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CRÍTICA / JAZZ

Naturalidad y cercanía

La actriz Irène Jacob no entrará en los altares de la canción pero su propuesta musical deja un magnífico sabor de boca

Irène Jacob, durante su actuación en la sala Luz de Gas de Barcelona.
Irène Jacob, durante su actuación en la sala Luz de Gas de Barcelona.

 Desde que el cine existe muchas han sido las actrices y actores que han decidido probar fortuna en el mundo de la canción con desigual resultado. A la inversa también y ha sido más lamentable, pero esa sería ya otra historia. En los últimos tiempos, desde la pantalla nos han llegado algunas alegrías (Jeff Bridges, por ejemplo) y bastantes decepciones. Irène Jacob se sitúa entre ambos extremos: no entrará (como mínimo por ahora) en los altares de la canción pero su propuesta atrae y deja un magnífico sabor de boca.

Irène Jacob es una actriz suiza-parisiense medianamente popular entre nosotros gracias a un par de películas de Krzysztof Kieslowski (La doble vida de Verónica y Rojo) pero una verdadera estrella más allá de los Pirineos con una importante filmografía que por aquí no se ha estrenado. Con ese palmarés podría aparecer en el escenario como toda una diva pero Jacob opta por todo lo contrario y ahí están sus grandes bazas: naturalidad y cercanía.

IRÈNE JACOB

FESTIVAL DE JAZZ

Irène Jacob

Sala Luz de Gas

Barcelona

10 de noviembre

Sobre el escenario, Irène Jacob tiene chispa. No posee una gran voz pero sabe jugar con ella, se mete en cada personaje como si todo lo que canta fuera autobiográfico, interpreta con desparpajo y hace creíble hasta una fábula de La Fontaine. Descalza, con una camiseta blanca estampada y esa media sonrisa de complicidad, Jacob fue desplegando, sin ínfulas ni aparentemente grandes pretensiones, un repertorio cercano a la buena chanson de toda la vida con toques jazzísticos perfectamente colocados y temas cotidianos que su público puede hacer suyos sin esfuerzo.

Otro mérito importante de Jacob fue el esfuerzo de la cantante de presentar y explicar todas sus canciones en catalán aunque no domina el idioma.Todos los temas de la velada estaban escritos por la propia Jacob y su hermano Francis, que también le acompañó a la guitarra al frente de un pequeño grupo colorista en el que destacó un percusionista peruano trasmutado por momentos en bailarín de claqué.

Al final todos salimos de Luz de Gas con una sonrisa en la boca.