrar en la sala para votar y el corto ganador recibe al finalizar el año el premio del público. El importe de los galardones oscila entre los 2.000 y los 3.000 euros. La entrada a Cortogenia también es gratuita y es conveniente reservar en su web (www.cortogenia.es) para no quedarse sin butaca.

El tamaño no importa para estos cineastas, que consideran el mundo del corto como la cantera, la segunda división, en la que los realizadores se curten antes de dar el gran salto. En este entrenamiento algunos grandes les ayudan, como Asunción Balaguer, que se viste de abuelita encantadora de una aspirante a bailarina en Efímera. Cuando ella habla, todos callan y la escuchan con atención, en su cabeza se mezclan todos los personajes a los que ha interpretado, aunque recuerda detalles de cada uno de sus rodajes, entre ellos el de Efímera, que también se proyectará en el festival madrileño y que supone la vuelta al corto de Diego Modino después de años trabajando en rodajes como director artístico. Nunca se olvidará de ese rodaje en el que los 40 grados del verano madrileño se hicieron notar, ni del perfeccionismo de Modino. Balaguer no para de recibir felicitaciones por el premio Max que acaba de recibir y tiene que apagar el móvil que no para de sonar.

Ahora todo es muy bonito, pero en el tiempo en el que el trabajo escaseaba para ella, los cortos le permitieron "seguir en el escaparate", como dice ella. “Voy a dejar de hacer cortos”, lleva repitiendo desde hace años, para a continuación confesar que ya tiene apalabrado un papel en otro dentro de unas semanas. “Es que no sé decir que no”, señala con un hilo de voz que se contrapone con la potencia vocal de Manuela Moreno: “Los cortos son el medio perfecto para que grandes talentos que no han tenido su oportunidad en el cine o en la tele salgan a la luz”. La formación también se cuela en la Semana y de forma paralela al festival se organizan talleres y conferencias gratuitas para acercar más este mundo, que en ocasiones parece alejado de gran público. También habrá sesiones especiales en las que estas pequeñas historias se colarán en bibliotecas, centros culturales municipales e incluso centros penitenciarios. En esta edición además, el festival se hace mayor y crece con más premios como el Ocho y Medio Mejor Guión, el AMA Mejor Producción y el Premio de la Crítica Caimán Cuadernos de Cine.

Los profesionales del metraje corto defienden con pasión este género, que ven como un medio y un fin al mismo tiempo. “Deberían formar parte de nuestra filmografía”, espeta Matji, que reivindica enérgicamente un top ten de las minipelículas que nadie debería morir sin ver. Él propone tres “para acabar este reportaje”: La ruta natural, Invulnerable y La Nevera. El que quiera puede hacerle caso y verlos, en lo de finalizar de esta manera, habrá que seguir su consejo, que es productor y es el que manda.

Qué, dónde y cuándo ver

Efímera, de Diego Modino.
Efímera, de Diego Modino.
  • De martes a domingo en sesiones entre las 17.00 y las 20.00 en el Cine Estudio Bellas Artes se proyectarán los cortos que entran en concurso. La entrada es gratuita.
  • Habrá talleres-coloquio con los directores en la consejería de cultura (martes, 18.00), en la universidad Antonio de Nebrija (lunes, 15.30) o en la Europea (martes, 11.30).
  • Retrospectiva dedicada al director que ha ganado el Goya 2013 a Mejor Cortometraje con Aquel no era yo, Esteban Crespo, en el Cine Estudio Bellas Artes (viernes, 20.15).
  • Las Escuelas de Cine y presentan una selección de cortometrajes realizados por alumnos en el Cine Estudio Bellas Artes (viernes, 17.00).
  • Las bibliotecas y centros culturales de los barrios acogen la proyección de muchos de los trabajos.
  • También hay actividades infantiles y proyecciones en casi todos los municipios.
  • La programación completa se puede consultar en www.madrid.org/semanadelcortometraje