Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La alternativa al colegio

Cerca de medio millar de familias ya enseñan a sus hijos en casa en Cataluña

Expertos reclaman un debate que aclare la situación

Lluís Vives y su familia en la clase de circo de su hija pequeña en el Ateneu de Nou Barris.
Lluís Vives y su familia en la clase de circo de su hija pequeña en el Ateneu de Nou Barris.

En Cataluña, cerca de medio millar de familias ya enseñan a sus hijos en casa. Bailando en medio del vacío legal que deja la legislación vigente, la Coordinadora catalana Educar en familia calcula que el número de niños que practican homeschooling —educación en casa— ha ido creciendo en torno al 15% en los últimos años. La entidad, nacida en 2007 en el seno de su homóloga estatal, la Asociación por la Libre Educación (ALE), ha aumentado el número de afiliados un 30% desde 2010. Son unas 80 familias asociadas.

Por motivos pedagógicos

Él es profesor de secundaria; ella, maestra de infantil; y sus hijos: homeschoolers. Lluis Vives se gana el pan en un colegio pero ha educado a sus tres vástagos ajenos a ella: “Ha sido una decisión tomada como un proyecto de vida. Es una opción diferente, pero no contraria a la escuela”. Vives y su pareja escolarizaron a los dos mayores durante la educación primaria, hasta que tuvieron 12 y ocho años. Les plantearon educarlos en casa y accedieron: “Les dijimos que si querían volver a la escuela, solo tenían que decirlo”. Cuando cumplió los 16, el hijo mayor decidió hacer un ciclo y, más tarde, el bachillerato de artes escénicas. Ahora, con 19 años, ha comenzado la universidad y su hermana, con 15, está “planteándose si continuar el bachillerato en casa”. El profesor tira por tierra los mitos sobre la educación en casa y asegura que, en España, las familias deciden adoptar esta práctica “mayoritariamente por motivos pedagógicos”.

El colegio, en casa; y los padres, los maestros. Cada niño aprende a su propio ritmo. “Hay más gente que practica la educación en casa y no están inscritos con nosotros ni en la ALE por miedo a los problemas legales. No hay datos oficiales, pero contamos más de 450 familias en Cataluña”, apunta la portavoz de la asociación catalana, Silvia Ocaña. Para evitar que confundan el homeschooling con el absentismo, la Coordinadora ha solicitado la creación de un censo de familias, “para que la educación en familia sea un sistema tan legal como la escolarización tradicional”, añade Ocaña.

Mientras la Ley Orgánica de Educación (LOE) obliga a escolarizar a los niños a partir de los seis años, la Ley de Educación de Cataluña (LEC) de 2009 reconoce la enseñanza obligatoria no presencial e insta a crear un registro en el que consten los alumnos que se acogen a esta modalidad. Sin embargo, el departamento de Educación de la Generalitat asegura que no posee ningún documento con el número de familias que educan en casa y alega el incumplimiento de ese punto de la LEC a que la educación en casa “se trata de una práctica no recogida en la ley porque hay una sentencia del Tribunal Constitucional de 2011 que obliga a escolarizar a los niños y crea jurisprudencia, por encima de la LEC, porque es más reciente”. El fallo del Constitucional al que se refieren desde Educación denegaba el amparo legislativo que solicitaban unos padres malagueños para poder educar a sus hijos en casa pero, a su vez, dejaba una puerta abierta para que “otras opciones legislativas incorporen una cierta flexibilidad al sistema educativo”. La Constitución recoge la educación obligatoria, pero no la escolarización.

El homeschooling basa su filosofía en dejar que sean los niños quienes marquen los tiempos de aprendizaje, según sus intereses y apetencias. Los padres supervisan su instrucción didáctica y les proporcionan los recursos necesarios para poner en práctica los ejercicios. “Nos levantamos con el padre cuando se va a trabajar, desayunamos juntos y las nueve nos ponemos al trabajo, que puede ser desde leer un libro, hasta a hacer manualidades…”, explica Marleen Vandewiele, madre de dos niños de 14 y 11 años.

La capacidad de socialización de los niños o la correcta preparación pedagógica de los progenitores son algunos de los argumentos que usan los detractores para poner en duda el sistema: “Con la educación en casa se pierde la parte de sociabilidad que tiene la escuela”, subraya María Vinuesa, de la Asociación de Profesores Rosa Sensat. Por su parte, los padres alegan que los encuentros con otras familias y las actividades extraescolares de sus hijos sirven para suplir la ausencia de niños en otros momentos.

Lluis Vives, con tres hijos homeschoolers, reconoce que a veces “hay que reciclarse y volver a estudiar cosas olvidadas” pero recalca que su función es acompañar a los niños en el aprendizaje, no ser sus profesores: “A mis hijos les empezó a interesar el mundo de los pájaros y mi mujer y yo tuvimos que apuntarnos a un curso de ornitología para seguirlos”.

“No estamos en contra del colegio, simplemente buscamos pedagogías alternativas porque creemos, por ejemplo, que los colegios superpoblados y la falta de atención individualizada son algunos de los grandes fallos del sistema”, manifiesta la portavoz de Educar en Familia. Agrupaciones de maestros como Rosa Sensat se muestran reacias a aceptar la legalización de la educación en familia, aunque entienden la necesidad de un debate que aclare la situación: “Hace falta un diálogo profundo entre todos antes de decir sí o no a la legalización, pero si existe un movimiento cada vez mayor, deberíamos sentarnos y hacer una reflexión conjunta”, manifiesta Vinuesa.