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El círculo más íntimo

Aguirre confió sus intenciones de dimitir a González, a su jefe de gabinete y a la directora general de Medios tras meditarlo con su familia en las vacaciones

Regino García-Badell, Esperanza Aguirre e Isabel Gallego. Ampliar foto
Regino García-Badell, Esperanza Aguirre e Isabel Gallego.

“¡Qué sorpresa, si al final no ha habido filtraciones ni nada!”. Esperanza Aguirre abandonó la sala donde el Gobierno regional celebra habitualmente sus comparecencias bañada en lágrimas pero cruzando también alguna que otra sonrisa, como si fuera una niña traviesa, con la directora general de Medios. Isabel Gallego, a la que algunos de los socialistas madrileños de más peso definen, en una mezcla de admiración e irritación, como “la tercera persona con más poder de la Comunidad”, solo por detrás de Aguirre —hasta el lunes— y de González, se había salido con la suya. El plan había funcionado. La lideresa, su lideresa, se había despedido llevando una vez más la iniciativa. “Ha dimitido cuando ha querido y como ha querido”, resumían con orgullo en el Ejecutivo.

Un Ejecutivo compuesto por docenas de cargos de fidelidad contrastada que no fueron avisados de las intenciones de Aguirre. “Entonces quizás no hubiera sido una sorpresa, a alguien se le podría haber escapado... O directamente lo habría filtrado”, estiman en el Gobierno regional.

Un grupo selecto y diminuto, formado por tres personas aparte de la propia Aguirre, gestionó la despedida: el jefe de gabinete de Aguirre, Regino García-Badell, con el que compartió destino desde sus tiempos como ministra de Educación; González, su delfín; y Gallego, la directora de Medios de la mandataria desde 2003 (González la recomendó tras coincidir con ella, durante su etapa de plumilla en Abc, como secretario de Estado-delegado del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración). Nadie más lo sabía. Ni siquiera los otros cuatro consejeros y tres consejeras del Ejecutivo. Todos, cuando recibieron el aviso pasadas las 13.00, con menos de una hora sobre la hora H —los medios fueron convocados a la Casa de Correos de Sol a las 13.08 a través de SMS y correos electrónicos—, pensaron que tocaba cambio de Gobierno. Pero no de tales proporciones. A lo más, daban por hecho que caería un consejero. La jugada le salió tan redonda a Aguirre que Ana Isabel Mariño, responsable de Medio Ambiente, y Javier Fernández-Lasquetty, de Sanidad, llegaron a la sede del Gobierno cuando la dirigente ya había concluido su intervención.

Fue el acto final a casi 30 años en política y nueve años como presidenta de los madrileños. Aguirre había amagado con dejarlo antes de las elecciones autonómicas y municipales de 2011, pero al final se presentó y, pese a los efectos de la crisis, dobló en votos y escaños al PSM. Hasta que el par de semanas de vacaciones que se tomó en agosto con su familia la animó de una vez por todas a marcharse. “He cruzado el Rubicón, y no hay vuelta atrás”.

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