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Para ser más feliz

René Jacobs obtiene un resultado artístico que tiene algo de hipnótico y que encumbra a Händel

En cierta ocasión me preguntaron qué compositores a lo largo de la historia situaría en un hipotético apartado de “músicas para ser más feliz”. A bote pronto me decanté por Haydn y Rossini. Hoy añadiría Händel. Bien es verdad que acabo de escuchar uno de sus oratorios juveniles —tenía 22 años cuando se estrenó Il trionfo del Tempo…, los mismos que Van Dyck cuando pintó los maravillosos retratos de la última sala de su exposición actual en el Prado—, y eso marca. Además dirigía René Jacobs, un maestro que se mantiene fiel a la tetralogía Monteverdi-Cavalli-Händel-Mozart, lo que garantiza una coherencia interpretativa de gran fidelidad a las raíces.

Freiburger Barockorchester

Director: René Jacobs. G. F. Händel: Il trionfo del Tempo e del Disinganno. Con S. Im, J. Lezhneva, C. Dumaux y J. Ovenden. Ciclo Universo Barroco. CNDM. Auditorio Nacional, 10 de febrero

Los gestos de Jacobs son sobrios, los resultados artísticos tienen algo de hipnóticos. Con una melodía, unos diálogos instrumentales y una orquestación tan llenas de riqueza como las que Händel desarrolla, no hay más que dejarse llevar. La alegoría entre la Belleza, el Placer, el Tiempo y el Desengaño es una excusa como cualquier otra para abandonarse al gozo musical. La Orquesta Barroca de Friburgo responde a los matices más insospechados, y de qué manera. Su flexibilidad va unida a la precisión y a la fantasía.

En el terreno vocal el nivel de integración depende de las exigencias de cada cual. La soprano Sunhae Im se redimió, gracias a su sensibilidad en el aria final, de muchas insuficiencias anteriores. La mezzosoprano rusa de 23 años Julia Lezhneva demostró por color y volumen por qué está ahora en la cresta de la ola, aunque se adornó en exceso, a mi modo de ver, en el aria Lascia la spina. Jeremy Ovenden y Christophe Dumaux se mantuvieron en todo momento a un nivel aceptable.

Podría haber sido un elenco más expresivo, pero su actuación colectiva dejó cautivado, en líneas generales, al respetable. Y si fue así, ¿para qué darle más vueltas? Händel nos regaló un trocito de felicidad y eso es lo que importa. (En las horas previas a este concierto se nos fue Eugenio Trias, filósofo de la música, y gran amante de la Belleza y el Placer. El Tiempo y el Desengaño han cosechado otro triunfo).

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