Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La CAM era “débil” porque vinculó la inversión a la burbuja inmobiliaria

"Las inversiones no han sido correctas”, dice el exdirector de bienes inmobiliarios

Javier García del Río (centro), exdirector de inmobiliario de la CAM, en la comisión de las Cortes.
Javier García del Río (centro), exdirector de inmobiliario de la CAM, en la comisión de las Cortes.

Buscar una “rentabilidad adicional” a la del crédito al sector inmobiliario. Esa ambición de Caja del Mediterráneo (CAM), plasmada en su participación en promociones y proyectos, se canalizó a través de Tenedora de Inversiones y Participaciones (TIP), que era “un negocio débil" porque “no estaba preparado para cuando las cosas fueran mal”, según Javier García del Río, exdirector de inmobiliario de la CAM y hoy director de negocio inmobiliario del Sabadell-CAM. “Es evidente que las inversiones no han sido correctas", indicó el directivo, que aludió a las auditorías efectuadas para señalar "cierta mala praxis". “Cuando uno está peor que la media es que algo ha pasado”, declaró. “Si los créditos que se dieron se hubieran pagado y el sector inmobiliario hubiera estado creciendo al mismo ritmo que en los años anteriores a la ruptura de la burbuja, probablemente el resultado no hubiera sido el actual".

García del Río se incorporó en junio 2010 a la CAM, reclamado por la entonces directora general, María Dolores Amorós, y el director general adjunto para proyectos inmobiliarios, Daniel Gil Mallebrera. Su función era la venta de activos inmobiliarios de la CAM procedentes de las adjudicaciones como consecuencia de la crisis. Ayer compareció en la comisión de investigación sobre la caja en las Cortes Valencianas.

Había un “déficit de gestión y de control del inventario” de los activos adjudicados, empezó por señalar García del Río, que colaboró con el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) cuando fue intervenida la caja, en julio de 2011, y pasó después al banco que compró la entidad. Lluís Torró, de Esquerra Unida, quiso saber cómo podían llevarse a cabo operaciones “para poner dinero directamente en el bolsillo de ciertos empresarios”, entre los que citó a Ros Casares, Enrique Ortiz, Nyesa o Polaris World. Mireia Mollà, de Compromís, le preguntó hasta qué punto estaba informado del alcance de las operaciones, y Ángel Luna, del PSPV-PSOE, incidió, entre otros, en el caso de Valfensal, la sociedad opaca que, según la denuncia del FROB, Gil Mallebrera y el exdirector general de la CAM Roberto López Abad usaron para saquear la caja.

No es “normal” que el director general sea “gestor funcional” de clientes

En referencia precisamente a Valfensal y otras participadas, García del Río señaló que su equipo trabajó desde TIP "con una carencia de información que no es normal". Una información que solicitaron a los socios mayoritarios de unas empresas en las que a menudo la CAM era minoritaria. El encargado de minimizar las pérdidas de la caja mediante la venta de los bienes inmobiliarios con los que se veía obligada a quedarse (315 viviendas de Polaris World en 2009, le recordó Luna) también consideró que no es normal que el director general sea “el gestor funcional” de los clientes. Sí que es normal, vino a decir, que la dirección general ponga atención en algunos clientes, pero no que los gestione directamente.

La afirmación tiene enjundia dado que López Abad y Gil Mallebrera, que están imputados, llevaban personalmente los créditos de la CAM a Valfensal, con cuyos responsables, Vicente Ferri y José Salvador Baldó, tenían una "notable proximidad personal". La CAM se vio envuelta con esa empresa en cinco negocios de hoteles y terrenos en México y República Dominicana que acarrearon pérdidas de decenas de millones .

Aunque el diputado del PP Vicente Betoret le preguntó si el peso de la deuda de la Generalitat fue determinante en la caída de la CAM, García del Río dijo que no era de su competencia. Sí que reconoció a los diputados de la oposición que se pidió a los directivos de la CAM, en diciembre de 2010, que buscasen la manera de "mejorar el resultado contable", pero negó que se tratase de “maquillar” las cuentas y atribuyó toda la responsabilidad contable a la dirección general de planificación y control, que a su vez dependía de la dirección general.