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González sopesa mantener a Figar de consejera y enlace con Génova

El presidente de la Comunidad ‘in pectore’ diseña la composición de su equipo con la intención de “no pisar callos” en la dirección nacional del PP

Ignacio González ha pasado 25 años a la vera de uno de los mayores animales políticos del panorama nacional reciente. Durante más de dos décadas, Esperanza Aguirre fue su mentora. En un largo peregrinaje, haciendo en muchas ocasiones del poli malo de la expresidenta de la Comunidad, González absorbió y compartió sus principios neoliberales. Encargándose de los asuntos internos del Gobierno y de las tareas más ingratas. Manteniéndose siempre a su lado. Unas veces a la sombra y, ya desde 2003, desde la primera legislatura de Aguirre a los mandos de Madrid, acaparando la atención de los focos que dejaba libres la lideresa en su posición como portavoz del Ejecutivo autonómico. Pero pese a su relación tan estrecha, a los vínculos afectivos e ideológicos, Aguirre nunca tuvo a González en sus brazos. A Lucía Figar, sí.

Amiga de la familia —la consejera de Educación y Empleo es hija del constructor Arturo Figar Velasco, accionista mayoritario de Obras Subterráneas S. A, y nieta por parte materna de Gonzalo de Lacalle Leloup, abogado del Estado—, Aguirre la vio dar sus primeros pasos. Quemar etapas, de la niñez a la adolescencia. Ingresar, con apenas 23 años, en el equipo del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar —el único líder del PP al que Aguirre respetaba sin tapujos: “Solo Aznar me impone y da miedo”, dijo—, como asesora en el Departamento de Asuntos Institucionales de su Gabinete. Haciendo piña con Alejandro Agag, el marido de Ana Aznar Botella. Llamando la atención por su trayectoria: Figar accedió en 2003, con solo 28 años, a la Secretaría General de Asuntos Sociales en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Dos años más tarde, Aguirre, que ya le tenía echado el ojo, la fichó en 2005 para la arena de la política madrileña como responsable de la Agencia para la Inmigración de la Comunidad, recién creada y con rango de consejería. De acuerdo con los golpes de efecto con los que sorprendía al personal y provocaba el enfado de la oposición, Aguirre reveló el nombramiento de Figar durante el debate del estado de la región. Tras esconder a la joven promesa en un despacho, lejos de las miradas indiscretas.

Dos legislaturas y media después Figar, una de las preferidas de la ya expresidenta, se terminó convirtiendo en una rival muy a tener en cuenta para González, sin padrinos de tanto peso en la cúspide de Génova. En el mismísimo sancta santórum del Partido Popular. Consciente de los hilos que maneja Figar —descubierta en su día para la política por Eduardo Zaplana, exministro de Aznar, y casada con Carlos Aragonés, reconocido fontanero aznarista—, el presidente en funciones de la Comunidad ya anda configurando los integrantes de su futuro Gobierno buscando la manera de no provocar más recelos en su partido. “En definitiva, no pisar callos”, exponen en el PP. Mantener a Figar como consejera contribuiría a una transición sin más turbulencias de las ya existentes. La estrella que pareció que iba a convertirse finalmente en la elegida perdió gran parte de sus opciones el año pasado. Por estas fechas. Su gestión de las protestas que hace un año sacaron a miles de profesores en lo que se dio a conocer como la marea verde le pasó factura. La no renovación de más de 3.000 profesores interinos debido al aumento del horario lectivo del resto del profesorado de secundaria en dos horas —según Figar permitiría ahorrar 80 millones de euros— fue el origen de una bronca que al Ejecutivo se le fue de las manos.

El que cada vez gana más enteros para ascender en el Gobierno de Madrid es Salvador Victoria. El consejero de Asuntos Sociales guarda una relación excelente con González. Por algo fue su viceconsejero en la cartera de Vicepresidencia —y secretario del Consejo de Gobierno—, hasta que en 2011 fue premiado con una consejería. “Lo más lógico y razonable es que quien mejor conoce en un momento tan difícil la Comunidad asuma las riendas”, dijo, en un claro alegato a favor de González, por la mañana en la cadena Ser. La recompensa a su fidelidad podría ser la cartera de Presidencia y Justicia... O sustituir a González como vicepresidente. Y ser formalmente el número dos del delfín que aspira a ser el rey de Madrid.

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