Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Terror en el Museo de Cera

El centro barcelonés acoge por las noches el rodaje del filme de horror ‘Wax’. El ambiente es inquietante

Una escena del rodaje nocturno de Wax en el Museo de Cera de la Rambla.
Una escena del rodaje nocturno de Wax en el Museo de Cera de la Rambla.

“Cada noche han ido pasando cosas”, musita la directora del Museo de Cera. “Se va la luz, se oyen pasos o golpes”. Lo que faltaba, poltergeist en la Rambla. La atmósfera en el museo es espectral. Estamos casi a oscuras, en silencio rodeados de figuras —unas se mueven y otras no— y Carmina Vall Petipierre (no me resisto a dar su segundo apellido que parece sacado de un reparto de película de la Hammer tipo La mansión poseída) hace la situación más desazonadora al sostener en una mano como si tal cosa, mientras conversamos, un dedo de cera; incluso me señala con él. El miembro amputado es de una de las estatuas y se ha roto quizá durante el ajetreo de estas singulares veladas en el museo, en el que se rueda, desde hace una semana, la película española de horror Wax, del cineasta Víctor Matellano.

“La cera tiene eso, que se parece mucho a la piel humana, su transparencia; de ahí su encanto”. La directora acaba dejando el dedo con cariño junto a su cerúleo propietario que en la penumbra muestra un rictus agónico, como si se lo hubiera pillado con la puerta, vamos. “Es la primera película que se rueda aquí. Tuvimos otra, pero solo emplearon el exterior. Estamos encantados de la vida: el género de terror encaja muy bien aquí”.

Vall parece disfrutar de lo lindo. “Los propios actores nos han dicho que sienten como si las figuras los observaran. Es normal, incluso algunos vigilantes han tenido malas experiencias, sustos, durante las rondas nocturnas”. Me acerco más a ella. Me sobresalta un grito. “¡Silencio! ¡Motor! Y... ¡accción!”. La escena transcurre muy pertinentemente junto a la figura de Hitchcok. Seguimos conversando en susurros. ¿Qué figuras son las peores? “La de Chessman en la cámara de gas de San Quintín. Las que tienen lo suyo, como Frankenstein, Drácula o el Emparedado [lo han adivinado: no es un sándwich]. Imponen. Son inquietantes”. Asiento mirando alrededor. “Tendrías que dar una vuelta con las luces de emergencia, las sombras, las miradas, impresiona mucho”.

Mientras esperamos a que acabe la escena, en la que el actor Jack Taylor avanza con un hacha al estilo de otro Jack (el Torrance de El resplandor), la directora del museo trata de entretenerme explicando anécdotas. “Hace unos años un visitante, como tú, se quedó encerrado; el vigilante oyó ruidos y encontró varias figuras decapitadas. Era un drogata holandés que había cogido la espada de Jaume I y ¡chas!, iba cortando cabezas. En otra ocasión, un guardia se dio cuenta de que un visitante se llevaba una pierna: le sobresalía por debajo de la gabardina. Se la había arrancado a la figura de Charles Manson, era un fan. Hay gente así, todos tenemos nuestros favoritos, también hay quien se pone de rodillas delante de la figura de Juan XXIII y le reza. A mí me gusta Boccaccio”.

Las figuras reciben cuidados. Cada tres meses, se envía su ropa a la tintorería y se les lava el pelo, especialmente al hombre lobo.

Matellano ha acabado de rodar la escena y tomamos asiento en unas sillas de tijera. “Rodar aquí es una experiencia maravillosa. Soy un fan de los museos de cera, por esa cosa naif y retro. Y desde luego por el punto cinematográfico”. El cineasta señala que su película tiene parte de homenaje precisamente a una de las grandes películas de género, House of wax (1953) —aquí Terror en el museo de cera—, con Vincent Price como el chiflado escultor y Charles Bronson (!) en el papel de Igor, el aprendiz sordomudo. “Los museos de cera tienen que ver con el horror desde el principio”, continúa el cinesta. “Madame Tussauds modeló los rostros de guillotinados como Robespierre”. Le pregunto cuál es su museo de cera favorito ya que estamos. “Pues fíjate, el Grevin de París, de 1882”. Matellano destaca que el de Barcelona se debe a Enrique Alarcón (1917-1995), el gran decorador de cine manchego. “Por eso estar aquí es como estar en un decorado de cine”. Utilizan todo el museo, incluidos la sala del horror y los lavabos. La película se estrenará en 2013.

El cineasta advierte que otras películas sobre museos de cera se han filmado en realidad en estudios y que las figuras eran actores, porque la combinación de esculturas de cera y focos suele ser desafortunada. Wax, explica, es la historia de un hombre joven, periodista (!), que pasa la noche grabando en un museo de cera a propuesta de una mujer (Geraldine Chaplin). Se tiene que fijar especialmente en la figura del doctor Knox, un cirujano célebre por haber experimentado con el dolor ajeno, además de producir Snuff movies. Al final el museo no se quema y las figuras no se derriten, así que el único desperfecto parece que va a ser el dedo. Matellano define su filme como de “suspense y horror” y apunta que en él hay un uso de la cámara subjetiva a lo El proyecto de la bruja de Blair.

Mañana, en un cambio radical de decorado, rodarán en el Circo Ralluy.

Le pregunto por las cosas raras. “No sabemos qué es, quizá inhibidores de frecuencia, el caso es que se nos van los inalámbricos, tenemos malfuncionamientos de cámara, y se oyen ruidos y murmullos. Sí, a qué negarlo, hay sustos a todas horas”.