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El BNG cede cinco escaños y queda como cuarta fuerza política en el Parlamento

“En la vida real, Goliath casi siempre vence a David”, esgrime Jorquera

Guillerme Vázquez y Francisco Jorquera, ayer en la sede del Bloque en Santiago.
Guillerme Vázquez y Francisco Jorquera, ayer en la sede del Bloque en Santiago.

Tampoco esta vez el BNG ha conseguido detener la hemorragia de votos que sufre desde 2001. Es más, la herida se ha agrandado hasta dejar escapar otros 130.000 sufragios y quedarse en 140.000. Con un factor que añade dramatismo: la coalición de su histórico líder Xosé Manuel Beiras, desde febrero fuera de la organización, con Esquerda Unida asalta la tercera posición en el arco parlamentario y relega a los nacionalistas a cuarta fuerza. Con siete asientos, por nueve de la Alternativa Galega de Esquerda (AGE), el Bloque retrocede prácticamente a los niveles de 1989, cuando solo consiguió colocar a cinco parlamentarios en O Hórreo. Pero entonces era una fuerza en ascenso. Ahora no parece que ese sea el escenario.

 En una comparecencia en la que no admitió preguntas, el candidato Francisco Jorquera identificó con claridad a, en su versión, los culpables de la debacle. “El PP en Galicia tiene un poder casi omnímodo”, afirmó, “y uno de los objetivos de ese poder fue atacar al BNG”. Para ello, según el relato de urgencia del Bloque, esas instancias “promocionaron a la otra opción que emergió en estos comicios para facilitar que la derecha repitiese”. La referencia a Beiras fue explícita: “Los mejores resultados de Beiras siempre han coincidido con los mejores resultados del PP, con Fraga [entonces era candidato del BNG] y con Feijóo”. Asumió que la “fractura”, de su formación con AGE y CxG les hizo sufrir “grandes costes”. El apartado reservado a la autocrítica no resultó muy amplio. “En la vida real, Goliath casi siempre vence a David”, arguyó, antes de poner su cargo a disposición de la organización, “es evidente que no conseguimos conectar con muchos ciudadanos descontentos”. La campaña electoral del BNG había transcurrido sin demasiadas estridencias. Con un discurso girado hacia la cuestión nacional, el Bloque hizo suya la antorcha de la Diada catalana e incluso llegó a exigir un “concierto fiscal para Galicia”. También se apuntó a la “insumisión ante los recortes” y a la crítica, más o menos tibia, de la experiencia bipartita.

El CIS les auguraba una ligera mejoría pero la irrupción de Beiras, a quien el Bloque y su órbita no ahorró ataques, desbarató su retórica contra la “política de asfixia de lo público”. Beiras se alzó en representante de la indignación y la joven generación desahuciada. A su red fueron a dar, probablemente, buena parte de los sufragios que los nacionalistas perdieron.