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“Confiaba en la directora de la oficina y nunca pensé que me engañaría”

José Luis Serna y Blas Asensio confiaron su dinero en preferentes de Caixa Laietana

La caja se las canjeó por acciones de Bankia que hoy no valen nada

Blas Asensio (izquierda) y José Luis Serna, delante de la oficina de Caixa Laitania de Mataró.
Blas Asensio (izquierda) y José Luis Serna, delante de la oficina de Caixa Laitania de Mataró.

Blas Asensio, de 61 años, y José Luis Serna, de 48, son dos de los 15.000 afectados que Caixa Laietana ha dejado en Mataró. La indignación aún les embarga cuando recuerdan cómo accedieron a unos productos que les han infligido pérdidas gigantescas. “Confiaba en la directora y nunca pensé que me engañaría. Fue una estafa”, afirma Serna. “Me dijeron que [las preferentes] eran totalmente seguras”, añade Asensio. Él recibió en 2001 una indemnización por un accidente que le dejó una parte de la cara paralizada. Acudió a Caixa Laietana, donde le ofrecieron una cuenta que “era mejor que las otras porque no se tenía que renovar cada año, pero que no tenía otras diferencias”.

Aun así, cuando llevaba los papeles a su mujer para que firmara vio que en el contrato ponía “preferencial”. No sabía qué significaba y volvió a la oficina a preguntar si podría retirar el dinero cuando quisiera. Recuerda que los oficinistas se rieron de él y le dijeron que no debía preocuparse por nada. Al principio le ofrecieron cerca de un 3,5% de interés, pero los últimos años fue solo del 1,8%. Hasta 2011 no tuvo problemas para retirar su dinero, pero todo cambió a finales de ese año: los 30.000 euros que le quedaban fueron bloqueados.

Empezó entonces un periplo de reclamaciones que no fueron respondidas hasta marzo de 2012, cuando Caixa Laietana le conminó, si quería recuperar el dinero, a canjear las preferentes por acciones de Bankia. “Me dijeron que si no lo hacía, lo perdería todo”, recuerda. Aceptó. Ahora se arrepiente y explica que se sintió “forzado a tener acciones”. Según cuenta, la caja le aseguró que recuperaría el 75% del importe en poco tiempo, aunque tendría que esperar más de un año para el 25% restante. Parecía que poco a poco podría disponer del dinero, pero no fue así. Las acciones han ido perdiendo valor desde que salieron a Bolsa hasta valer solo un céntimo. Además, la condición de “accionista obligado”, como él lo define, no le permite acogerse a un arbitraje para recuperar ni tan solo una parte del dinero.

José Luis Serna también se siente impotente. Él y su mujer están en el paro. Tienen tres hijas en edad escolar y viven en casa de sus suegros. Todos sus ahorros acumulados gracias a jornadas de trabajo de más de 12 horas están atrapados en Caixa Laietana.

Cree que cuando le vendieron estos productos, a finales de 2010, los banqueros ya sabían que “era una estafa”, pero “les daba igual porque querían cobrar comisiones”. Como a la mayoría de afectados, le dijeron que no tendría ningún problema para recuperar el dinero cuando le apeteciera. El desconocimiento del producto era tal que cuando un familiar le explicó los riesgos de las preferentes y le preguntó si él tenía, Serna respondió que no. No fue hasta unos días más tarde cuando se enteró de que su dinero estaba bloqueado. “No me lo podía creer”, recuerda ahora. Desde ese momento él y su mujer han pasado muchas noches sin dormir, tomando medicación para la depresión y el estrés. Fuera de las participaciones solo disponían de 2.500 euros, así que durante este tiempo han vivido de trabajos temporales y del paro. Ahora reciben 428 euros de subsidio y sus familiares les ayudan.

En marzo de 2012 Caixa Laietana le ofreció, como a todos los afectados, canjear participaciones por acciones. El movimiento no estaba claro, por lo que consultó con un abogado quien le recomendó que aceptara el cambio pero con un documento firmado en el que explicara que lo hacía en contra de su voluntad. Ahora lucha para poder ser tratado como afectado por las preferentes y no accionista y recuperar así su dinero. Se siente “triplemente engañado”: primero por la venta de las preferentes, luego por el canje obligatorio en acciones y ahora por no poder acogerse al arbitraje.