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Daños colaterales y estadísticas

'Tentativa' es una instalación animada donde la danza es un pretexto sobre lo que se teoriza

Una vez separadas las piezas, como en un ejercicio de taxidermia, no tenemos un espectáculo de danza. Una vez unidas y rellenadas de estadísticas, tenemos una instalación animada donde la danza es un daño colateral, un pretexto, algo sobre lo que se teoriza y se especula.

 Este boceto de pretensión estructuralista, reforzándose a sí mismo en una estética minimalista que se vuelve pobre paso a paso, quiere alertar sobre un problema (o muchos), o simplemente plantear el drama de alguien que sueña con hacer algo que no sabe, no domina o no entiende profesionalmente.

Tentativa

Creación e interpretación: Sandra Gómez; colaboración: Vicente Arlandis; iluminación: Hipólito Patón. Compañía Losquequedan. Teatro Pradillo. Hasta el 23 de septiembre.

Una grabación hace las veces de salmodia o letanía, nombres la mayoría actuales y reconocibles, de la danza española contemporánea y otros del entorno europeo; también se citan las películas musicales. No viene a cuento. No hay justificación. Las estadísticas pueden ser crueles, pero son lo que hay y lo que son y a veces en esta obra peculiar son pasmosas. Un ejemplo de lo que se proyecta en la pantalla: Porcentaje de las horas bailadas con profesores según su tendencia sexual; 66% heterosexuales, 33% homosexuales, 1% sin tendencia sexual definida. Otra perla: los por cientos de cuando baila ebria o sobria, desnuda o vestida. La provocación es infantil. El dicho “que me quiten lo bailao” se oye por el altavoz, en este caso, la ufanía es por los números y los cómputos, por el cual también sabemos que la artista hizo más kinomichi que ballet. Se nota y mucho.

En esta especie de instalación, que no espectáculo, cabe la pregunta: ¿esto de qué va? Y resulta obligada, y la respuesta llega sola, es impertinente a propósito, y consigue que 10 espectadores estén entre absortos y abstraídos en ese continuo exploratorio de un deseo, algo que quiere hacer y no sabe cómo; parece que en la intención está que el baile sea masacrado, que quede fuera de cualquier cauce o circunscripción técnica y estilística. Es una agresiva demostración de no-danza sostenida por la hilatura teórica, por la idea obsesiva de medirse con los resultados y las tablas. La sensación final es de vacío y de cierta indefensión. El sonido de ciertas canciones actuales hace un fondo patético y lejano de contemporaneidad a la que se aspira en medio del desconcierto.

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